Se muestran los artículos pertenecientes a Agosto de 2005.
02/08/2005
Caminos. Istanbul I
Hay caminos que se abren en ángulo y crean infinitos caminos. Esto ya lo hemos leído en Borges. Hay caminos que se cierran y que te dejan en medio de tu propia vida sin poder ir ni hacia delante ni hacia atrás. Esto lo hemos leído en demasiados lugares. Hay caminos que se multiplican y de los que nunca podrías decir cuál es el camino primigenio, pues todo se ha convertido en una red de vías hasta lo que alcanza tu mirada.
Eso es Istanbul, o Estambul, o Constantinopla, o Bizancio. De tanto verlo escrito en turco y en cualquiera de las lenguas germanas de nuestros libros de viaje, ya me suena mejor Istanbul que Estambul. Es una ciudad a caballo entre muchos caminos hechos de mares: el de Mármara, el Mediterráneo, el Negro, el estrecho del Bósforo, el propio Cuerno de Oro. Lugares todos con unas resonancias épicas y románticas que te llevan hasta Homero, hasta Soleimán hasta Justiniano y hasta Lord Byron.
Pero no sólo son los mares los que se cruzan en la ciudad: Istanbul es un hervidero de gentes que van y vienen a un ritmo frenético, vendedores que quieren ser de alfombras pero que ahuyentan al comprador con sus invitaciones exageradamente amables; hombres con sus maletines que van al trabajo; mujeres que al norte y al sur de la plaza de Taksin se muestran tan occidentales como yo, aunque sus escotes son casi siempre más modestos; mujeres en el distrito de Sultanahmet (que debe su nombre a la Mezquita Azul y que es el más tradicional de la ciudad) con el cabello cubierto en un tal vez más del 70 por ciento. En esta zona, además, se dan cita la mayoría de los turistas y de los visitantes de la ciudad: muchos con pantalón corto y camiseta, a los que les tienen que dejar ropas para entrar en los lugares sagrados; otros, familias de las zonas más conservadoras del país, y de Irán, cuyas mujeres se esconden bajo el chador negro de pies a cabeza, que sólo permite ver sus ojos. Recuerdo los de una de ellas, creo que joven y delgada, maquillados con una fina pero intensa y sabia linea negra a su alrededor. Otra mujer bebía agua metiendo el botellín entre sus ropas para alcanzar la boca desde abajo y dejarla oculta. Otra llevaba en la mano una cámara de video de última generación. Esas mismas mujeres, u otras, ?quién sabe?, por la noche están con sus hombres en los cafés al aire libre donde danzan los derviches al son melancólico de la música, y fuman, algunas por debajo, otras dejando su boca al alcance visual, el "nargile", la pipa de agua, que huele a flores, y a incienso y quién sabe a qué otras hierbas maravillosas que envuelven el aire de la plaza y que me envuelven toda entera, y me parece que yo también quiero girar al mismo ritmo que el hombre de blanco que gira más de doscientas veces sobre sí mismo.
Hay otros caminos que consisten en el trazo del círculo: son los caminos en los que vuelves a ti mismo, y a la tierra, y al universo. Los derviches danzan con los brazos abiertos, el derecho hacia el cielo y el izquierdo hacia la tierra, en una búsqueda de fusión mística del espíritu con el universo.
Creo que es lo mismo que yo busco cuando nado en el mar: recibir el abrazo y sentirme envuelta por los que han vuelto al agua primigenia.
Eso es Istanbul, o Estambul, o Constantinopla, o Bizancio. De tanto verlo escrito en turco y en cualquiera de las lenguas germanas de nuestros libros de viaje, ya me suena mejor Istanbul que Estambul. Es una ciudad a caballo entre muchos caminos hechos de mares: el de Mármara, el Mediterráneo, el Negro, el estrecho del Bósforo, el propio Cuerno de Oro. Lugares todos con unas resonancias épicas y románticas que te llevan hasta Homero, hasta Soleimán hasta Justiniano y hasta Lord Byron.
Pero no sólo son los mares los que se cruzan en la ciudad: Istanbul es un hervidero de gentes que van y vienen a un ritmo frenético, vendedores que quieren ser de alfombras pero que ahuyentan al comprador con sus invitaciones exageradamente amables; hombres con sus maletines que van al trabajo; mujeres que al norte y al sur de la plaza de Taksin se muestran tan occidentales como yo, aunque sus escotes son casi siempre más modestos; mujeres en el distrito de Sultanahmet (que debe su nombre a la Mezquita Azul y que es el más tradicional de la ciudad) con el cabello cubierto en un tal vez más del 70 por ciento. En esta zona, además, se dan cita la mayoría de los turistas y de los visitantes de la ciudad: muchos con pantalón corto y camiseta, a los que les tienen que dejar ropas para entrar en los lugares sagrados; otros, familias de las zonas más conservadoras del país, y de Irán, cuyas mujeres se esconden bajo el chador negro de pies a cabeza, que sólo permite ver sus ojos. Recuerdo los de una de ellas, creo que joven y delgada, maquillados con una fina pero intensa y sabia linea negra a su alrededor. Otra mujer bebía agua metiendo el botellín entre sus ropas para alcanzar la boca desde abajo y dejarla oculta. Otra llevaba en la mano una cámara de video de última generación. Esas mismas mujeres, u otras, ?quién sabe?, por la noche están con sus hombres en los cafés al aire libre donde danzan los derviches al son melancólico de la música, y fuman, algunas por debajo, otras dejando su boca al alcance visual, el "nargile", la pipa de agua, que huele a flores, y a incienso y quién sabe a qué otras hierbas maravillosas que envuelven el aire de la plaza y que me envuelven toda entera, y me parece que yo también quiero girar al mismo ritmo que el hombre de blanco que gira más de doscientas veces sobre sí mismo.
Hay otros caminos que consisten en el trazo del círculo: son los caminos en los que vuelves a ti mismo, y a la tierra, y al universo. Los derviches danzan con los brazos abiertos, el derecho hacia el cielo y el izquierdo hacia la tierra, en una búsqueda de fusión mística del espíritu con el universo.
Creo que es lo mismo que yo busco cuando nado en el mar: recibir el abrazo y sentirme envuelta por los que han vuelto al agua primigenia.
02/08/2005 16:22 Enlace permanente. Hay 2 comentarios.
03/08/2005
Istanbul II
Llevo más de media hora escribiendo el comentario de hoy y cuando lo he ido a publicar se ha desconectado Internet por su cuenta. El caso es que no le he guardado en ningún sitio y toda la energía de mis neuronas se han gastado en lo que había escrito.
A veces pasan esas cosas.
Hablaba del Palacio de Totkapi, del libro de Wiesenthal en el que habla de sus paseos por las estancias prohibidas, de mi visita rodeada de turistas, que no viajeros, de que me habría encantado deambular por cada rincón sin tener a mi alrededor gentes con cámaras fotográficas,camisetas de tirantes y pantalones cortos. También hablaba del harén y de las cartas de una lady inglesa del siglo XVIII que decía que las mujeres turcas eran las más libres del mundo porque llevaban un velo que les permitía ir por la calle sin ser molestadas. Y de la película protagonizada por Maximilian Schell y por Melina Mercouri en la que quieren robar la daga de las tres esmeraldas. Y de que he visto esa daga, y un diamante del tamanno de un huevo (de gallina pequenna), y un trono de oro cuajado de piedras preciosas, y unos candelabros más altos que yo también de oro y lleno de diamantes.
Y pienso que el sultán, que apenas salía del palacio para que su aureola de persona casi divina permaneciera, coleccionaba mujeres y joyas como los turistas coleccionan fotos, museos y palacios. Como los cromos. Porque en algo hay que estar entretenido en la vida. Jaulas de oro para algunos. De papel para otros.
Cromos, al fin y al cabo, para todos.
De eso había escrito.
A veces pasan esas cosas.
Hablaba del Palacio de Totkapi, del libro de Wiesenthal en el que habla de sus paseos por las estancias prohibidas, de mi visita rodeada de turistas, que no viajeros, de que me habría encantado deambular por cada rincón sin tener a mi alrededor gentes con cámaras fotográficas,camisetas de tirantes y pantalones cortos. También hablaba del harén y de las cartas de una lady inglesa del siglo XVIII que decía que las mujeres turcas eran las más libres del mundo porque llevaban un velo que les permitía ir por la calle sin ser molestadas. Y de la película protagonizada por Maximilian Schell y por Melina Mercouri en la que quieren robar la daga de las tres esmeraldas. Y de que he visto esa daga, y un diamante del tamanno de un huevo (de gallina pequenna), y un trono de oro cuajado de piedras preciosas, y unos candelabros más altos que yo también de oro y lleno de diamantes.
Y pienso que el sultán, que apenas salía del palacio para que su aureola de persona casi divina permaneciera, coleccionaba mujeres y joyas como los turistas coleccionan fotos, museos y palacios. Como los cromos. Porque en algo hay que estar entretenido en la vida. Jaulas de oro para algunos. De papel para otros.
Cromos, al fin y al cabo, para todos.
De eso había escrito.
03/08/2005 20:15 Enlace permanente. Hay 2 comentarios.
04/08/2005
Istanbul III
Creo que hay pocas ciudades en el mundo en las que se puedan vivir contrastes tan intensos como en Istanbul. El Bósforo divide/une Europa Asia en una misma ciudad; y el Cuerno de Oro parte en dos la zona europea, y la divide en distritos de muy diversas identidades.
La zona occidental se asienta sobre Siete Colinas. Así se llama en restaurante en cuya terraza cenamos la primera noche: al fondo el estrecho, a mi derecha la basílica de Santa Sofía, a mi izquierda la majestuosa Mezquita Azul. Sobre las siete colinas, todos los perfiles curvilíneos de las demás mezquitas, cuyos arquitectos jugaron con las formas y volúmenes de las cúpulas sobre cúpulas de la basílica de Justiniano: la de Soleimán, la de Fatih, la de Yeni, la de Benazid. Recortan el cielo de Istanbul magníficas con sus minaretes desde los que los muecines llaman a oración. Desde nuestro hotel se escuchan varios al mismo tiempo, y la música cesa en los cafés donde se bebe "chay", el té turco, y se fuma "nargile", la pipa de agua de olor envolvente.
Al otro lado del puente Gálata, la torre del mismo nombre domina la colina sobre la que se asienta. En este barrio hay calles enteras con tiendas de instrumentos musicales. Nunca he visto tantas guitarras juntas. Aquií vivieron los genoveses después de la conquista/caida en el siglo XVI. La República Marinera apoyó a los otomanos en contra del Papado y de Venecia, interesados en mantener el Imperio Romano de Oriente, y como premio se les permitió permanecer en la ciudad. Siempre fue este distrito el favorito de los residentes extranjeros. aun hoy sigue siendo sede de varias embajadas. Lady Mary Worsley Montagu cuenta en sus interesantísimas cartas (fue la esposa de un embajador inglés en el siglo XVIII) su vida en la ciudad, sus visitas a la sultana viuda, que vivía en el exilio dorado de Pera sus últimos annos de esplendor. Dice Lady Mary que las mujeres turcas son las más libres del mundo porque van y vienen por las calles sin que nadie las moleste gracias al velo que las oculta. También narra que una joven ha sido encontrada asesinada cerca de su residencia, y que nadie la ha podido reconocer porque nadie conoce el rostro de las mujeres. Lady Mary también tenía sus contradicciones.
A Pera tambíén llegaba el Orient Express. Para albergar a sus viajeros fue contruido el Hotel Pera Palace que sigue estando lleno de clientes. Yo me conformo con pasear por sus salones y contemplar su mobiliario de madera con incrustaciones de nácar, sus estantería con viejos recuerdos, sus lámparas art-decó. Me tomo un zumo de naranja en el bar donde estuvo Mata Hari, y un camarero nos ensenna la habitación 411, donde Agatha Christie escribió parte de su ASESINATO EN EL ORIENT EXPRESS. Me siento delante de su escritorio y miro a mi alrededor. A ver si se me pega algo. No en vano es la escritora favorita de Carlota.
La zona occidental se asienta sobre Siete Colinas. Así se llama en restaurante en cuya terraza cenamos la primera noche: al fondo el estrecho, a mi derecha la basílica de Santa Sofía, a mi izquierda la majestuosa Mezquita Azul. Sobre las siete colinas, todos los perfiles curvilíneos de las demás mezquitas, cuyos arquitectos jugaron con las formas y volúmenes de las cúpulas sobre cúpulas de la basílica de Justiniano: la de Soleimán, la de Fatih, la de Yeni, la de Benazid. Recortan el cielo de Istanbul magníficas con sus minaretes desde los que los muecines llaman a oración. Desde nuestro hotel se escuchan varios al mismo tiempo, y la música cesa en los cafés donde se bebe "chay", el té turco, y se fuma "nargile", la pipa de agua de olor envolvente.
Al otro lado del puente Gálata, la torre del mismo nombre domina la colina sobre la que se asienta. En este barrio hay calles enteras con tiendas de instrumentos musicales. Nunca he visto tantas guitarras juntas. Aquií vivieron los genoveses después de la conquista/caida en el siglo XVI. La República Marinera apoyó a los otomanos en contra del Papado y de Venecia, interesados en mantener el Imperio Romano de Oriente, y como premio se les permitió permanecer en la ciudad. Siempre fue este distrito el favorito de los residentes extranjeros. aun hoy sigue siendo sede de varias embajadas. Lady Mary Worsley Montagu cuenta en sus interesantísimas cartas (fue la esposa de un embajador inglés en el siglo XVIII) su vida en la ciudad, sus visitas a la sultana viuda, que vivía en el exilio dorado de Pera sus últimos annos de esplendor. Dice Lady Mary que las mujeres turcas son las más libres del mundo porque van y vienen por las calles sin que nadie las moleste gracias al velo que las oculta. También narra que una joven ha sido encontrada asesinada cerca de su residencia, y que nadie la ha podido reconocer porque nadie conoce el rostro de las mujeres. Lady Mary también tenía sus contradicciones.
A Pera tambíén llegaba el Orient Express. Para albergar a sus viajeros fue contruido el Hotel Pera Palace que sigue estando lleno de clientes. Yo me conformo con pasear por sus salones y contemplar su mobiliario de madera con incrustaciones de nácar, sus estantería con viejos recuerdos, sus lámparas art-decó. Me tomo un zumo de naranja en el bar donde estuvo Mata Hari, y un camarero nos ensenna la habitación 411, donde Agatha Christie escribió parte de su ASESINATO EN EL ORIENT EXPRESS. Me siento delante de su escritorio y miro a mi alrededor. A ver si se me pega algo. No en vano es la escritora favorita de Carlota.
04/08/2005 22:27 Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.
05/08/2005
Istanbul IV
Cruzo de nuevo el puente Gálata hasta el Bazar de las Especias, que me gusta más que el Gran Bazar. Es un ir y venir de colores y perfumes que me invaden Veo un puesto en que venden goma laca en escamas. Me trae recuerdos lejanos de mi tía Pilar, la hermana de mi abuela, que había sido barnizadora en su juventud, y que aun llegó a barnizar algunos de nuestros viejos muebles. Mezclaba aquellas escamas brillantes de colo ámbar que me parecían trozos de caramelo, con un líquido transparente de intenso olor que me hacía estornudar. El resultado era otro líquido oleoso de aroma adictivo con el que impregnaba un manojo de medias viejas que otrora habían cubierto sus piernas y las de mi abuela. Con él pasaba por la superficie de los muebles muy despacio, como acariciándolos. Como respuesta, la madera empezaba a brillar y yo podía ver la cara siempre sonriente de mi tía reflajada en ella, casi como en un espejo.
En el mercado huele a curry, a pimienta, a guindillas. Hay sacos con polvos de todos los colores. Me acerco a uno lleno de un polvo verde manzana muy fino. Pregunto qué es y me dicen que es "henna"; con ella las mujeres de Turquía se han tennido el pelo y se han decorado pies y manos desde hace siglos. Compramos café recién molido en una tienda en la que todos los dependientes visten una bata gris. Me viene a la memoria (!hay que ver todo lo que está ahí guardado esperando a salir algún día) la Cooperativa de Tranvías de Zaragoza, que estaba en una estrecha calle cerca de Conde Aranda. También los hombres que allí trabajaban llevaban una bata gris, y vendían cosas buenas que estaban metidas en sacos. De vez en cuando, cuando era muy pequenna, íbamos mi madre, mi abuela y yo a comprar; ya no me acuerdo qué, pero algo comprábamos, y yo recibía caramelos de un hombre de pelo blanco que sonreía detrás de un puro que siempre colgaba de sus labios.
En el Bazar llegamos a un puesto donde venden frutas escarchadas: mango, pinna, (caramba con la -nn-), naranja. Compro pasas cortadas; son más grandes que las suelo comprar en Zaragoza o en Trondheim, y tienen un color púrpura intenso. Me imagino que ése debía de ser el color de los labios de las "kadinas" del sultán, o de las que acompannaban a Wiesenthal en sus paseos por Istanbul (!qué delicia de libro el suyo!) cojo un punnado de pasas y me lo llevo a la boca. Son como un caramelo a la vez dulce y ácido.
Y me parece que ése el es sabor de la ciudad.
En el mercado huele a curry, a pimienta, a guindillas. Hay sacos con polvos de todos los colores. Me acerco a uno lleno de un polvo verde manzana muy fino. Pregunto qué es y me dicen que es "henna"; con ella las mujeres de Turquía se han tennido el pelo y se han decorado pies y manos desde hace siglos. Compramos café recién molido en una tienda en la que todos los dependientes visten una bata gris. Me viene a la memoria (!hay que ver todo lo que está ahí guardado esperando a salir algún día) la Cooperativa de Tranvías de Zaragoza, que estaba en una estrecha calle cerca de Conde Aranda. También los hombres que allí trabajaban llevaban una bata gris, y vendían cosas buenas que estaban metidas en sacos. De vez en cuando, cuando era muy pequenna, íbamos mi madre, mi abuela y yo a comprar; ya no me acuerdo qué, pero algo comprábamos, y yo recibía caramelos de un hombre de pelo blanco que sonreía detrás de un puro que siempre colgaba de sus labios.
En el Bazar llegamos a un puesto donde venden frutas escarchadas: mango, pinna, (caramba con la -nn-), naranja. Compro pasas cortadas; son más grandes que las suelo comprar en Zaragoza o en Trondheim, y tienen un color púrpura intenso. Me imagino que ése debía de ser el color de los labios de las "kadinas" del sultán, o de las que acompannaban a Wiesenthal en sus paseos por Istanbul (!qué delicia de libro el suyo!) cojo un punnado de pasas y me lo llevo a la boca. Son como un caramelo a la vez dulce y ácido.
Y me parece que ése el es sabor de la ciudad.
05/08/2005 17:11 Enlace permanente. Hay 1 comentario.
6 de agosto Contrastes
Nuestra base en Turquía ha sido la bahía de Turunch, junto a Marmaris. Marmaris es una de esas playas llenas de hoteles y apartamentos pensados para turistas del norte de Europa. El aeropuerto de Dalamar es para uso exclusivo de vuelos chárter, y el nuestro sale de madrugada, de modo que pasamos la noche en las salas de espera, repletas de nórdicos y centroeuropeos varios, todos morenos y ensennando por última vez los hombros y las piernas. A punto de volver al norte, les esperan climas fríos y las mangas largas sustituirán enseguida a las camisetas de tirantes.
Frente a Marmaris está la isla griega de Rodas (o Rodos, o Rhodes...)Cogemos un catamarán que nos cambia de país, de continente y de clima en 45 minutos. La bahía de Marmaris está formada por cabos montannosos que evitan la circulación del aire y el calor puede ser sofocante, aunque los nórdicos están encantados; en cambio, Rodas es una isla abierta, luminosa y el viento corre de orilla a orilla.
Los Caballeros de San Juan de Jerusalén se establecieron en la isla a principios del siglo XIV, cuando fueron expulsados de la ciudad santa. Les compraron la isla a piratas genoveses que estaban asentados desde hacía décadas. Ya hacia 1309 empezaron las edificaciones que hoy son la base de la bellísima ciudad antigua de Rodas. Tiendas y restaurantes esconden la belleza de sus calles en un setenta por cierto, así que es necesario hacer un esfuerzo de abstracción y de disciplina para mirar hacia arriba y no a las puertas abiertas llenas de jabones, copias griegas, tejidos, espejos y demás objetos pensados en los placeres de los turistas.
Los Caballeros tomaron el nombre de Caballeros de Rodas y no se imaginaban que siglos después la isla estaría invadida por gentes del norte en biquini y pantalón corto. Porque de verdad que he visto a más de uno a torso descubierto, y a más de una paseando en biquini por las calles de la ciudad como si estuvieran en la playa. En fin... Los Caballeros fueron expulsados de la ciudad por los hombres de Soleimán el Magnífico en 1522 (necesitó más de 150.000 hombres y perdió 60.000 en el asalto a la isla) y pusieron rumbo a la isla de Malta, donde se asentaron. A partir de entonces fueron conocidos como Caballeros de la Orden de Malta.
El que fue Hospital de los Caballeros es ahora el Museo Arqueológico de Rodas y se ha convertido en mi museo favorito desde hace cinco días. Es una construcción sólida, sobria, defensiva y equilibrada al mismo tiempo, con entrelazadas decoraciones en la piedra alternadas con los escudos de los caballeros. Irradia fuerza y serenidad. Y alberga piezas de gran belleza de la época helenística griega y anteriores. Jarras y bandejas de formas tan elegantes, suaves y delicadas que me gustaría tenerlas en mi vitrina. Esculturas de faunos, ménades, venus y apolos. Una de ellas es la joya del museo: la llamada Afrodita de Rodas, pequenna, sentada, desnuda, peinándose después del banno, con sus cabellos ondulados levantados en sus manos en un gesto lleno de gracia. Su rostro, una invitación.
La que fuera sala de los enfermos del Hospital alberga ahora las lápidas funerarias de algunos de los Grandes Maestres de la Orden y de algunos de sus caballeros. Fueron puestas ahí por los italianos que conquistaron la isla en los tiempos de Mussolini y la convirtieron en la residencia veraniega del dictador. Busco una lápida y la encuentro: Juan Fernández de Heredia, que fue Gran Maestre entre 1377 y 1396. Hace annos, empecé mi tesina sobre un libro escrito por él: EL LIBRO DE MARCO POLO, basado en IL MILLIONE del viajero veneciano. Siento una emoción que me eriza los pelos al tocar la piedra, y la de otro miembro de su familia con el mismo apellido, Pedro, que fue hermano de la Orden y murió en 1493. Muy probablemente vivió en Rodas en la época en que Caterina Cornaró era reina en Chipre. Cierro los ojos e intento aspirar el mismo aire que respiraron los caballeros en aquellos annos en que el Mediterráneo era un hervidero de piratas, caballeros y gentes de toda condición.
Vuelvo a la bahía de Turunch, tan cerrada, tan montannoso, e imagino barcos piratas escondidos, apostados esperando avistar algún galeón en la lejanía. El que sí que estuvo por estas ensenadas fue Nelson, que escondió a la armada inglesa para preparar una batalla contra las tropas de Napoleón. Su compatriota, Lady Mary Worsley conoció a una dama espannola casada con el mismo pirata turco que la había raptado tiempo atrás:viajaba con su familia en una galera desde Nápoles y fue apresada por un barco pirata. El almirante dejó en libertad a la familia para que volvieran con un rescante para recuperar a la muchacha. Esta había sido "seducida" por su raptor (un antecedente del síndrome de Estocolmo). Cuando los familiares volvieron con el dinero para devolverla a Espanna, la joven había reflexionado sobre lo que la esperaba en su país: en el mejor de los casos la meterían en un convento, porque al no ser virgen nadie se casaría con ella. Así que le dijo a su galán que si la quería por esposa que se quedaba en Istanbul con él. El almirante mandó el dinero de vuelta a la familia de la chica, que se convirtió en la esposa del pirata. Es una historia novelesca, pero real. A mí me recuerda a un musical del grupo catalán "Dagoll Dagom" que se tituló MAR Y CIELO, y que estaba pasado en el texto de un autor modernista. Era una historia de piratas digna del mejor Salgari.
En fin, piratas, caballeros... Supongo que no había demasiadas diferencias entre unos y otros.
Frente a Marmaris está la isla griega de Rodas (o Rodos, o Rhodes...)Cogemos un catamarán que nos cambia de país, de continente y de clima en 45 minutos. La bahía de Marmaris está formada por cabos montannosos que evitan la circulación del aire y el calor puede ser sofocante, aunque los nórdicos están encantados; en cambio, Rodas es una isla abierta, luminosa y el viento corre de orilla a orilla.
Los Caballeros de San Juan de Jerusalén se establecieron en la isla a principios del siglo XIV, cuando fueron expulsados de la ciudad santa. Les compraron la isla a piratas genoveses que estaban asentados desde hacía décadas. Ya hacia 1309 empezaron las edificaciones que hoy son la base de la bellísima ciudad antigua de Rodas. Tiendas y restaurantes esconden la belleza de sus calles en un setenta por cierto, así que es necesario hacer un esfuerzo de abstracción y de disciplina para mirar hacia arriba y no a las puertas abiertas llenas de jabones, copias griegas, tejidos, espejos y demás objetos pensados en los placeres de los turistas.
Los Caballeros tomaron el nombre de Caballeros de Rodas y no se imaginaban que siglos después la isla estaría invadida por gentes del norte en biquini y pantalón corto. Porque de verdad que he visto a más de uno a torso descubierto, y a más de una paseando en biquini por las calles de la ciudad como si estuvieran en la playa. En fin... Los Caballeros fueron expulsados de la ciudad por los hombres de Soleimán el Magnífico en 1522 (necesitó más de 150.000 hombres y perdió 60.000 en el asalto a la isla) y pusieron rumbo a la isla de Malta, donde se asentaron. A partir de entonces fueron conocidos como Caballeros de la Orden de Malta.
El que fue Hospital de los Caballeros es ahora el Museo Arqueológico de Rodas y se ha convertido en mi museo favorito desde hace cinco días. Es una construcción sólida, sobria, defensiva y equilibrada al mismo tiempo, con entrelazadas decoraciones en la piedra alternadas con los escudos de los caballeros. Irradia fuerza y serenidad. Y alberga piezas de gran belleza de la época helenística griega y anteriores. Jarras y bandejas de formas tan elegantes, suaves y delicadas que me gustaría tenerlas en mi vitrina. Esculturas de faunos, ménades, venus y apolos. Una de ellas es la joya del museo: la llamada Afrodita de Rodas, pequenna, sentada, desnuda, peinándose después del banno, con sus cabellos ondulados levantados en sus manos en un gesto lleno de gracia. Su rostro, una invitación.
La que fuera sala de los enfermos del Hospital alberga ahora las lápidas funerarias de algunos de los Grandes Maestres de la Orden y de algunos de sus caballeros. Fueron puestas ahí por los italianos que conquistaron la isla en los tiempos de Mussolini y la convirtieron en la residencia veraniega del dictador. Busco una lápida y la encuentro: Juan Fernández de Heredia, que fue Gran Maestre entre 1377 y 1396. Hace annos, empecé mi tesina sobre un libro escrito por él: EL LIBRO DE MARCO POLO, basado en IL MILLIONE del viajero veneciano. Siento una emoción que me eriza los pelos al tocar la piedra, y la de otro miembro de su familia con el mismo apellido, Pedro, que fue hermano de la Orden y murió en 1493. Muy probablemente vivió en Rodas en la época en que Caterina Cornaró era reina en Chipre. Cierro los ojos e intento aspirar el mismo aire que respiraron los caballeros en aquellos annos en que el Mediterráneo era un hervidero de piratas, caballeros y gentes de toda condición.
Vuelvo a la bahía de Turunch, tan cerrada, tan montannoso, e imagino barcos piratas escondidos, apostados esperando avistar algún galeón en la lejanía. El que sí que estuvo por estas ensenadas fue Nelson, que escondió a la armada inglesa para preparar una batalla contra las tropas de Napoleón. Su compatriota, Lady Mary Worsley conoció a una dama espannola casada con el mismo pirata turco que la había raptado tiempo atrás:viajaba con su familia en una galera desde Nápoles y fue apresada por un barco pirata. El almirante dejó en libertad a la familia para que volvieran con un rescante para recuperar a la muchacha. Esta había sido "seducida" por su raptor (un antecedente del síndrome de Estocolmo). Cuando los familiares volvieron con el dinero para devolverla a Espanna, la joven había reflexionado sobre lo que la esperaba en su país: en el mejor de los casos la meterían en un convento, porque al no ser virgen nadie se casaría con ella. Así que le dijo a su galán que si la quería por esposa que se quedaba en Istanbul con él. El almirante mandó el dinero de vuelta a la familia de la chica, que se convirtió en la esposa del pirata. Es una historia novelesca, pero real. A mí me recuerda a un musical del grupo catalán "Dagoll Dagom" que se tituló MAR Y CIELO, y que estaba pasado en el texto de un autor modernista. Era una historia de piratas digna del mejor Salgari.
En fin, piratas, caballeros... Supongo que no había demasiadas diferencias entre unos y otros.
05/08/2005 11:20 Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.
10/08/2005
Contrastes II
Los noruegos han viajado tanto en los últimos annos que han descubierto que en el sur de Europa existen las fiestas, es decir, un grupo de días en que se festeja a algún santo patrón con conciertos, procesiones, verbenas y actividades grupales varias. Me imagino que es por esa razón por la que desde hace unos pocos annos en Trondheim se celebra un festival para conmemorar los días de San Olav. Y eso ocurre ahora mismo, a principios del mes de agosto. Nosotros no solemos estar en la ciudad en esas fechas, pero este anno hemos estado por aquí, así que estoy disfrutando de la observación de alguno de los eventos festivos.
El sábado paseé por el "Trøndersk Marfestival", que es una muestra gastronómica de esta región. La comida tradicional noruega ha sido siempre muy simple. Éste ha sido un país pobre hasta hace relativamente poco: el cima duro ha hecho que la agricultura no haya sido precisamente la joya de la corona, pero el petróleo y el gas han convertido a esta nación en una de las más ricas del mundo, y por eso también quieren enriquecer su cocina. De modo que me encuentro en el "stand" de la organización con un cartel que reza así: "Trøndelag, det nye Toscana", que quiere decir: "Trøndelag, la nueva Toscana". Y claro, me parece que tampoco hay que exagerar. Que cultiven algunas hortalizas en ciertas islas de clima más amable, que pesquen salmones y los marinen y ahumen mejor que nadie, que lleven un par de annos haciendo quesos diferentes a los siempre aburridos de la fábrica estatal "Tine", y que hagan embutidos de carne de reno y de alce no equipara gastronómicamente la región a la Toscana, ni a La Rioja, ni a Tudela, ni a Fraga. Pero ellos son así. Viajan por la Toscana, alquilan mansiones en Provenza para pasar el verano, compran los vinos más caros de Saint-Emilion, de Bourgogne o de Suráfrica, los beben en las mejores copas de cristal danés, leen más que nadie sobre tintos, rosados y blancos... Y aunque en sus genes no hay ni una sola gota de vino tinto, ni un grano de queso parmesano ni una pepita de tomate, los han adoptado ya como intrínsecos a su cuerpo y a su espíritu. Todo esto tiene el encanto un poco ingenuo de los nuevos ricos.
Y tendría más encanto si este creerse el ombligo mundial fuera una excepción de este pueblo del norte. Lo malo es que nos pasa a todos.
A unos más que otros.
A unos con los tomates y a otros con las bombas.
El sábado paseé por el "Trøndersk Marfestival", que es una muestra gastronómica de esta región. La comida tradicional noruega ha sido siempre muy simple. Éste ha sido un país pobre hasta hace relativamente poco: el cima duro ha hecho que la agricultura no haya sido precisamente la joya de la corona, pero el petróleo y el gas han convertido a esta nación en una de las más ricas del mundo, y por eso también quieren enriquecer su cocina. De modo que me encuentro en el "stand" de la organización con un cartel que reza así: "Trøndelag, det nye Toscana", que quiere decir: "Trøndelag, la nueva Toscana". Y claro, me parece que tampoco hay que exagerar. Que cultiven algunas hortalizas en ciertas islas de clima más amable, que pesquen salmones y los marinen y ahumen mejor que nadie, que lleven un par de annos haciendo quesos diferentes a los siempre aburridos de la fábrica estatal "Tine", y que hagan embutidos de carne de reno y de alce no equipara gastronómicamente la región a la Toscana, ni a La Rioja, ni a Tudela, ni a Fraga. Pero ellos son así. Viajan por la Toscana, alquilan mansiones en Provenza para pasar el verano, compran los vinos más caros de Saint-Emilion, de Bourgogne o de Suráfrica, los beben en las mejores copas de cristal danés, leen más que nadie sobre tintos, rosados y blancos... Y aunque en sus genes no hay ni una sola gota de vino tinto, ni un grano de queso parmesano ni una pepita de tomate, los han adoptado ya como intrínsecos a su cuerpo y a su espíritu. Todo esto tiene el encanto un poco ingenuo de los nuevos ricos.
Y tendría más encanto si este creerse el ombligo mundial fuera una excepción de este pueblo del norte. Lo malo es que nos pasa a todos.
A unos más que otros.
A unos con los tomates y a otros con las bombas.
10/08/2005 17:36 Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.
13/08/2005
Hoy
Hoy he recibido la confirmación de que el próximo curso podré seguir trabajando en Zaragoza.
Hoy he pasado la mannana en el centro de la ciudad. Ha llovido sobre las rosas que jalonan las dos barandillas del nuevo puente. Siempre hay flores frescas uniendo una y otra orilla de este río justo en el punto en el que se convierte en mar.
Lo que antes eran los almacenes del puerto y los astilleros se ha convertido en el barrio más fino de Trondheim, y han aflorado restaurantes y bares con terrazas: mantas en cada silla y estufas exteriores para que las tardes puedan ser un poco más largas. Ocurre aquí como en otras ciudades europeas: se están reconvirtiendo los edificios de los ríos de los puertos, las naves industriales; así en los Docklands de Londres, en Amsterdam, en Zürich. Me pregunto cuando en Zaragoza un plan urbanístico moderno, estético, renovador...
Hoy he tenido una cita en la ciudad. No en "Solsiden", que es el nuevo barrio (la traducción, "el lado del sol"), sino en el viejo centro, en el Hotel Britania. Dicho así parece que haya tenido una cita galante y clandestina, pero no. El Hotel Britania fue construido a finales del XIX para albergar a los viajeros ingleses que comerciaban en el fiordo y que empezaban a descubrir las montannas de Trollheimen. Sus salones se encuentran entre los más hermosos del país, especialmente "Palm Haven", "El jardín de las palmeras", decorado en el estilo "Art Nouveau" más escandinavo. El patio cubierto ha recuperado la fuente original y el sonido del agua se mezcla con el del piano: ante él un músico italiano que llegó a esta ciudad allá por los annos sesenta, y que toca para mí canciones espannolas apenas mi amiga nos presenta.
Porque mi cita era con mi amiga Liv (disse ord, kjaere vennine Liv, er til deg). A Liv le gustan las rosas y los ángeles desde antes de que la moda los trivializara. Liv, su nombre significa "vida" en noruego, también es pianista. Alguna vez nos ha recibido en su casa tocando Mozart en un negro piano de cola con las velas de un viejo candelabro de plata como única luz interior en medio de la noche blanca de julio junto al fiordo. No hay ninguna coma en esta frase. Hay veces en que una frase sigue siendo una frase aunque no tenga comas. Hay veces en que la música no tiene silencios y sigue siendo música. Hablamos de libros, de viajes, de días compartidos en Alcalá, de madres... mientras su hija Maria lee con avidez el tomo cuarto de HARRY POTTER.
Hoy mi madre habría cumplido setenta annos.
En esta frase no hay comas, pero sí mucho silencio.
Hoy he pasado la mannana en el centro de la ciudad. Ha llovido sobre las rosas que jalonan las dos barandillas del nuevo puente. Siempre hay flores frescas uniendo una y otra orilla de este río justo en el punto en el que se convierte en mar.
Lo que antes eran los almacenes del puerto y los astilleros se ha convertido en el barrio más fino de Trondheim, y han aflorado restaurantes y bares con terrazas: mantas en cada silla y estufas exteriores para que las tardes puedan ser un poco más largas. Ocurre aquí como en otras ciudades europeas: se están reconvirtiendo los edificios de los ríos de los puertos, las naves industriales; así en los Docklands de Londres, en Amsterdam, en Zürich. Me pregunto cuando en Zaragoza un plan urbanístico moderno, estético, renovador...
Hoy he tenido una cita en la ciudad. No en "Solsiden", que es el nuevo barrio (la traducción, "el lado del sol"), sino en el viejo centro, en el Hotel Britania. Dicho así parece que haya tenido una cita galante y clandestina, pero no. El Hotel Britania fue construido a finales del XIX para albergar a los viajeros ingleses que comerciaban en el fiordo y que empezaban a descubrir las montannas de Trollheimen. Sus salones se encuentran entre los más hermosos del país, especialmente "Palm Haven", "El jardín de las palmeras", decorado en el estilo "Art Nouveau" más escandinavo. El patio cubierto ha recuperado la fuente original y el sonido del agua se mezcla con el del piano: ante él un músico italiano que llegó a esta ciudad allá por los annos sesenta, y que toca para mí canciones espannolas apenas mi amiga nos presenta.
Porque mi cita era con mi amiga Liv (disse ord, kjaere vennine Liv, er til deg). A Liv le gustan las rosas y los ángeles desde antes de que la moda los trivializara. Liv, su nombre significa "vida" en noruego, también es pianista. Alguna vez nos ha recibido en su casa tocando Mozart en un negro piano de cola con las velas de un viejo candelabro de plata como única luz interior en medio de la noche blanca de julio junto al fiordo. No hay ninguna coma en esta frase. Hay veces en que una frase sigue siendo una frase aunque no tenga comas. Hay veces en que la música no tiene silencios y sigue siendo música. Hablamos de libros, de viajes, de días compartidos en Alcalá, de madres... mientras su hija Maria lee con avidez el tomo cuarto de HARRY POTTER.
Hoy mi madre habría cumplido setenta annos.
En esta frase no hay comas, pero sí mucho silencio.
13/08/2005 16:51 Enlace permanente. Hay 2 comentarios.
Ayer
En realidad, HOY fue AYER. No es que quiera seguir el verso de Quevedo, es que este ordenador a veces se desconecta y me hace la pascua.
Ayer fui a una cabanna junto al fiordo. Está situada entre el mar y el tren y allí pasan parte del verano Hans Peter e Inger, que cocinan faisán para nosotros. Lo cazan en las montannas y se guisa con una salsa de enebro, diferentes quesos y mermeladas.
Ayer, mientras yo estaba en esa cabanna junto al fiordo, sonó mi teléfono. Al otro lado, una hermosa voz de mujer cantaba el aria del comienzo del cuarto acto de LA TRAVIATA. La cantaba en directo desde un teatro en Roma.
Ayer yo estuve en Roma, en la ópera, mientras bebía un té en una cabanna junto a un fiordo de la costa noruega.
Gracias por este milagro, ayer.
Ayer, 12 de agosto, era un día difícil.
Pero a veces ocurren milagros.
Ayer fui a una cabanna junto al fiordo. Está situada entre el mar y el tren y allí pasan parte del verano Hans Peter e Inger, que cocinan faisán para nosotros. Lo cazan en las montannas y se guisa con una salsa de enebro, diferentes quesos y mermeladas.
Ayer, mientras yo estaba en esa cabanna junto al fiordo, sonó mi teléfono. Al otro lado, una hermosa voz de mujer cantaba el aria del comienzo del cuarto acto de LA TRAVIATA. La cantaba en directo desde un teatro en Roma.
Ayer yo estuve en Roma, en la ópera, mientras bebía un té en una cabanna junto a un fiordo de la costa noruega.
Gracias por este milagro, ayer.
Ayer, 12 de agosto, era un día difícil.
Pero a veces ocurren milagros.
13/08/2005 14:32 Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.
14/08/2005
Mariposas
Dicen que hay un valle en Méjico donde vuelan millones de mariposas. Lo he leído en la bella novela de Nerea Riesco que ganó este anno el Premio Ateneo Joven. Los indios creen que cada mariposa es el alma de un muerto que baila en su encuentro con las demás almas danzantes.
Esta mannana, cuando me he despertado, he bajado a lavarme los dientes al río, como todas las mannanas en que no llueve o hace frío. En el sendero, he visto decenas de mariposas.
Yo no sé si son también almas danzantes, aquí en este valle de las montannas noruegas. Están posadas sobre la hierba y liban néctar de unas flores amarillas que acaban de salir esta semana. Son pequennas y azules en la superficie horizontal; cuando se posan, los laterales muestran unas franjas anaranjadas más brillantes.
Azul y amarillo sobre el verde de la hierba.
Me gusta verlas danzar al ritmo de "la voz de las aguas".
Y me gusta pensar que puedan ser almas danzantes.
Esta mannana, cuando me he despertado, he bajado a lavarme los dientes al río, como todas las mannanas en que no llueve o hace frío. En el sendero, he visto decenas de mariposas.
Yo no sé si son también almas danzantes, aquí en este valle de las montannas noruegas. Están posadas sobre la hierba y liban néctar de unas flores amarillas que acaban de salir esta semana. Son pequennas y azules en la superficie horizontal; cuando se posan, los laterales muestran unas franjas anaranjadas más brillantes.
Azul y amarillo sobre el verde de la hierba.
Me gusta verlas danzar al ritmo de "la voz de las aguas".
Y me gusta pensar que puedan ser almas danzantes.
14/08/2005 16:34 Enlace permanente. Hay 3 comentarios.
15/08/2005
Sacos de dormir
La tarde ayer era azul sobre el fiordo; el cielo nublado, los platos, el mantel, las velas... todo era azul en la terraza de Liv que mira a este mar encerrado entre montannas. En esta región del norte no es muy normal poder cenar fuera en las noches de verano (en las de invierno, ni mencionarlo), así que los noruegos se preparan: estufas exteriores, mantas, o como ayer, sacos de dormir, azules, para meterme dentro, y cenar, beber vino (poco, que siempre es a mí a quien toca conducir después de estos eventos) y contemplar la primera noche estrellada del verano. Hasta ahora la luz del sol nocturno escondía las estrellas.
Ahora, por fin las noches son noches.
Y traen lejanos perfumes..., de Oriente, del Sur...
Nota: Bienvenidos, de nuevo, J., J., y J., a este blog de mariposas, ríos, mares, música y silencios. Me encanta que estéis ahí. Por cierto, J., que no he podido encontrar tu recomendación sobre Rossini. No sé, J., en qué instituto estaré, pero probablemente seguiré en el Servet porque es automático y hay plaza. Y, J, ?dónde estás?, en las islas o en Luis Vives? Qué alegría saber de ti. Me gusta eso de la camisa convertida en alas de mariposa.
Ahora, por fin las noches son noches.
Y traen lejanos perfumes..., de Oriente, del Sur...
Nota: Bienvenidos, de nuevo, J., J., y J., a este blog de mariposas, ríos, mares, música y silencios. Me encanta que estéis ahí. Por cierto, J., que no he podido encontrar tu recomendación sobre Rossini. No sé, J., en qué instituto estaré, pero probablemente seguiré en el Servet porque es automático y hay plaza. Y, J, ?dónde estás?, en las islas o en Luis Vives? Qué alegría saber de ti. Me gusta eso de la camisa convertida en alas de mariposa.
15/08/2005 17:18 Enlace permanente. Hay 2 comentarios.
17/08/2005
Instintos
Ayer y otros días he estado recolectando frutas del bosque para hacer mermeladas o cosas varias comestibles. Pensaba que ese afán de salir al bosque y recoger lo que el bosque nos da, no es sino un recuerdo genético de la época en que los humanos salíamos a cazar, a depredar, a coger los frutos de la naturaleza.
Así que estos días he sido una depredadora de mirtilos y de otras bayas que aquí llaman "multe": son amarillas, suaves al tacto y crecen a ras del suelo en las montannas en zonas frías, donde la nieve ha estado largo tiempo.
Se comen con azúcar porque son un poco ácidas aunque deliciosas, o envueltas en nata. Yo las prefiero solo con azúcar: una talla más y entraré en profunda depresión.
Hoy no he recolectado frutas, solo he paseado por el hospital. Y pienso en otro instinto que también tenemos grabado en los genes, el de supervivencia. Cómo algunos cuerpos pueden seguir viviendo a pesar de todos los annos vividos. A pesar de tener todos los colores en la piel como cunnos de haber pasado todas las fronteras de la vida. A pesar de que los ojos pueden ser más y más transparentes cada hora que pasa.
Instintos: a veces recolectamos para sobrevivir, a veces por placer. A veces solo sobrevivimos.
Que no es poco.
Así que estos días he sido una depredadora de mirtilos y de otras bayas que aquí llaman "multe": son amarillas, suaves al tacto y crecen a ras del suelo en las montannas en zonas frías, donde la nieve ha estado largo tiempo.
Se comen con azúcar porque son un poco ácidas aunque deliciosas, o envueltas en nata. Yo las prefiero solo con azúcar: una talla más y entraré en profunda depresión.
Hoy no he recolectado frutas, solo he paseado por el hospital. Y pienso en otro instinto que también tenemos grabado en los genes, el de supervivencia. Cómo algunos cuerpos pueden seguir viviendo a pesar de todos los annos vividos. A pesar de tener todos los colores en la piel como cunnos de haber pasado todas las fronteras de la vida. A pesar de que los ojos pueden ser más y más transparentes cada hora que pasa.
Instintos: a veces recolectamos para sobrevivir, a veces por placer. A veces solo sobrevivimos.
Que no es poco.
17/08/2005 18:02 Enlace permanente. Hay 2 comentarios.
18/08/2005
El tiempo
Elja escribió durante 25 annos dos columnas semanales en ADRESSAVISSEN, que es uno de los periódicos principales de este país. Hace varios annos publicó ahí un poema. Traduzco varios de sus versos:
"Los hombres podemos llorar -eso podemos hacer.
Llorar como ninnos pequennos en el bosque oscuro del que sienten que no pueden salir.
Llorar porque no conseguimos aquello que queríamos, o porque lo conseguimos, y ya no era aquello que queríamos.
...
Podemos llorar porque nunca fuimos lo que sonnamos que queríamos ser, o porque sí fuimos lo que sonnamos ser, que ya no era lo que habíamos sonnado.
Podemos llorar sobre la vida cada vez que pasa sobre nosotros, y sobre la vida que no hemos vivido y sobre todos los días que no hemos usado.
Pero al mismo tiempo también podemos reír -eso podemos hacer- podemos reírnos también".
Ahora, Elja está en una cama del hospital.
De vez en cuando, aún puede sonreir. Sí, aún puede.
"Los hombres podemos llorar -eso podemos hacer.
Llorar como ninnos pequennos en el bosque oscuro del que sienten que no pueden salir.
Llorar porque no conseguimos aquello que queríamos, o porque lo conseguimos, y ya no era aquello que queríamos.
...
Podemos llorar porque nunca fuimos lo que sonnamos que queríamos ser, o porque sí fuimos lo que sonnamos ser, que ya no era lo que habíamos sonnado.
Podemos llorar sobre la vida cada vez que pasa sobre nosotros, y sobre la vida que no hemos vivido y sobre todos los días que no hemos usado.
Pero al mismo tiempo también podemos reír -eso podemos hacer- podemos reírnos también".
Ahora, Elja está en una cama del hospital.
De vez en cuando, aún puede sonreir. Sí, aún puede.
18/08/2005 17:52 Enlace permanente. Hay 1 comentario.
19/08/2005
El otro tiempo
Los meteorólogos de aquí dicen que van a subir las temperaturas y que va a salir el sol durante los próximos días. Se suelen equivocar demasiadas veces como para hacerles caso. Hoy he salido de casa, no obstante, con una sola manga larga y he sobrevivido sin problemas. Ayer fueron tres mangas.
En cuanto sale el sol a los noruegos se les abre muchísimo la sonrisa. Enseguida se ponen la camiseta de tirantes o de manga corta; algunos incluso pasean por el centro de la ciudad solo con los pantalones cortos y el torso al descubierto. Puedo asegurar que nunca es para tanto. Pocos son los días de verano en que yo, yo misma, salgo solo con la camisa encima de la piel. Siempre me parece que va a ser una temeridad y siempre llevo algún "porsiacaso" en el bolso, en forma de chaqueta, pannuelo o prenda similar.
Aquí el otonno empieza en agosto. En las montannas ya empiezan los colores rojos en algunos árboles y sobre todo en las hojas de los mirtilos y en el brezo.
En fin, que hoy no sabía de qué escribir y me he decidido por el tiempo. La alternativa hospitalaria no era apropiada en el primer día de agosto nórdico soleado.
En cuanto sale el sol a los noruegos se les abre muchísimo la sonrisa. Enseguida se ponen la camiseta de tirantes o de manga corta; algunos incluso pasean por el centro de la ciudad solo con los pantalones cortos y el torso al descubierto. Puedo asegurar que nunca es para tanto. Pocos son los días de verano en que yo, yo misma, salgo solo con la camisa encima de la piel. Siempre me parece que va a ser una temeridad y siempre llevo algún "porsiacaso" en el bolso, en forma de chaqueta, pannuelo o prenda similar.
Aquí el otonno empieza en agosto. En las montannas ya empiezan los colores rojos en algunos árboles y sobre todo en las hojas de los mirtilos y en el brezo.
En fin, que hoy no sabía de qué escribir y me he decidido por el tiempo. La alternativa hospitalaria no era apropiada en el primer día de agosto nórdico soleado.
19/08/2005 17:12 Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.
20/08/2005
Friedrich
La otra noche no tenía nada nuevo que leer en la cabanna. Me puse a buscar y encontré una vieja revista cultural noruega en la mesilla. Con gran esfuerzo idiomático intento buscar algo que me interese y voilà que me topo con tres poemas de Alberti traducidos al noruego (los tres de SOBRE LOS ÁNGELES) y con un artículo sobre pintura noruega en la que se habla de Caspar David Friedrich.
Allí me entero de que Friedrich quedó olvidado en Alemania después de su muerte, y de que ningún museo de su país guardaba cuadro alguno de él. Parece ser que fue el investigador noruego Andreas Aubert el que lo descubrió a través de las cartas y de los diarios del pintor escandinavo J.C. Dahl (1766-1857), que había sido amigo y alumno del gran paisajista romántico. Aubert viajó a Dresde y a Berlín para escribir sobre Dahl y sus fuentes y se encontró con cuadros de Friedrich en la humedad de los sótanos del museo de Dresden y en algunas casas particulares. El investigador escribió sobre Caspar David en alemán un artículo, y fue a partir de ese momento, allá por 1890, cuando Friedrich empezó a ser reconocido en su país como un gran artista.
Hoy nadie tiene duda alguna de que Friedrich es uno de los grandes, y probablemente el más grande entre los pintores románticos. Nadie como él ha sabido pintar la soledad del hombre ante el mundo, en la montanna, en el crepúsculo, en la niebla, ante el mar embravecido. Nadie como él ha intuido la grandeza y la pequennez del ser humano en un mismo instante, en el mismo gesto de esos rostros que no vemos porque miran casi lo mismo que nosotros: ellos solo ven la naturaleza a su alrededor, pero nosotros vemos también su soledad, que es la nuestra.
Por eso Friedrich sigue haciéndonos temblar.
Porque nos ensenna nuestra propia sucesión de soledades.
Allí me entero de que Friedrich quedó olvidado en Alemania después de su muerte, y de que ningún museo de su país guardaba cuadro alguno de él. Parece ser que fue el investigador noruego Andreas Aubert el que lo descubrió a través de las cartas y de los diarios del pintor escandinavo J.C. Dahl (1766-1857), que había sido amigo y alumno del gran paisajista romántico. Aubert viajó a Dresde y a Berlín para escribir sobre Dahl y sus fuentes y se encontró con cuadros de Friedrich en la humedad de los sótanos del museo de Dresden y en algunas casas particulares. El investigador escribió sobre Caspar David en alemán un artículo, y fue a partir de ese momento, allá por 1890, cuando Friedrich empezó a ser reconocido en su país como un gran artista.
Hoy nadie tiene duda alguna de que Friedrich es uno de los grandes, y probablemente el más grande entre los pintores románticos. Nadie como él ha sabido pintar la soledad del hombre ante el mundo, en la montanna, en el crepúsculo, en la niebla, ante el mar embravecido. Nadie como él ha intuido la grandeza y la pequennez del ser humano en un mismo instante, en el mismo gesto de esos rostros que no vemos porque miran casi lo mismo que nosotros: ellos solo ven la naturaleza a su alrededor, pero nosotros vemos también su soledad, que es la nuestra.
Por eso Friedrich sigue haciéndonos temblar.
Porque nos ensenna nuestra propia sucesión de soledades.
20/08/2005 15:53 Enlace permanente. Hay 2 comentarios.
22/08/2005
DISCURSOS
Pasaron los annos y en Noruega asistí a diferentes "celebraciones" con discursos: la más hermosa, entrannable y dura fue la del funeral de Øivind, para el que él mismo había organizado el orden de los discursos y los poemas que se debían leer. Después, una comida en un restarurante para los asistentes que habían sido previamente invitados. El anno pasado, yo misma leí unas palabras el final del funeral de mi madre en Zaragoza.
Hece unos días asistí en Trondheim a la fiesta del 50 cumpleannos de Sissel, una amiga. No hubo uno ni dos ni tres discursos, sino varias horas en las que se sucedieron "taler" (aquí los llaman así) y canciones escritas para la ocasión. No me fue difícil desconectar en el quinto o en el sexto, qué más da, especialmente cuando duraba ya más de media hora.
Hay una cosa que opino de este tipo de discursos, o mejor dicho, tres cosas: la primera es que no deben durar más de cinco minutos; la segunda es que deben ser suficientemente inteligentes y no caer en el sentimentalismo de culebrón; la tercera es que no hay que pretender que lo que uno ha experimentado con el festejado, esté vivo o muerto, tenga que interesar al resto de los invitados, porque no es así.
Yo soy de las cantan (o, más bien, cantaban) en las reuniones y en las fiestas. Siempre me gustó coger la guitarra y cantar. Cada vez la toco menos y peor, y las afonías de los últimos annos han dejado mi voz más débil. Canté en la boda de Begonna, mi querida amiga, y hasta en la mía. Pero también me parece que hay un límite sobre cuánto y qué cantar. Aborrezco ciertas jotas de letras infames que se cantan en las bodas con la única e insana intención de hacer llorar a los padres de la novia. Recuerdo que en la mía le pedí a una persona que cantaba jotas, que cantara todas las que quisiera menos esa de palabras vocacionales hacia la lágrima familiar, porque no estaba el horno para esos bollos. Y la cantó, después de pedirle por favor que no lo hiciera, la cantó.
Es obvio que hay momentos en los que es mejor estar callado.
22/08/2005 17:56 Enlace permanente. Hay 2 comentarios.
24/08/2005
HUESOS
Me duelen todos los huesos de los que tengo conciencia que existen en mi cuerpo. Hoy he terminado de recolectar-depredar mirtilos y "multe" junto a la cabanna. Más de tres quilos de mirtilos uno a uno. Con azúcar son una delicia que sabe a bosques y a montannas. Mannana pediré una receta muy exquisita de mermelada a ver si soy capaz de hacerla.
Entre mirtilo y mirtilo, la lectura de estos días es MEMORIA PERSONAL de Antoni Tapiès. Una autobiografía traducida por Pere Gimferrer que muestra al gran escritor que es el pintor catalán. Hace dos veranos visitamos su museo en Barcelona, y me impresionó especialmente su Biblioteca: hay decenas de libros solo de arte africano. Copiaré aquí un párrafo sobre lo que es su concepto del arte, que me parece sugerente y evocador. Apropiado para la meditación:
"La finalidad del cuadro no era representar cosas, no tenía que describir cosas, como la pintura académica, la impresionista e incluso, en parte, la cubista, sino que debía ser una cosa, un objeto cargado de energía mental que el artista le incorpora, una especie de carga eléctrica que, al ser tocada por el espectador de sensibilidad adecuada, es decir, de su misma onda, desencadena determinadas emociones. [...] Yo decía, en sentido figurado, que el "valor de presencia" tenía que ser tan fuerte como el de un talismán o de un icono que, sólo con tocarlos con la mano o aplicándolos al cuerpo, hicieran sentir sus efectos benéficos. En estas ideas hay que reconocer también la influencia de las artes mágicas, del arte negro y oceánico".
Una carga eléctrica.
Un escalofrío.
Una emoción.
Ante un cuadro, en un teatro de ópera, en la página de un libro.
En el color de los mirtilos de hojas ya rojas porque el otonno está llegando a estos bosques.
En el sabor de los mirtilos que me acabo de comer.
Entre mirtilo y mirtilo, la lectura de estos días es MEMORIA PERSONAL de Antoni Tapiès. Una autobiografía traducida por Pere Gimferrer que muestra al gran escritor que es el pintor catalán. Hace dos veranos visitamos su museo en Barcelona, y me impresionó especialmente su Biblioteca: hay decenas de libros solo de arte africano. Copiaré aquí un párrafo sobre lo que es su concepto del arte, que me parece sugerente y evocador. Apropiado para la meditación:
"La finalidad del cuadro no era representar cosas, no tenía que describir cosas, como la pintura académica, la impresionista e incluso, en parte, la cubista, sino que debía ser una cosa, un objeto cargado de energía mental que el artista le incorpora, una especie de carga eléctrica que, al ser tocada por el espectador de sensibilidad adecuada, es decir, de su misma onda, desencadena determinadas emociones. [...] Yo decía, en sentido figurado, que el "valor de presencia" tenía que ser tan fuerte como el de un talismán o de un icono que, sólo con tocarlos con la mano o aplicándolos al cuerpo, hicieran sentir sus efectos benéficos. En estas ideas hay que reconocer también la influencia de las artes mágicas, del arte negro y oceánico".
Una carga eléctrica.
Un escalofrío.
Una emoción.
Ante un cuadro, en un teatro de ópera, en la página de un libro.
En el color de los mirtilos de hojas ya rojas porque el otonno está llegando a estos bosques.
En el sabor de los mirtilos que me acabo de comer.
24/08/2005 21:46 Enlace permanente. Hay 1 comentario.
25/08/2005
CUCHARILLAS DE PLATA
En mi casa no había cubertería de plata. La clase trabajadora y funcionarial a la que ha pertenecido mi familia desde las últimas décadas comía con cubiertos de acero inoxidable, como mucho de alpaca plateada. La plata estaba reservada a las familias de la alta burguesía. Al menos eso creía yo de pequenna. Las cuberterías de plata estaban rodeadas para mí de un cierto sabor de clase y elegancia. Muy cierto, sí.
Por eso la primera vez que vine a Noruega me creí que aquí todos eran ricos: en todas las casas en las que estuve invitada a cenar o a tomar el té había servicios completos de plata. Cucharillas de diferentes tamannos con el mango lleno de filigranas que dibujaban rosas, espirales y formas de los viejos días; tenedores minúsculos de dos púas (como los que se inventaron en la Venecia del siglo XIV, los de tres púas los inventó Leonardo, según he leído en un libro de cocina escrito por el propio da Vinci) para el salmón o los arenques en salsa; paletas para las tartas, cuchillos para la mantequilla, pequennas pinzas para los azucarillos... En fin, un tesoro plateado en cada casa que visitaba. Los propietarios, profesores, intelectuales que repudiaban la plata en los annos sesenta y setenta porque era cosa de las abuelas, y que ahora la muestran en cada ocasión propicia, y la usan en cuanto tienen invitados en casa. Sé de alguien que en los setenta vendió toda la plata heredada para pasar una semana de vacaciones en París.
Lo mismo hago yo con la parte que me ha tocado (utilizarla, no venderla para ir a París): cuando uno se casa, los regalos de boda suelen ser piezas de cubertería de plata. Esta es la razón por la que aquí todo el mundo,o casi todo el mundo, las tiene.
Hoy he estado en una tienda de antigüedades y he comprado algunas piezas, tres para regalar, tres para mí. Son mucho más baratas que las que compras nuevas en la joyería y tienen ese aire vivido de lo usado. No puedo dejar de preguntarme a quién pertenecieron y en qué momentos de su vida alguien las usó o las dejó en el cajón.
El caso es que a mí, que soy una chica de barrio (lo de chica tal vez debería cambiarlo, pero no, todavía no)y me gusta serlo, me gusta también eso de servir el té, las pastas y la mermelada con las cucharillas de plata. Observar las espirales de sus dibujos, tenerlas entre los dedos, tocar el brillo satinado por la pátina de los annos, de otras manos.
Pequennos placeres para tener entre manos.
Por eso la primera vez que vine a Noruega me creí que aquí todos eran ricos: en todas las casas en las que estuve invitada a cenar o a tomar el té había servicios completos de plata. Cucharillas de diferentes tamannos con el mango lleno de filigranas que dibujaban rosas, espirales y formas de los viejos días; tenedores minúsculos de dos púas (como los que se inventaron en la Venecia del siglo XIV, los de tres púas los inventó Leonardo, según he leído en un libro de cocina escrito por el propio da Vinci) para el salmón o los arenques en salsa; paletas para las tartas, cuchillos para la mantequilla, pequennas pinzas para los azucarillos... En fin, un tesoro plateado en cada casa que visitaba. Los propietarios, profesores, intelectuales que repudiaban la plata en los annos sesenta y setenta porque era cosa de las abuelas, y que ahora la muestran en cada ocasión propicia, y la usan en cuanto tienen invitados en casa. Sé de alguien que en los setenta vendió toda la plata heredada para pasar una semana de vacaciones en París.
Lo mismo hago yo con la parte que me ha tocado (utilizarla, no venderla para ir a París): cuando uno se casa, los regalos de boda suelen ser piezas de cubertería de plata. Esta es la razón por la que aquí todo el mundo,o casi todo el mundo, las tiene.
Hoy he estado en una tienda de antigüedades y he comprado algunas piezas, tres para regalar, tres para mí. Son mucho más baratas que las que compras nuevas en la joyería y tienen ese aire vivido de lo usado. No puedo dejar de preguntarme a quién pertenecieron y en qué momentos de su vida alguien las usó o las dejó en el cajón.
El caso es que a mí, que soy una chica de barrio (lo de chica tal vez debería cambiarlo, pero no, todavía no)y me gusta serlo, me gusta también eso de servir el té, las pastas y la mermelada con las cucharillas de plata. Observar las espirales de sus dibujos, tenerlas entre los dedos, tocar el brillo satinado por la pátina de los annos, de otras manos.
Pequennos placeres para tener entre manos.
25/08/2005 18:04 Enlace permanente. Hay 2 comentarios.
26/08/2005
EL PISO DE ABAJO
Después de varios días críticos, Elja ha vuelto a casa. En realidad, la casa de Elja no es una casa, es una de esas residencias para ancianos que aquí llaman OMSORSBOLING O SYKEHJEM. Elja lleva tres annos viviendo en un apartamento con asistencia continua: las enfermeras y asistentes van y vienen a menudo, y siempre que necesita ayuda, aprieta el botón de alarma que cuelga de su cuello y alguien acude muy pronto. La residencia es nueva y está situada en una de las zonas de desarrollo urbanístico moderno de la ciudad, junto al fiordo. Desde la terraza del piso se ve ese mar encerrado que ayer estaba especialmente gris.
Pero nunca he visto a ningún anciano asomado a la ventana, o sentado en la terraza. La edad da demasiado frío.
Elja no quería bajar al piso de abajo: allí residen los más enfermos, los pisos son solo habitaciones con banno, y hay zonas comunes. Bajar al piso de abajo del edificio es como bajar un piso en la carrera descendente de la vida. Todo el mundo que vive allí lo sabe. A Elja le han dado el cuarto de la esquina occidental. Está casi encima del mar, pero no lo puede ver. Está tan cerca que se oyen las olas aun con la ventana cerrada, pero no lo puede oír. En el pasillo, una mujer canta en voz alta una canción que habla de Shanghai; otra se pasea con un munneco de trapo en forma de pingüino. En el comedor, el hombre que se parece a Furtwangler bebe un café mirando quién sabe qué en el fondo de la taza.
No, ella no quería bajar al piso de abajo.
Pero nunca he visto a ningún anciano asomado a la ventana, o sentado en la terraza. La edad da demasiado frío.
Elja no quería bajar al piso de abajo: allí residen los más enfermos, los pisos son solo habitaciones con banno, y hay zonas comunes. Bajar al piso de abajo del edificio es como bajar un piso en la carrera descendente de la vida. Todo el mundo que vive allí lo sabe. A Elja le han dado el cuarto de la esquina occidental. Está casi encima del mar, pero no lo puede ver. Está tan cerca que se oyen las olas aun con la ventana cerrada, pero no lo puede oír. En el pasillo, una mujer canta en voz alta una canción que habla de Shanghai; otra se pasea con un munneco de trapo en forma de pingüino. En el comedor, el hombre que se parece a Furtwangler bebe un café mirando quién sabe qué en el fondo de la taza.
No, ella no quería bajar al piso de abajo.
26/08/2005 10:31 Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.
FÜRTWANGLER
Øivind nunca estuvo en el piso de abajo. Él se fue sin avisar, como Concha, como Jesús, de otra manera, pero igual de deprisa.
Øivind vivió un anno en Londres en 1947. Fue a estudiar los tipos de café y su comercialización. Parece un poco raro pero es verdad. Acababa de terminar la guerra, había hambre y pobreza también aquí en el norte, y a él su jefe lo mandó a estudiar café a Londres. Con todos los gastos pagados. Entonces tenía treinta annos y dicen que era el hombre más guapo de la ciudad. Lo creo. He visto sus fotos de juventud, y lo conocí con sus setenta elegantes annos. Era un gentleman de los de otros tiempos.
Øivind fundó el primer grupo de jazz en la ciudad y siempre tocó el piano. Ese piano gris en el que estos días intento encontrar alguna melodía con poca fortuna. En Londres escuchó a Fürtwangler. Dicen que fue el concierto más polémico de la historia: dos annos después de acabar la guerra, tocaba en Londres el hombre que había dirigido la Filarmónica de Berlín en los annos treinta. De él se ha dicho de todo: unos dicen que miraba hacia otro lado cuando las SS venían a buscar a los músicos judíos de su orquesta, otros dicen que interdeció por ellos ante las autoridades nazis sin fruto. Sus biógrafos tienen la tarea. A mí, ahora, me quedan otros recuerdos: su FLAUTA MÁGICA, majestuosa, muy diferente de la más mística de Otto Klemperer, o la más vitalista de Solti (esta última con una maravillosa Pilar Lorengar como Pamina). Y sus Sinfonías de Beethoven. Øivind en Londres lo escuchó dirigir la Séptima Sinfonía. Cuarenta annos después recordaba ese momento como el más grande vivido por él en una sala de conciertos.
Poco despúes, un día de mayo de 1995, yo escuchaba el andante de esa sinfonía en una iglesia de Trondheim. Øivind había elegido ese movimiento de la Séptima de Beethoven para su funeral. La misma sinfonía que en 1947 Fürtwangler había elegido para su primer concierto en Londres después del infierno.
Øivind vivió un anno en Londres en 1947. Fue a estudiar los tipos de café y su comercialización. Parece un poco raro pero es verdad. Acababa de terminar la guerra, había hambre y pobreza también aquí en el norte, y a él su jefe lo mandó a estudiar café a Londres. Con todos los gastos pagados. Entonces tenía treinta annos y dicen que era el hombre más guapo de la ciudad. Lo creo. He visto sus fotos de juventud, y lo conocí con sus setenta elegantes annos. Era un gentleman de los de otros tiempos.
Øivind fundó el primer grupo de jazz en la ciudad y siempre tocó el piano. Ese piano gris en el que estos días intento encontrar alguna melodía con poca fortuna. En Londres escuchó a Fürtwangler. Dicen que fue el concierto más polémico de la historia: dos annos después de acabar la guerra, tocaba en Londres el hombre que había dirigido la Filarmónica de Berlín en los annos treinta. De él se ha dicho de todo: unos dicen que miraba hacia otro lado cuando las SS venían a buscar a los músicos judíos de su orquesta, otros dicen que interdeció por ellos ante las autoridades nazis sin fruto. Sus biógrafos tienen la tarea. A mí, ahora, me quedan otros recuerdos: su FLAUTA MÁGICA, majestuosa, muy diferente de la más mística de Otto Klemperer, o la más vitalista de Solti (esta última con una maravillosa Pilar Lorengar como Pamina). Y sus Sinfonías de Beethoven. Øivind en Londres lo escuchó dirigir la Séptima Sinfonía. Cuarenta annos después recordaba ese momento como el más grande vivido por él en una sala de conciertos.
Poco despúes, un día de mayo de 1995, yo escuchaba el andante de esa sinfonía en una iglesia de Trondheim. Øivind había elegido ese movimiento de la Séptima de Beethoven para su funeral. La misma sinfonía que en 1947 Fürtwangler había elegido para su primer concierto en Londres después del infierno.
26/08/2005 15:59 Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.
31/08/2005
Ñ
Pasar fuera del país el verano tiene sus cosas: ahora me cuesta trabajo poner las tildes sobre las vocales de una manera directa, y ya puedo poner la -ñ-.
Pasar el verano fuera del país tiene otras cosas; por ejemplo, si estás en Noruega:
- No hay que ver las caras de nuestros políticos todos los días en el telediario.
- Puedes ver una película en la televisión sin que te la corten periódicamente para aconsejarte a que compres cuatro coches, tres cremas, cinco chocolatinas y un detergente.
- Puedes ver esa misma película en versión original y no tener que escuchar a Robert Redford (es un decir) hablando un idioma ajeno.
- No tienes que ver verjas y rejas en todas las casas de la ciudad: bajos, primeros pisos, etc.
- No tienes que ir a un restaurante y salir apestando a tabaco.
- No tienes que ver las caras de esos futbolistas llamados galácticos en los periódicos. Caras que te recuerdan que eres una pardilla que por mucho que te esfuerces en trabajar nunca conseguirás ni una centésima parte de lo que ellos ganan por cada patada bien o mal dada a un balón, mientras corren detrás de él con pantalones cortos.
Siempre me cuesta unos días adaptarme, al olor a tabaco, a la televisión, a las rejas..., y a la -ñ-.
A veces la percepción del tiempo y del espacio nos traiciona. Especialmente gracias al avión: tu cuerpo está ya en el destino, pero tu espíritu se queda aún unos días en el aeropuerto de origen.
Con las diligencias no pasaba esto.
Ni muchas otras cosas.
Pasar el verano fuera del país tiene otras cosas; por ejemplo, si estás en Noruega:
- No hay que ver las caras de nuestros políticos todos los días en el telediario.
- Puedes ver una película en la televisión sin que te la corten periódicamente para aconsejarte a que compres cuatro coches, tres cremas, cinco chocolatinas y un detergente.
- Puedes ver esa misma película en versión original y no tener que escuchar a Robert Redford (es un decir) hablando un idioma ajeno.
- No tienes que ver verjas y rejas en todas las casas de la ciudad: bajos, primeros pisos, etc.
- No tienes que ir a un restaurante y salir apestando a tabaco.
- No tienes que ver las caras de esos futbolistas llamados galácticos en los periódicos. Caras que te recuerdan que eres una pardilla que por mucho que te esfuerces en trabajar nunca conseguirás ni una centésima parte de lo que ellos ganan por cada patada bien o mal dada a un balón, mientras corren detrás de él con pantalones cortos.
Siempre me cuesta unos días adaptarme, al olor a tabaco, a la televisión, a las rejas..., y a la -ñ-.
A veces la percepción del tiempo y del espacio nos traiciona. Especialmente gracias al avión: tu cuerpo está ya en el destino, pero tu espíritu se queda aún unos días en el aeropuerto de origen.
Con las diligencias no pasaba esto.
Ni muchas otras cosas.
31/08/2005 11:44 Enlace permanente. Hay 1 comentario.


