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05/08/2006
REGRESOS
Regresar siempre es extranno. Una vuelve a un lugar y le parece que nunca se fue. La perfección del tiempo y del espacio son casi siempre equívocas, anómalas, distorsionantes.
Acabo de llegar de viaje. Me dormí en el avión todavía en Split y me he despertado encima de de un fiordo.
Mannana escribiré de la costas de Croacia, de las casas rotas de Bosnia, de los cafés de Trieste.
Pero ahora tengo que recolocarme en este lugar donde el viento siempre es fresco, aunque mi vecina se desespere cuando hay 25 grados y le parezca que va a morir de calor.
06/08/2006
PIEDRAS
Muchos de los palacios de Venecia fueron construidos con piedras de Croacia: de la península de Istria y de la isla dálmata de Brac. Entre ellos el inacabado que siglos después compró Peggy Guggenheim. Peggy, la heredera del hermano Guggenheim que murió como un caballero en el Titanic, la que fuera mujer de Max Ernst, una de las musas de Man Ray, la propietaria de una de las mejores colecciones privadas de arte contemporáneo, albergada en ese viejo palacio veneciano de Dorsoduro que da al Gran Canal, y cuyas piedras salieron de Istria.
Ruskin habla de las piedras de Venecia, de su pasión por el gótico sobre el renacimiento. Ruskin, además, dibujaba capiteles y arcos mejor que nadie.
Muchas casas de Croacia están también construidas con esas piedras, sobre todo en la costa de Dalmacia. Son piedras blancas, de un blanco ligeramente tostado, que han resistido muchas inclemencias del tiempo. Aunque no todas: la bóveda de la catedral de Sibenik fue destruida durante la última guerra, igual que gran parte del centro de Dubrovdnik. Quedan agujeros enmarcados en el claustro franciscano, con granadas y restos de misiles junto con pinturas de la época del palacete de Peggy. Casi todo está reconstruido: la UNESCO ha pagado las rehabilitaciones monumentales.
Igual que en Mostar: el viejo puente luce resplandeciente, y las torres que no lo pudieron guardar de los misiles también. Todo el centro parece inmaculado, como si nunca hubiera sido ultrajado.
Veinte metros más arriba de ambas orillas, las cosas pintas de otra manera. Dormimos en una pensión regentada por una abuela deliciosa. La fachada gris está llena de agujeros de metralla. Poco más allá, casas enteras que fueron hermosas no son sino ruinas que no ha destruido el tiempo. La gran torre de un hotel moderno parece el resto de aquel "Coloso en llamas" cinematográfico lleno de estrellas. El coche nos lleva por las grandes avenidas: balcones que fueron y ya no son, boquetes inmensos en fachadas tras las cuales siguen viviendo familias, agujeros de proyectiles junto las ventanas a las que se asoman jóvenes mujeres que tienden su ropa, y hombres que fuman apoyados en lo queda del alféizar. Soldados franceses vestidos de camuflaje pasean en grupo por las calles de Mostar.
Lo mismo ocurre en Sarajevo: aquí los soldados son alemanes, pero los agujeros son los mismos.
El vacío es el mismo.
Hay veces que hasta las piedras se convierten en polvo.
07/08/2006
PIEDRAS II
Los muertos de Bosnia te miran directamente desde sus tumbas. Muchos cementerios están junto a la carretera, en medio de la ciudad, al lado del café en el te tomas el segundo té de la mannana.
Los cementerios cristianos son grises y tienen la imagen del muerto grabada en la propia lápida. Desde el coche veo jóvenes caras que me miran, que incluso sonríen desde su hieratismo. Cualquier rincón otrora vacío es ahora un camposanto.
Los cementerios musulmanes son blancos: pilares inmaculados sin fotografías junto al camino, o en la colina en medio de la ciudad o del campo.
Los vivos y los muertos comparten espacios y miradas.
En Trieste hay un parque llamado "de la Memoria" (della Remenbranza). También está en una colina, entre la peculiar catedral e San Giusto y el Teatro Romano. En el parque también hay piedras. Muchas piedras. Desde arriba parecían parte de la decoración. De cerca se leen las inscripciones en rojo: el capitán piloto cuyo avión desapareció en el aire en 1941, el almirante que se hundió con su barco en el 43, el teniente muerto en El Alamein.
Cientos de piedras, cientos de nombres de triestinos desaparecidos en tierra, mar y aire en la segunda guerra.
Más vivos y más muertos. Lugares para los que ya no tienen un lugar.
Piedras, muchas piedras.
15/08/2006
CAFÉS
A mí no me gusta el café. Sólo su olor cuando está recién molido.
Pero me gusta entrar en los cafés para tomar té y para ver como el tiempo ha ido cambiando el color de las paredes, el uniforme de los camareros y los pantalones y camisetas del público.
Trieste es una de las ciudades del norte de Italia que más sabor austro-húngaro guardan. Los edificios imperiales, las estatuas y lápidas recordatorias de María Teresa, las grandes plazas. Y los cafés.
Entre plaza y plaza se encuentra una con las esculturas en bronce de un Joyce paseante, o de un Saba que se abriga de los vientos del norte. Algunos de los cafés a los que acudían a escribir y tertuliar los artistas todavían permanecen con el sabor de antanno. El Café Tommaseo, en el que se gestó en 1848 el nacimiento de parte del Risorgimento, y que es el más antiguo no sólo de la ciudad, sino de toda la región, como me dice orgullosa la camarera. Música de Strauss recuerda, no obstante, el origen imperial del lugar, así como la decoración rococó de las paredes y los arcos que dividen la estancia en salas: amores y cariátides contorsionistas en yeso blanco han mirado a muchos que han escrito aquí sus diarios y a otros que han tomado su café "illy".
Italo Svevo solía empezar la mannana en el Café San Marcos, joya del art-nouveau triestino: paredes y arcadas con decoración de madera formando flores y otros motivos vegetales. Frescos que representan musas, faunos, y que parecen recién salidos de carteles de Mucha. Medallones con imágenes carnavalescas que recuerdan que casi todo en la vida es pura comedia. O pura tragedia. Depende.
Al Café San Marcos sigue viniendo habitualmente otro grande, Claudio Magris, que vive en la ciudad y que arranca en este lugar uno de sus mejores libros. Aquí toma café y escribe. Sobre el Danubio, sobre Trieste.
James Joyce e Italo Svevo se encontraban en el Café Stella Polare, que está en una esquina de la Plaza de San Antonio, una de esas plazas rectangulares abiertas al mar, que entra en forma de canal hasta el centro de la esplanada. Aquí sirven deliciosos platos de pasta y ese aperitivo de color naranja al que son tan aficionados los italianos, el "Spriz con aperol". Joyce fue profesor de inglés de Svevo, que tenía que viajar frecuentemente a Inglaterra por razones laborales. Le dio a conocer sus escritos al autor irlandés, que fue quien lo animó a seguir escribiendo y a publicar. Tal vez sin aquellas reuniones suyas en el "Stella Polare" no tendríamos ahora La conciencia de Zeno, que es una de las cumbres novelísticas del siglo XX, o sus cuentos, que también lo son.
Lugar de encuentros y reencuentros, los cafés. Parte fundamental de una ciudad, se respira en ellos la vida de una ciudad más que en sus catedrales y y palacios.
Cuando los cafés de una ciudad desaparecen, es que se ha abierto un agujero negro en ella.
16/08/2006
NOVELAS
Leo estos días LA NOVELA DE GENGI, de Murasaki Shikibu, esa gran obra japonesa del siglo X.
Deliciosa, un canto a los sentidos, refleja la vida cotidiana de la corte de Heian (actual Kyoto) en su época de mayor esplendor y paz. El ideal masculino es un hombre sensible, que llora en público sin rubor, que se perfuma las mangas de sus ropas con aromas personales que él mismo elabora para que sean diferentes a los de los demás.
La comunicación entre los personajes se lleva a cabo mediante poemas de 4 versos que se intercambian en papeles perfumados de colores, y la seducción nace de la caligrafía y del ingenio en las respuestas.
Dos volúmenes con cientos de páginas escritas por una mujer de la corte imperial japonesa de hace mil annos.
17/08/2006
PRENSAS
Después de días en las montannas leo EL PAÍS y consigo enterarme de lo que está pasando por el mundo mientras yo me dedico a cosechar frutas de bosque: multe y mirtilos concretamente.
La prensa por estos pagos es bien distinta. El periódico de esta región, que es el tercero en tirada de la nación, da noticias de asunto internacional en las páginas 6 y 7 del primer fascículo; eso aunque se esté bombardeando el Líbano.
Hace tres días, había dos marinos noruegos secuestrados por la guerrilla en Nigeria, el múltiple atentado frustrado en los aviones trasatlánticos, las bombas de Israel y de Hezbollá. De todo esto se hablaba en las páginas 6 y 7. La primera plana era para un asunto que alguien debió de considerar más interesante para el público. Tal vez para un público de un país en el que no hay mayores problemas internos. La noticia de apertura, con grandes titulares y gran foto, era que un gato no había sido atendido por el veterinario porque los ninnos possedores del minino no llevaban dinero consigo para pagar. Habían tenido que esperar a que viniera mamá con las coronas correspondientes y pagar al licenciado. Por supuesto, al gato no le pasó nada, y todos respiraron tranquilos: el doctor, los ninnos, su madre y los lectores del periódico.
Repito, ha sido la primera plana.
Claro que el mismo periódico aporta un suplemento cultural diario, de 32 páginas. No es muy "cultural" todos los días, la verdad, y en él se incluye la programación de radio y televisión, pero hay una intención de transmisión y comunicación de cultura cotidiana.
Lo que es mucho, a pesar de las leves heridas de los gatos.
18/08/2006
PIEDRAS III
Cada montanna tiene un color diferente, por dentro y por fuera.
De lejos se ven grises, verdes, azuladas, blancas. Depende de la hora del día y de la estación del anno.
Desde dentro cada montanna es un mundo lleno de lagos, de cascadas, de ríos, de flores, de plantas, cada vez más pequennas: parece que se quieren proteger de los vientos y los fríos y crecen diminutas a ras de tierra.
O a ras de piedra.
Me gusta coger piedras de las montannas. Y observarlas durante y después: con sus líquenes adheridos y verdes, esa piedra gris brillante de Resfjellet, o la rosada de Raudfjellet, que por eso se llama así (la montanna roja), o esa piedra que aquí llaman "Kroke sølv", la plata del cuco, porque tiene partículas brillantes. Yo creo que está formada por mica, pero no estoy segura, que no entiendo de geología. Tuve un maravilloso profesor de ciencias en bachillerato, pero tan estupendo era que nos encantaba cuerpo y alma, y apenas recuerdo lo que nos contaba. De esas piedras está llena toda la subida hacia Blåho (blå significa azul) y el brillo azulado que desprenden da nombre y color a esta montanna, aparentemente plana en su cima, que es la más alta de la cordillera de Trollheimen, y que me recuerda a la montanna sagrada de Australia. No por el color, sino por su forma.
Hay piedras que no tienen nombres escritos. Las inscripciones las forman los musgos y los líquenes.
Son sennales de vida.
Qué bien.
21/08/2006
CUADROS
Asistí ayer en T. a la inauguración de una exposición. Se trata de una colectiva de artistas de las Islas Faroe. Esas de las que sabemos tan poco, y con cuya selección de fútbol jugó una vez Espanna, si no recuerdo mal.
Apenas cuentan con 48.000 habitantes dispersos por el archipiélago. Hay una isla en la que sólo viven dos personas; lo que no sabemos es si se hablan o no.
Pues bien, entre esos habitantes, que corresponderían a una pequenna ciudad de las nuestras, la muestra ensenna las obras de seis artistas. Destacaré a tres de ellos, un hombre y dos mujeres, Edward Fuglø, Astri Luihn y Sigrun Gunnarsdóttir. En la lengua faroe, una variente escandinava, cercana al viejo noruego, hay tildes, como se ve en el apellido, islandés por otra parte, de la tercera artista.
Algo en común en los tres: la presencia de los pájaros, humorística en el caso de Fuglø (sus pájaros parlamentarios conllevan una divertida crítica política), melancólica en Gunnarsdóttir (una pequenna ave acompanna siempre a los personajes de sus cuadros), cósmica en la obra de Astri Luihn, mi favorita: lienzos de gran formato con pequennos pájaros que intentan seguir un camino no siempre de dirección clara.
Melancolía y humor en estos artistas que viven en unas islas, a mitad de camino entre Escocia e Islandia, que pertenecen a Dinamarca pero que son autónomas en todo, salvo en Defensa y Asuntos Exteriores; que no pertenecen a la Unión Europea por propia decisión a pesar de que la madre danesa decidió lo contrario. Unas islas llenas, intuyo, de aves marinas, frailecillos y gaviotas de diverso género, que les dan color y sonido, y por tanto identidad.
Melancolía y humor ensemble.
Como la vida misma.
23/08/2006
DESVANES
Todas las casas de aquí tienen su desván y su sótano, incluso los pisos.
Yo nunca había tenido desván, y tampoco mis abuelos. Mis conexiones con esa parte alta de la casa eran solamente a través de películas de la infancia en las que siempre, inevitablemente, aparecía: recuerdo Mujercitas o Cumbres borrascosas, e imágenes sueltas de otras cuyo nombre no recuerdo.
El desván de esta casa es siempre una caja de sorpresas: ropas, viejas fotos, bolsos, juguetes, libros, muchos libros, cuadros. Cada objeto me parece un tesoro conservado con y por la pátina del tiempo, que parece que no pasa ahí arriba. El olor también es distinto, y la temperatura, más alta que en el resto de la casa. Cuando llueve o en invierno, se tiende la ropa en la zona común y se seca pronto. Al menos más pronto que en los tendederos del jardín. Los desvanes de las casas más viejas tienen planchas comunes para sábanas, unas planchas mecánicas con rodillos que yo nunca antes había visto.
Ayer encontré un cuadro que pinté hace annos, y que no sabía donde estaba. Lo pensaba en Zaragoza, o en Alcalá, regalado a alguien; en cambio, estaba en un rincón de este desván. La memoria, muchas veces, juega con nosotros. Recordaba que lo había pintado aquí, en la otra casa, pero luego había caído en el vacío.
Ahora está colgado de nuevo.
24/08/2006
MÚSICA
A Daniel Barenboim se se puede ver, escuchar, pero también leer.
Verlo lo he visto dos veces, a la vez que he escuchado lo que sale de los movimientos de su batuta y de sus gestos. Fue en Madrid, en el Real. Fue Wagner, Los maestros... y El holandés. Ambas veces me dieron sendos escalofríos cuando la música arrancó desde el silencio.
Anoche leí este párrafo en su libro, Mi vida en la música:
"La música comienza de la nada y acaba en la nada y, en ese sentido, se parece mucho a la vida de una persona, un animal o un vegetal. La vida también comienza de la nada y acaba en la nada, y esa nada es... el silencio. Creo que todas las artes tienen algún tipo de naturaleza orgánica, pero lo que a mí me atrae de la música (y este es uno de los motivos por los cuales me quiero pasar la vida tocando música) es un elemento temporal que no existe de la misma manera en las demás artes. La música tiene algo de inevitable. Cuando se pone en movimiento, sigue su propio curso natural: dura lo que se tarda en tocar las notas que la componen. En un concierto, una pieza determinada puede comenzar a las ocho y, si dura treinta y cinco minutos, esa es su vida. Una ejecución musical es algo que sólo existe mientras se interpreta. Podemos pensar en ella y podemos imaginarla, pero en realidad su vida es lo que dura la pieza; eso es lo que convierte cada ejecución en algo único. El sonido no se puede mantener de forma indefinida. Al final, se convierte en silencio."
Una autobiografía llena de reflexiones sobre la música, sobre el mundo en que vivimos, el conflicto palestino-israelí, la necesidad de tolerancia, su amistad con Edward Said, su veneración hacia Furtwangler.
25/08/2006
PLUTÓN
Primero, los unos nos quitan el limbo.
Y ahora, los otros nos quitan Plutón.
Cada vez nos van dejando menos espacios.


