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48
El 48 no es un número como otro cualquiera.
Sobre todo hoy.
A pesar de este número, en el espejo no he visto ninguna arruga nueva esta mañana.
¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡En fin...!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
ATASCOS
Cuando uno se acostumbra a vivir en provincias, cada vez cuesta más hacerlo en las grandes ciudades.
Atascos, atascos, atascos.
Museos, museos, museos a los que llegas tarde porque el atasco es monumental, o porque calculas mal el tiempo que tardas en llegar.
O porque llueve y todo el mundo coge el coche.
Porque también llueve en las grandes ciudades. Estos días llueve en todos los sitios en los que estoy.
O en casi todos.
Menos mal que alguien inventó los paraguas. Alguien de nombre desconocido y que debería tener una estatua en cada cruce, en cada plaza de las grandes y de las pequeñas ciudades.
TRENES III
Algunos días se pierde el tren. Yo no he perdido muchos a lo largo de mi vida viajera, dos o tres, a lo sumo.
Hoy he perdido uno.
La culpa no ha sido ni de la lluvia ni del atasco.
Había lluvia y atasco.
Pero la culpa ha sido mía, y solo mía. Mi memoria había guardado una hora, un número, pero el tren salía dos horas antes.
La memoria, a veces, guarda las cosas según le apetece. Le rigen unas normas desordenadas, imprevisibles, misteriosas.
La memoria es la leche, ¡vaya!
Por eso hoy he perdido un tren.
Solo uno.
TRENES IV
Algunos tienes se pierden, y otros explotaron un 11 de marzo.
Vi aquellos trenes el 12 de marzo.
El agujero, la nada, la muerte.
Cada vez que paso junto a ese espacio lleno de huecos se encoge algo dentro de mis tripas.
Porque hay cosas que se sienten en cada espacio del cuerpo.
Hasta en las tripas.
Aunque sean espacios huecos.
Tal vez por eso mismo.
EL MUNDO
Miguel Delibes ha muerto.
La tierra tiembla.
A Joan Manuel Serrat le han extirpado un nuevo pólipo, lo han operado de urgencia.
El mar se levanta y se estremece.
A Plácido Domingo también lo han operado de un cáncer.
El mundo se tambalea.
Y duele.
FAROS
Me gustan los faros.
La mayoría son blancos. O rojos. O blancos y rojos.
Algunos son de piedra.
Y otros son amarillos.
También me gustan los paraguas: me acaban de regalar uno. No es amarillo, pero casi.
En mi próxima novela hay un paraguas amarillo y paseos por los acantilados.
Hay paisajes que se entremezclan en la memoria.
Hay paisajes que mezclan la realidad y la ficción. El pasado y el presente. Lo soñado y lo vivido.
Los paraguas, los faros, los acantilados, las ciudades de piedra, el sol, la nieve, la lluvia.
Los encuentros posibles, los encuentros imposibles. Más nieve. Más lluvia.
Las sonrisas que fueron y las que no fueron.
El parpadeo de todas las miradas.
La luz del faro.
BAILAR
FELICIDADES a todos los de nombre José, Pepe, Pepa, María José, Josefina, Fina... Y FELICIDADES a todos los padres.
Que paséis buen día. Hay días en que las campanadas de la medianoche devuelven a las Cenicientas a los fogones.
Está bien, muy bien estar en el baile. Bailar con el príncipe, viajar en la carroza...
Está muy bien cuando toca.
Lo importante es estar bien también cuando tocan otras cosas. Por ejemplo, volver a los fogones.
Y es que en los fogones también resuenan los ecos del baile.
Porque el baile siempre permanece dentro de nosotros.
Si queremos.
CENICIENTAS
El cuento de Perrault. ¿Era de Perrault? ¿O era de Disney?
La ópera de Rossini.
El ballet...
La vida misma.
Cenicienta siempre vuelve a los fogones.
Después del baile.
Con o sin zapato.
O con botas.
Como el gato.



PRIMAVERA
Llegó a "El corte inglés".
Y también a Zaragoza.
No luce el sol resplandeciente pero casi.
Buena temperatura.
Árboles en flor: hasta pierden los pétalos con la brisa y siembran el suelo de colores.
Las aceras parecen que hayan vivido una cabalgata de carnaval.
En el fondo, la primavera es un coletazo del carnaval: todo se altera, el orden, las normas, hasta el cuerpo.
Incluso el alma se convulsiona.
Y las pituitarias: los estornudos, los picores de nariz, de paladar. Las alergias. ¡Horror!
Todo reverdecido.
RENATA
Renata es el nombre de la protagonista escondida de El bosque de los árboles muertos, mi nueva novela, que ha salido hoy en la colección "Espacio Abierto", de Anaya.
La portada de Manuel Estrada es espectacular, inquietante, esencial, magistral. Espléndida.
Esta novela obtuvo la Mención Especial del Jurado del VI Premio Anaya de Literatura Infantil y Juvenil.
Y yo estoy encantada con ella y con ello.




