Se muestran los artículos pertenecientes a Julio de 2006.
DESPEDIDAS
A veces nos despedimos con placer de algunas personas a las que ya no soportamos.
A veces nos despedimos a la francesa, que no sé por qué se la llama "a la francesa".
Otras veces nos despedimos con una lágrima que rompe el corazón como la espada de Rolando. Aunque no la queramos mostrar.
Otras veces la lágrima no puede más y se convierte en cascada que surca el rostro y lo desfigura.
Algunas veces nos pintamos la sonrisa también para despedirnos de los que queremos y que no se nos note. Que los queremos y que nos duele irnos.
Algunas veces ni siquiera sonreímos porque ya estamos tan acostumbrados a las despedidas como a desayunar todos los días.
Pero otras veces ni siquiera nos dejan despedirnos.
A veces hay voces ajenas que deciden por nosotros.
DESCUBRIMIENTOS
Hay ciudades que no son aparentemente monumentales. Es lo que le ocurre a Genova: no tiene una catedral parangonable a la de Firenze, ni una plaza como San Marcos, ni unas fuentes como las de Piazza Navona. M.L. me lleva a un lugar que desconozco: Boccadasse, un enclave de pescadores en pleno centro marítimo de la ciudad. Me digo que me gustaría retirarme aquí, comprar un apartamento ahí arriba, mirar el mar, escribir y olvidarme de casi todo lo demás.
Genova es una de mis ciudades favoritas: es caótica, llena de motos, de coches, cuando estoy allí vivo cerca del Mercado de la Fruta, y por la noche, me despiertan las voces de los vendedores y de los compradores. Hay un olor a fruta y verdura en todo el barrio que me gusta. Cuando lo huelo en otros lugares me transporta a los veranos infantiles. Además, el Teatro Carlo Felice ofrece una temporada operística espléndida. Este anno representarán Caballeria Rusticana, igual que en el Real. Las ninnas me han cantado en casa los coros porque los han preparado para las fiestas de final de curso en la escuela.
He vivido la semifinal mundialista dentro de una casa y una familia italianas. Los ninnos han sufrido y han disfrutado con las paradas de Buffon, el portero. Los dos goles han sumido la ciudad en dos gritos unánimes. Besos y abrazos para celebrarlo. Felicitaciones sumadas al cumpleannos de G., que acaba de ser papá. El bebé no se ha despertado a pesar de los gritos.
Yo no he podido dormir durante casi toda la noche. El ruido del mercado ha sido sustituido por los cláxones de los coches que bajaban por Corso Sardegna hacia la Piazza Ferrari, que tiene una fuente donde se celebran las victorias.
Me pregunto por qué las victorias se celebran en las fuentes. Una vuelta al origen acuático, al útero materno para revivir los momentos de felicidad. Será eso.
A. me regala una botella de jarabe de rosas recién hecho el día anterior para mí. Ahora está al fresco, en el sótano de esta casa.
Ahora hay gaviotas en el jardín.
DESCUBRIMIENTOS II
Hay valles escondidos que casi nadie conoce. Hace dos días he estado en uno de ellos. Se llama BUDALEN, está no muy lejos de la cabanna. En 2001 las montannas que lo circundan fueron convertidas en Parque Nacional, para evitar que alguien tenga la tentación de construir alguna cabanna.
Hoy día se conservan en la zona 80 "seter". Esta es la palabra noruega para las granjas de montanna, donde van los campesinos con el ganado a pasar el verano. Todavía están vivos muchos de ellos. Compramos rømme y queso en uno de ellos. "Rømme" es una especie de nata/crema de la leche, que aquí se usaba, entre otras cosas, para conservar el pescado, especialmente el arenque. Hoy se emplea para acompannar los platos de salmón, y también como postre, con azúcar y plan plano, una especie de "hostia" muy rica. También con los "wafler", junto a mermeladas de fresas o frambuesas.
Puritita grasa, eso sí, pero está muy rica.
Las normas sobre construcción son aquí muy fuertes: un pequenno cambio en la casa propia debe ser aprobado por el consejo municipal de arquitectos, y también por los vecinos. Si estos consideran que ampliar una terraza, pongamos por caso, (caso real que le ha pasado a mi amigo C.) les molesta a la vista y rompe su visión, la ampliación no se puede hacer, aun después de haber pagado al arquitecto un equivalente a más de millón y medio de pesetas por el proyecto.
Igualico el control urbanístico, ?a que sí?
DESCUBRIMIENTOS III
En Budalen han construido un"Kultursti", un sendero cultural a través de las colinas. Es un paseo de poco más de una hora que te lleva, entre bosques llenos de orquídeas silvestres, abedules y abetos, a encontrarte con parte del pasado de estas tierras.
Se conservan las trampas con que los vikingos cazaban a los alces: agujeros de poco más de un metro de diámetro donde el animal caía y era traspadado.
Con uno de ellos tenían carne para una buena temporada.
FRØYA

Mientras caen las bombas en Libano, paso el día en la isla de Frøya, aquí, en la costa oeste de Noruega.
La isla huele a rosas: no he visto jamás tantas rosas silvestres por kilómetro cuadrado como en Frøya. Sales del coche y su perfume te alcanza siempre. Incluso junto al mar, donde sólo crecen plantas minúsculas que se protegen con su exiguo tamanno del viento que azota los la costa. Veo cientos de islotes a mi alrededor. Dicen que hay más de 4000 en este archipiélago. De lejos parecen rocas desnudas. Pero no: la misma vegetación que en las montannas pero en tamanno reducido.
La isla suena a gaviotas: aquí tienen sus nidos y si te merodeas junto a ellos, se acercan a su pelo tanto que parece que te van a estirar de él como castigo por haberte adentrado en sus dominios creadores.
A lo lejos se ve el faro: siempre he querido pasar unos días en un faro. Este se erige en uno de los islotes, el más occidental. Está pintado de rojo y blanco y en su tiempo fue el más alto de Noruega. Cuando vivía en Santonna me gustaba coger el coche (entonces tenía un 127 verde y viejo, ahora no tengo ninguno) y llegar hasta el faro. Ahora tengo un grabado con su imagen en mi salón. Me gusta mirarlo. También me gusta ver películas en las que los protagonsitas viven en lugares como este, lejos de la ciudad, en medio de las tormentas. Y leer novelas en las que el asesino también vive en un faro.
Tampoco esta vez he conseguido pernoctar en el faro: hay que llegar en barca hasta él y no se me da bien remar en alta mar.
Hay cosas que una quiere hacer pero que nunca hace.




