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DOMINGO
Último domingo de vacaciones. Mañana, a trabajar.
Para celebrarlo, me paso parte de la tarde haciendo bollitos en la cocina: sin azúcar, pero con mermelada de naranja para compensar, una pizca de jengibre y otra de canela. Están ricos y no engordan.
Esta semana también hice mermelada de tomate: con azúcar y limón, según una vieja receta dentro de un regalo. Mi abuela hizo alguna vez la mermelada de tomate. Tiene un sabor tan diferente al de las demás confituras... Cuando era niña, y había en casa, me parecía una fiesta: algo normalmente salado, propio de la comida y de la cena, se convertía en algo dulce para el desayuno.
Ahora la casa huele a los bollitos - pastas, no se sabe muy bien si una cosa o la otra, y está a punto de anochecer.
Mañana empieza un nuevo curso: vuelta a ver las mismas caras del año pasado, algunas no estarán, otras serán nuevas. Me gustará reencontrarme con muchas de ellas, con la mayoría. Echaré de menos a compañeros de mis anteriores institutos, como siempre, a los de Alcalá, a los del "Miguel Servet", a "Marismas", al otrora "Politécnico"...
No a todos, eso no.
A todos no se les echa de menos. A algunos se les echa de más. Cuando pasan unas semanas de ausencia, ya tampoco casi nadie se acuerda de uno. Es algo muy dado en este trabajo nuestro: pasamos muchos y por muchos lugares, y se aprende a no extrañar. Pero no siempre.
Yo extrañaré a Mari Carmen, a Teresa, a Federico, a Nieves, a Juan, a Nuria, a María Luisa, a Regina, a María Luisa, a Rosa, a Silvino, a Paulino, a Eduardo, a Ana Isabel, a Juana, a Paz, a Carmen, a Matilde, a Marina, a Mari, a Carlos, a Javier, a Julio, a Gloria, a Cristina, a Charo, a Carlos, a Carmen, a Pilar, a María, a Christian.
Y a más.
Y a Concha, claro. Hoy entré en el portal de la casa donde vivió. Y donde murió. Ahora hay una tienda de antigüedades en el bajo. Ella vivía en el ático. Se me ha encogido el estómago al entrar. Me pasa siempre cuando paso bajo su ventana, lo hago muy pocas veces, evito esa calle. Pero hoy, junto a sus escaleras, me ha punzado algo dentro. No trabajamos nunca juntas. Compartimos residencia en Teruel, donde ambas vivíamos por trabajo. Concha era mi amiga, y se fue en abril de 1991. También era domingo. Guardo una foto suya en el cajón del escritorio, justo debajo de este ordenador. Está preciosa.
Afortunadamente, algunas personas no se olvidan nunca. Y se las sigue echando de menos, a pesar del paso del tiempo.
Afortunadamente.
POEMAS

Templo de capiteles corintios.
Atenas.
Belleza hecha piedra.
Vuelvo al trabajo y vuelvo a leer poesía en el autobús, mientras atravieso la ciudad.
Me aficioné el curso pasado: siempre había ido andando a mis diferentes institutos. Leer poesía antes de empezar a dar clase me sienta bien. Es como respirar, inundarse una de belleza para intentar transmitirla mejor.
Este año pregunté a mis alumnos rumanos por su poeta favorito. Todos citaron a Mihail Eminescu, nacido en 1850 y muerto en 1889.: "
Esta mañana he cruzado la ciudad dentro de sus palabras.
Esta tarde he buscado Dolor, del poeta checo Vladimir Holan, traducido por Clara Janés. Amarillean ya las hojas en la edición de Hiperión, de 1986, con un dibujo de William Blake en la portada:
"¿Cómo no ser" , te preguntas y hasta acabas por decirlo
en voz alta...
Pero el árbol y la piedra lo callan...
Esta tarde también he encontrado un bellísimo y nuevo poema en el blog de Néstor.
Os recomiendo un paseo por sus palabras.
COLECCIONES
Tras el verano, vuelve el afán coleccionista. Va una a comprar el periódico, y se encuentra la tienda llena de cartones, embalajes, carpetas..., todo lleno de productos supuestamente atractivos para ser consumidos, incluso en época de crisis, casi recesión: deuvedés de películas antiguas, modernas, óperas de tenores famosos, relojes, cedés flamencos o clásicos, muñecas con vestidos exóticos, abanicos reproductores de pinturas famosas, libros de tema variado...
Siempre me he preguntado la causa de este afán, o al menos de esta publicidad de ciertas editoriales: siempre después del verano, o cuando comienza el año. Algo ocurre en los comienzos: uno pretende acudir al gimnasio y no va, uno pretende hacer una dieta y no la hace, uno pretende estudiar y a lo mejor tampoco lo hace.
Y uno vuelve del verano y, o compra muebles nuevos, o vasos o tazones (véase el nuevo catálogo de IKEA, ya en nuestros buzones estos días, por algo será...), o empieza a hacerse colecciones, o barcos por piezas.
Colecciones nunca terminadas, y barcos casi siempre inacabados.
Cuando era niña, comprábamos cromos para coleccionar en un álbum: había uno de animales, plantas, culturas, vida marina. Era precioso y aún está en casa. Mi madre coleccionó los cromos de las fotos matrimoniales de Fabiola y Balduino, reyes de los belgas. En su día, década de los 50, debió de ser la boda por antonomasia, y las adolescentes coleccionaban sus fotografías: en color, de las primeras. También guardo el álbum de la familia Telerín: los de "Vamos a la cama" (Tete, Maripí, Cleo...), ése me gustaba mucho. Fue en los 60. Los tres están completos. No recuerdo si empezaban las series con el curso, o con el año, o entonces había menos estudios de márketing al respecto. Probablemente.
Yo ya no empiezo colecciones.
NOTA: Bienvenido, Max, de nuevo al blog. Nos gusta tenerte por estos lares.
GUERRAS

Graffitti en Chelsea, Nueva York.
Esta foto ya la colgué hace tiempo, pero en otro
tamaño.
Estar en medio de una guerra siempre acaba salpicando.
No sé cómo me las arreglo, pero casi siempre me encuentro en ese tipo de posiciones, en medio de dos trincheras.
Una vez escribí un relato sobre un soldado italiano en la Primera Guerra Mundial: cuando tocaba la guitarra por la noche, los austríacos dejaban de disparar y el sonido de las balas era sustituído por la música. El cuento está basado en un hecho real: el soldado existió, y también la guitarra. Una vez, durante un verano en Brescia, mis dedos la hicieron sonar. Las cuerdas de metal me hacían daño. Era una guitarra antigua y su dueña me contó la historia. Me sobrecogió y años más tarde escribí el relato. Algún día lo escribiré en esta página.
Guerras. Siempre salpican: a los de las trincheras y a los de la tierra de nadie. Allí mandaban a los condenados, para morir bajo fuego enemigo, y no bajo el de los propios compañeros.
Un desastre todo tipo de guerra.
MEDALLONES
Ayer fue un día de medallones.
El medallón perdido cumplió su undécima edición en siete años. Me da muchas alegrías esta criatura, escrita de profundis. Cuando la escribía, después de una tragedia familiar llena de dolor y de lágrimas, no sospechaba todos sus efectos colaterales. Si alguien me lo hubiera dicho entonces, no lo hubiera creído. Aun ahora, me cuesta creerlo cuando me paro a pensarlo.
A veces, una se para y piensa.
Pero el día de ayer me deparó otra sorpresa en forma de medallón: Z. me regaló un colgante en forma de granada con un círculo de eternidad. Un símbolo armenio, de donde viene Z. y el precioso medallón, ahora colgado de mi cuello. Un medallón armenio acompañado de mermelada de rosas, hecha por su abuela.
En El medallón perdido aparece el jarabe de rosas, según una receta italiana de mi madrina: los mismos ingredientes y la misma técnica llegan de Armenia y se juntan ahora en mi frigorífico y sobre mi pecho.
Me fascina la mezcla de objetos, de lugares lejanos, regalos de personas desconocidas entre sí, y unidas de repente en el ámbito de una tercera persona. El otro día me ocurrió con una taza y una tetera llegadas de Japón hasta mí, como regalos de personas muy especiales para mí y _ue, por fin, tuve juntas en mi mesa.
Y ahora, la mermelada de rosas y el medallón: Armenia, Italia, África... en mi casa de Zaragoza.
La vida nos hace regalos mágicos muchas veces.
Me siento muy privilegiada con ellos.
CANALES
Mi vida siempre ha estado rodeada de canales: nací a la orilla de uno, el de Zaragoza. El llamado desde el siglo XVIII, Canal Imperial de Aragón. Lo de "Imperial" fue un poco pretencioso: no había tal imperio, me parece. Su promotor fue Ramón Pignatelli, el ministro de Carlos III, venido desde Nápoles para "ilustrar" al país, otrora imperio.
Estos meses, el canal ha vivido remodelaciones: grandes piedras jalonan las orillas, los patos han sobrevivido, hay un nuevo embardadero, todavía sin barcas, y alguien ha pensado en mejorar todo el barrio y crear un ambiente de paseo urbano agradable, limpio, de disfrute del agua, y hermoso. Estos días hemos paseado por allí y el lugar promete, la verdad.
El agua no sólo es para la EXPO, estos meses: las orillas del Ebro ya son paseables, y también, por fin, las de la zona este del canal, el camino de IKEA, por cierto.
NOTAS: Dani, recuerdo la presentación en "Tierra de Fuego", con la lectura de fragmentos del libro a cargo de Jeannine Mestre. Fue un lujo en todos los sentidos. Marival, bienvenida a los comentarios del blog. Fueron años muy intensos en el Instituto, y un curso de COU maravilloso, tú eras de Ciencias, imagino: ese año di toda la Literatura a los COUs de letras. Anónimas criaturas con complejo de despertador, necesitaréis varios miles de disculpas más. Nerea, gracias por tus palabras en este y en otros blogs. Lu, un placer y una responsabilidad saberte lectora de mis palabras. Me encantará reencontrarte con Carlota. Álvaro, muy ciertas tus palabras, gracias.
CANALES II
Cuando elegí un lugar donde pasar unos días y gastarme un dinerillo extra, también elegí una ciudad con canales. En Europa hay varias: Amsterdam, Brujas, Milán, Livorno, San Petersburgo, Venecia. El destino fue la ciudad de Marco Polo (otros colocan su nacimiento en una isla croata, por cierto).
Allí fui yo con un collar misterioso, (esta vez no era un medallón, pero casi), a investigar. Me perdí mil veces entre los canales y los laberintos callejeros. Decidí ambientar mi novela allí y disfruté con ella. Disfruto con ella: también me regala muchos efectos colaterales.
Las ciudades con canal tienen un algo de mágico: esa fusión de lo natural y lo artificial, del agua y la piedra. Del agua estancada, cenagosa, y el agua corriente. Pero siempre serpentina.
"Latet anguis in herba", especialmente en los canales.
También las ratas, claro.
NOTA: Gracias, anónimo comentarista por tus palabras. Luisa, una alegría este elemento común con el canal de nuestra infancia.
FECHAS

La llamada "Zona 0". Ahí estuvieron las torres. Luego hubo polvo y escombros.
Y muerte, mucha muerte.
Ahora el vacío.
Y gente paseando rutinariamente.
Respirando un aire lleno de muertos.
Y gente haciendo fotos.
También yo hice una foto. Sólo una, pero la hice.
No iba a hacerlo.
Pero lo hice.
Hoy es 11 de septiembre.
Una de esas fechas llenas de terror.
Un 11 de septiembre, un golpe militar derrocó a la democracia chilena y sembró el terror en forma de ejecuciones y desaparecidos. Pablo Neruda murió poco después: la pena, el dolor acrecentó su enfermedad y aceleró el final.
"Puedo escribir los versos más tristes esta noche".
Siempre puede haber una noches más triste.
Y unos versos también más tristes.
Otro 11 de septiembre, Nueva York sufrió los atentados más terribles: el terror se sumó al espectáculo, lo vimos en directo por la televisión. Todos recordamos nuestra actividad en ese momento.
Yo hablaba por teléfono con Regina cuando ambas vimos el avión estrellarse sobre la segunda torre, en el telediario. Estaba sentada en mi sofá de color azul, ya en la basura desde hace un año. Luego tenía una cita con Nieves: íbamos a Madrid en el autobús desde Alcalá. En ese momento cayó la segunda torre, mientras estábamos en la parada de La Continental. Poco después me veía con Rosa en el Café del Círculo de Bellas Artes: el rostro de todo el mundo tenía el color demudado. Las voces eran diferentes. Todo había cambiado.
El mundo en general había cambiado.
NOTA: Fernando, yo también iba de niña al "ojo del canal": algún pariente de mi madre tenía un huerto por allí, y nos vendía alberjes para hacer un vino dulce muy rico.
TEATROS
Ayer fui al teatro a ver una representación de HAMLET. Hamlet siempre es Hamlet a pesar de la ausencia de Yorick y de algunos otros versos importantes.
Antes de ir al teatro, tenía una cita con unos amigos en un bar cercano: uno de esos lugares llenos de humo, música no muy alta y televisores bien planos, de plasma o algo parecido. Tan planos como postales gigantescas. Al parecer, uno no puede estar en un bar con los amigos, charlando: se deben ver imágenes ajenas, sin voz, no importa cuáles.
Las imágenes en las teles del bar eran de una misa: el cardenal Rouco oficiaba una misa de estado por las víctimas del accidente aéreo de Barajas, entre el dolor de las familias.
En el bar, las imágenes dolientes servían para "ambientar" el local, sin ningún escrúpulo, entre humo, cervezas y canciones enlatadas.
Enlatadas, no enlutadas. Todo vale si hay imágenes en movimiento.
Al menos eso creen algunos.
Pero todo no vale.En el teatro, HAMLET era dirigido e interpretado por Juan Diego Botto. Un Hamlet melancólico, interno, sobrio e intenso. Bien. Una escenografía y una dramaturgia pulcras, levemente simbólicas. La voz siempre magnífica de Jordi Daudet (una vez me lo presentaron en Madrid, después de un Calderón, EL ALCALDE DE ZALAMEA) interpretaba en una proyección al rey Hamlet. Y José Coronado era el rey usurpador y asesino. Guapo. Muy guapo. Guapísimo. Sobria interpretación, sin estridencias, elegante, matizado, cool. Bien. La dicción de algunos de los actores en algún momento no era la mejor. Algún truco básico de modulación se olvidaba.
Lo más chocante, no obstante, vino de una parte del público. Mucha gente de mi edad, o mayores (es decir, gente entradita en años), suspiró sorprendida cuando Hamlet mató a Polonio. Y mucha más se extrañó del trágico final. Especialmente elocuentes fueron algunos "ayes" cuando la reina bebió de la copa envenenada. Y sobre todo, cuando Hamlet mató a su tío: no se sabe si la emisión de "ayes" fue debida a la sorpresa o a haber dejado sin voz a Coronado.
Y luego nos extrañamos de algunos comentarios de nuestros alumnos ( angelicos), en exámenes y en clase. El otro día recibí un e-mail en el cual se comentaba de uno de esos errores con mucha guasa: la criatura hablaba de "Tuluslo III", la profesora pensó mucho hasta darse cuenta de la identidad del susodicho. El chico se refería a Toulouse-Lautrec.
Después de lo de ayer, prometo no sorprenderme con ningún disparate más.
El teatro, eso sí, estaba lleno.
Pero no estoy segura si gracias a Shakespeare o a Juan Diego Botto o a José Coronado.
No obstante, he de confesar algo: si yo tampoco me hubiera leído HAMLET ni hubiera oído nada sobre el príncipe de Dinamarca, ni sobre don William, tal vez también habría ido a contemplar a Coronado...
CUADROS
Hay obras de restauración en la Casa de El Greco, en Toledo.
Los cuadros del museo vagan en itinerante exposición y visitan ahora Zaragoza. Acabo de verla antes de comer.
La visión de las pinturas del cretense siempre es un alimento del alma, sea o no sea el alma. Los retratos del los Apóstoles, el Salvador, "Las lágrimas de San Pedro"... , una iconografía religiosa más allá del cristianismo, del contrarreformismo. Hay una suerte de espiritualidad pura, de conversación agustiniana, de comunión entre el rostro del cuadro y la mirada del espectador.
No es una macroexposición, tiene el tamaño justo y además, las obras se pueden contemplar desde muy cerca. Muy buen montaje, silencioso, y en penumbra sobre fondos lilas.
No os perdáis este paseo con El Greco en el centro de Zaragoza. Un regalo llegado desde su casa de Toledo, uno de los rincones más íntimos de la ciudad castellana.
NOTA: Néstor y José, una fecha imborrable de nuestros recuerdos, ese 11 de septiembre. Rafael, Coronado, el más guapo de los dos..., meditaré sobre ello. Nerea, a ver si nos vemos también con LA CELESTINA; y a lo mejor el público también se asombra del suicidio de Melibea. Coincidimos en nuestra apreciación. Besicos a todos y buen fin de semana.
DANZAR EL FUEGO
Se acabó la EXPO con un magnífico espectáculo de fuego y música sobre la tierra y el agua. Los cuatro elementos juntos gracias al talento de Philip Glass y Christophe Berthoneau.
Una clausura vista en esta comunidad gracias a Aragón Televisión, pero no en el resto del país.
Las televisiones nacionales estaban muy entretenidas en su línea: una mala película americana de tiros, y un programa sobre la jornada futbolera, como todos los días y todas las noches. Los comentarios insulsos de medio centímetro de los futbolistas son más dignos para las cadenas oficiales. Un espectáculo cuyos fuegos artificiales han estado a la altura de las ceremonias pekinesas no tienen cabida en la televisión pública de este país.
Un estreno mundial, con música de Philip Glass interpretada en directo en esta ciudad, tampoco cabe en ese basurero llamado Televisión Española. Corporación.
La belleza, el arte, no tiene sitio en la tele pagada por todos.
Alguien debería dimitir. No sólo por lo de la EXPO. En general.
VIAJAR
Viajar, como leer, nos abre ventanas al mundo. Recibo una postal desde Ljubjiana, tan maravillosa como sus remitentes. Yo estuve allí un día de eclipse total, hace unos años. El día se hizo noche en medio del lago de Bled. Un viaje sobre el agua, lleno de luminosa oscuridad.
Viajamos en el autobús y leemos en el autobús.
Leemos en las caras de los demás, sentados a nuestro lado en el bus, en el trabajo, en nuestra misma mesa.
Leemos necesidad de comunicación, resignación amargura revestida de dinamismo, de alegría. Alegría revestida discretamente del esbozo de una sonrisa. Leemos en la mirada de los otros, tras las gafas de metal, en unos ojos silenciosos pero llenos de voz.
Leemos en los gritos atronadores de algunos: algunos gritan para callarse sus miserias. O gritamos.
A algunos les gusta amargarse la vida propia y amargar, si pueden, la de los demás. Por eso gritan más fuerte.
Me disgustan los gritos. Me gusta hablar bajo.
Mi voz no da para más. Conozco mis limitaciones.
En general.
NOTA: Max, tienes razón, escribiré algo en la web de la corporación. José María, Don Diego, tal vez, además del desastre televisivo, alguien no ha vendido la moto tan bien como debería haberlo hecho. No sé, no sé. Besicos a todos.
CORRER
Siempre vamos corriendo. Parece que vamos improvisando, no sólo en el ocio sino en el negocio, es decir, en la negación del ocio. Negocio, como sabéis, viene de NEC-OTIUM.
Trabajamos contra el reloj. Empezamos a preparar cosas ahora, cosas que debían estar preparadas ya. Intento acceder a una página web para recabar unos documentos que necesito y la página está siendo remodelada y todo está al revés.
Así no pueden funcionar las cosas, especialmente cuando dependen personas de esas páginas.
OTOÑO
Enrojecen los tilos del Paseo de la Independencia.
Les ha subido ya el rubor previo a la caída. Es curioso como a veces la belleza suprema es antesala de la muerte. Lo bueno es que ésa es una muerte provisional, un letargo en el que los árboles duermen y el sueño los regenera para amanecer verdes y lozanos, primaverales y tiernos cual bebés. Y así cada año.
Lo de los humanos no es un letargo, no es una muerte provisional. Nuestro otoño desemboca en un invierno sin retorno. Nuestro rubor de última hora sólo trae el último suspiro.
Puf, parece que me he levantado yo hoy con los ánimos bajos. Pues no, ¡eh!, esta es sólo una reflexión provocada por mi paseo de hoy en el 33 y del color de los tilos. Debe de ser porque me dejé el libro de poemas en casa y miré por las ventanas.
Y es que las ventanas, incluidas las del autobús, dan mucho de sí.
GUANTES
Recojo el guante lanzado por Juan Antonio e Isa. No entiendo mucho de "memes" y juegos por el estilo, y menos por esta vía, en la cual yo no me manejo con habilidad: de momento, los enlaces los nombraré y los buscáis ahí a la derecha, por favor...
Me es difícil pensar sólo en seis cosas en positivo y seis cosas en negativo. Pero ahí va una selección:
SEIS COSAS DE ESAS PARA LAS CUALES PIENSO EN POSITIVO Y EN COLORES:
- Me gusta sentarme ante el ordenador y ver cómo surgen personajes, historias, y escenarios en la página, desde mis manos y mi cabeza.
- Me gusta pasear por Venecia en invierno. Salir de los lugares más turísticos y perderme por callejones solitarios.
- Me gusta ir a la ópera y escuchar la música, las voces, y la respiración de la persona a mi lado.
- Me gusta recolectar bayas en la montaña y hacer mermeladas con ellas. O comérmelas directamente.
- Me gusta dar y recibir sonrisas amables. Me gusta este intercambio con mi familia, con mis amigos, con mis lectores, con mis alumnos, con mis compañeros, con algunos conocidos, y con algunos desconocidos.
- Me gusta oler las flores de los naranjas en la primavera sevillana. Ponerme debajo, y respirar los azahares.
SEIS COSAS DE ESAS PARA LAS CUALES PIENSO EN NEGATIVO Y EN BLANCO Y NEGRO:
- No me gusta escuchar a personas con ganas de contagiar su mal rollo a los demás.
- No me gusta oler a tabaco en mi pelo, y en mi ropa; por eso voy bastante poco a bares.
- No me gusta explicar sintaxis a mis alumnos: no sirve para casi nada, pero la explico.
- No me gusta hablar por teléfono cuando estoy muy cansada por la noche.
- No me gustan las salas de espera de los hospitales. He sufrido mucho en ellas.
- No me gusta la sinrazón, la falta de respeto, de educación, de mínimos modales de comportamiento, de cortesía, de amabilidad.
Y propongo para este meme a seis blogs amigos, a ver si me hacen caso:
- A Néstor: ya sé, ya sé, es una faena, pero ya sabes, no puedes no estar en esta propuesta.
- A Dani: por la misma razón.
- A Nerea: tú puedes con todo, nena, también con esto.
- A Javier: a ver si se decide a reabrir su blog.
- A Rafael: por alusiones sevillanas.
- A José María: para dar un respiro a este comienzo de curso.
Ya sé, ya sé, no he respetado la ley de la paridad, pero me da igual. Y ahora, me voy a escribir un artículo sobre Literatura Infantil y Juvenil. Bueno, a empezarlo antes de comer, y terminarlo después de comer.
Besicos y buen fin de semana.
NOTA: J.J. ORDOVÁS presenta libro nuevo el lunes 22, a las 20.00 en "Los portadores de sueños", en Zaragoza. Ahí nos veremos con unos cuantos. Lástima, algunos estáis demasiado lejos.
VÉRTIGO NOVELESCO
Paso el sábado en mi casa. Sólo salgo a comprar patatas, tomates, cebollas, el pan y el periódico.
No me coloco ni las lentillas ni el reloj.
Por la mañana escribo el borrador de un artículo sobre literatura juvenil.
Por la tarde leo La ignorancia, de Milan Kundera, publicada en 2000. Voy leyendo y leyendo y me siento muy cerca de lo narrado, de lo reflexionado, de lo vivido por los personajes. Me da vértigo pero no paro de leer hasta terminarla.
La acabo mientras escucho y vislumbro la versión del Festival de Salzburgo de La traviata en 2005. La mezcla es muy intensa, y necesito contarlo en esta pantalla.
La novela de Kundera me ha "tocado" mucho: habla del regreso a la ciudad natal, de los sentimientos provocados por el uso de las diferentes lenguas, de las relaciones familiares, de la ignorancia en las decisiones tomadas, del abanico de sensaciones provocadas por las muertes cercanas pero ajenas.
Una novela muy cercana. Debería haberla leído antes. Lleva ocho años traducida y varios meses a mi lado, en mi casa.
Demasiadas veces ignoramos lo más cercano.
Incluso lo alejamos.
DÍAS
Hay días en los cuales todo es como parece.

NOTA: Bienvenido, Octavio. Estamos de acuerdo.
BURLA
Que existan en la televisión pública un programa como "Mira quién baila", con un cásting imagino que carísimo, a tenor del caché habitual de algunos de los participantes, es una burla al contribuyente.
Y más aún en época de crisis, en la que hay que apretarse el cinturón, y la gente entra en depresión o cosas aún peores por no poder pagar la hipoteca o la ropa de sus hijos.
Y otra vuelta de tuerca: la gente lo ve. Fue lo más visto a su hora por los televidentes.
No entiendo nada.
A los burladores siempre les ha gustado y satisfecho burlar.
Pero que a los burlados les guste ser burlados. . .
Es el colmo. ¡Que les pagamos la ropa, las clases de baile y mucho más con nuestros impuestos!
24
El 24 de septiembre es una fiesta que solíamos celebrar en casa. Mi abuela se llamaba Mercedes. Le pusieron ese nombre por la reina Mercedes, la de los romances y cantares, la que murió a los 18 años sin descendencia, la primera esposa de Alfonso XII, la bella damita sevillana que trocó claveles por nardos en sus mejillas, como cantaba doña Concha Piquer.
A mi madre también le pusieron Mercedes. Nació un año antes de que estallara la guerra, y mi abuela la envolvía en mantitas para bajarla al "caño" cuando se oían las sirenas que anunciaban los bombardeos. Mi abuela siempre decía que si mi madre hubiera nacido un poco después, o si hubiera tenido otra hija, le habría puesto el nombre de Paz. Y sus ojos se humedecían cuando recordaba aquellos pensamientos. Y sus ojos no se humedecían fácilmente.
A mí también me tocaba el nombre familiar. Pero el destino quiso que mi madre eligiera como mi madrina a una amiga italiana que no se llamaba, no se llama, Mercedes, sino Anna. Por eso mi primer nombre es Ana, aunque el segundo es Mercedes, como mandaba la tradición de la estirpe femenina. Aún tengo un tercer nombre, alguno de vosotros lo conocéis. Otros no.
Antes celebrábamos este día en mi casa.
Ya no.
ENSEÑAR
A veces es tan fácil, a veces tan difícil.
Me reencuentro estos días con viejos alumnos. Bueno, lo de viejos es un decir: criaturas todavía adolescentes, pasaron por mis aulas hace ya años.
En el mismo día por la mañana me encuentro con una antigua alumna: nos vende estupendamente un par de zapatos.
Por la tarde, en la presentación del libro de J.J. Ordovás, delicioso por cierto (Nomeolvides: el autor dijo en la presentación no entender a las mujeres, pero escribe un libro cuyos "capítulos" tienen todos nombres femeninos como primera y seductora palabra..."), me reencuentro con una de mis más admiradas profesoras de la Facultad de Letras: María Teresa Cacho: con ella aprendí mucho, muchísimo, de literatura del Renacimiento y del Barroco. Ella me animó a publicar un trabajo sobre variantes de "Romances" de Góngora. Cuando nos saludamos, me reconoció como "la gongorina": me gustó el apodo. Y me sigue gustando explicar y descifrar con mis alumnos algunas estrofas de la "Fábula de Polifemo y Galatea".
Preparaos, chicos de 1º de Bachillerato... veréis cómo se puede jugar con las palabras y los conceptos.
NOTA: Dani, Rafael, Néstor,¿y si escribimos una protesta conjunta e indignada sobre la basura en RTVE, por ejemplo al Defensor del Pueblo? LU, una pista sobre mi tercer nombre: lo has leído muchas veces en mis novelitas. Besicos.
PASEAR
Me gusta pasear entre montañas muy altas y sentirme minúscula a su lado.
Me gusta pasear junto a la tierra de donde nacen los crocus, incluso en este día de otoño casi primaveral.
Me gusta pasear bajo el sol y sentir su calor en mi piel, y sentir la necesidad de mis grandes gafas de sol durante esta mañana, allí arriba, en el monte.
Es estos momentos, en la Televisión pública noruega se está retransmitiendo la ópera MANON de Massenet, desde el Gran Teatro del Liceo de Barcelona, con Rolando Villazón. La española sigue con su basura habitual, a la misma hora.
Veo las noticias: el Teatro Real de Madrid estrena hoy UN BALLO IN MASCHERA de Verdi. Estrenan también nuevo sistema: ciertos cines tienen el monopolio de mostrar en sus salas los estrenos del Real. Una óptima idea, con una pega: no sé en las demás ciudades, en Zaragoza, el cine mostrador de las óperas del Real está situado en un novísimo macro-super-mega-centro comercial, de esos sustitutivos de las Plazas Mayores donde se va a comprar, pasear, comer, beber, hablar poco, ver cine, y seguir comprando; enorme, horrendo, al cual no se puede llegar sino en coche, tampoco en autobús. Ahí, y sólo ahí, se puede ver en mi ciudad la ópera.
En medio de un mercado de neón, música "ambiental", zapatillas de deporte última moda, hamburguesas, outlets de "El corte inglés", y tallas 36. Dentro de un polígono industrial.
Si Verdi levantara la cabeza, la volvería a hundir en su tumba.
¿Me estaré volviendo muy rara con la edad y la pre-menopausia?
Interrogación retórica.
PASEAR II
Pasear por el Paseo de la Independencia y encontrarme con viejos amigos, viejos conocidos, viejos compañeros.
Pasear por ese mismo lugar y ver rostros con los cuales nunca he cruzado palabras, sino miradas.
Pararme a charlar con esos amigos, conocidos, compañeros, de otros tiempos.
Y también de éste.
Seguir paseando y notar como hoy no me duele la rodilla.
Llamar por teléfono mientras paseo y recibir buenas o malas noticias.
Oír el teléfono dentro del bolso y escuchar una voz deseada.
Volver a casa dejando atrás el paseo y dentro de un autobús.




