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AL ESTE DEL CANAL, blog de ANA ALCOLEA

MUÑECAS II

MUÑECAS II

Portada de la primera edición de  CASA DE MUÑECAS,

DE HENRIK IBSEN, de 1879

Fotografía de Javier Torres

 

 

Este es el año aniversario de Ibsen, y estos días comienzan actividades en torno a su figura y su obra en Oslo. Yo empiezo hoy lectura de CASA DE MUÑECAS con un grupo de alumnos. Les contaré que detrás de Nora hay una mujer real, que se llamaba Laura Kieler, que fue amiga de Ibsen en Alemania, que se casó y firmó un pagaré falso para mejorar la salud de su marido, que había nacido en Steinkjer, una pequeña localidad del fiordo de Trondheim, que años después fue bombardeada por los nazis.

Que Laura, cuando aún se apellidaba Petersen, leyó BRAND, aquella primera obra de Henrik, sobre  un sacerdote y sus crisis (que tanto influyó en Unamuno y su SAN MANUEL BUENO, MÁRTIR), que escribió un librito atacándola, y que a partir de entonces empezó una relación epistolar con Ibsen.

Que, tal vez, en algún momento hubo algo más que amistad, pero que eso no nos importa.

Y que Laura le pidió, varias veces, a Ibsen que dijera públicamente que ella no era Nora, porque su reputación había quedado en entredicho en muchos círculos intelectuales europeos de la época.

Que Ibsen nunca lo hizo: él abogó siempre por la verdad, cayera quien cayera.

Según él la verdad... Sólo que los mediocres no pueden vivir con ella, ni aceptarla. Eso también lo dijo Ibsen: Torvald, por ejemplo.

Laura sí pudo seguir viviendo con el peso de Nora a sus espaldas.

INFANCIAS

Leo con mis alumnos LA INFANCIA Y SUS CÓMPLICES de Fernando Sanmartín. Empezamos la clase con la lectura y comentario de un capítulo.  Se supone que después debemos dedicarnos a las "Proposiciones Subordinadas Sustantivas", que es de lo menos excitante que conozco en materia lingüística.

Pues bien, no hay manera. Leemos un párrafo y nos da para una clase entera: los miedos infantiles, las colecciones secretas, el barrio, la escuela, los castigos, la enciclopedia Álvarez. En fin, que las subordinadas se quedan, como mucho, con diez minutos, que es en realidad lo que se merecen: por llamarse "proposiciones" y no ser nada más que frases (o lo que sea)sujetas a una matematización inútil, y por llamarse "subordinadas"; y es que una proposición, o es honesta o es deshonesta, o las dos cosas a la vez, pero subordinada, precisamente subordinada... pues no.

En fin, que nos da mucho de sí este librito pequeño en tamaño, pero "mayor en prez" que muchos, que muchísimos.

Una delicia con la que disfrutar en casa y en clase.

Incomparable con cualquier tipo de "subordinación".

 

NOTAS: El cortometraje de Pilar Palomero ha sido seleccionado por la revista "Fotogramas". Podéis verlo en la página web de FOTOGRAMAS. Es hermosísimo, lleno de ternura y de buen hacer.

El próximo lunes en Ámbito Cultural de ECI, Rosendo Tello, Premio de las Letras Aragonesas, será entrevistado por Juan Bolea y por Javier Barreiro.

Nuestro querido Antón ha perdido a Leoncio, su "padre aragonés", como le llama en el bellísimo y entrañable artículo de hace dos días. Desde aquí le mandamos nuestro cariño, a él, a Carmen y a los chicos.

INSTITUTOS

Vuelvo a recorrer geografía para hablar de collares desaparecidos y de medallones perdidos. Justo antes de Navidad estuve en Ejea de los Caballeros. Allí hay dos institutos, el "Reyes Católicos" y "Cinco Villas". Me gusta ir a Ejea: allí vivían amigas de mi madre, y cuando era pequeña veraneé en Biota varios años. Tuve amigas yo también, y me gustó alguien: pero aquello se acabó antes de llegar siquiera a empezar. Como casi siempre.

Me gusta ir a Ejea, sí: a veces conozco hijos o nietos de personas con las que compartí una parte de mi infancia, como a Ángeles, que es nieta de Carmen, que era vecina de mi tía Pilar, a la que yo adoraba. Otras veces me llevo la sorpresa de los reencuentros: allí dan clase compañeros míos de la Facultad de Zaragoza: Eva, Pilar, Pepe. Aprobé las oposiciones que me dan de comer gracias al tema maravilloso que preparó Pepe, José Sánchez: nos habíamos dividido los temas entre un grupo de colegas, y a mí me tocó el tema uno:"El lenguaje. Clases de lenguaje. Las lenguas". Nunca lo olvidaré. Era un tema brillante. Y después de muchos años, el año pasado, cuando llegué al "Reyes Católicos", allí estaba. Le pude dar las gracias en público.

Hoy he estado en el IES "Lucas Mallada" de Huesca. Entre Carlotas y Benjamines, entre medallones y máscaras de carnaval, allí están Tamara, Polita, Andrea, Yasmin, Cristina, Esther, María José, Virginia y muchos chicos más con los que hablamos de África, de Venecia, de castañas de Huesca. Hay personas que te reconcilian con una parte de la vida, de las sensaciones, y del alma que creías adormecida. Eso me ha pasado esta mañana con estos muchachos, que me han transmitido entusiasmo y emoción a través de sus palabras, de sus miradas. Gracias a todos por ello: la magia, ya sabéis.

Con Paco, mi compañero de la editorial, y con las profesoras Carmen y Mamen tomamos un café en un restaurante cercano. Es San Antón, hay puchero que huele que alimenta. Me cuenta Mamen que la caja de hoy es voluntaria y se echa en unos cerditos-hucha, y que luego se lleva a una residencia benéfica.

Huesca. Sus castañas. Las pajaritas de papel. Las de chapa. Las que cantan junto a las cajas de música.

Me regalan un dossier de actividades para acercar la figura de Ramón Acín a los estudiantes. Veo sus cuadros llenos de color y vuelve a mi cabeza (¿acaso se había ido?) la melodía de "La última rosa del verano". Algo consigue sonar también dentro de mí. La conferencia de Víctor Juan en Torrero hace unas semanas, la ópera MARTHA de Javier. Y me siento doblemente privilegiada hoy: por estos chicos de Huesca llenos de alegría (de la de verdad, de la que sonríe dentro de cada órgano vital), y por  los hacedores de sueños, los hacedores de cajas de música.

Hoy lucía el sol sobre la carretera, como al otro lado de la ventana de los veladores ante el balcón, en el cuadro de Acín.

Gracias por este sol.

 

NOTA: Precisamente, en la página de ayer de V.Juan, y en el blog de hoy de A. Castro (ver enlaces ahí, a vuestra derecha), hay un texto delicioso de Víctor sobre su infancia. Víctor Juan da clase actualmente en el mismo aula en que impartía sus enseñanzas Ramón Acín hasta julio del 36.

AGENDAS II

Pues resulta que la he perdido. Sí, esa agenda que el otro día me dio para pensamientos "reglados" crecientes y decrecientes. Se ve que no estaba cómoda a mi lado después de lo que escribí sobre ella, y se ha ido.

No volveré a tocar su piel suave, la que apenas rocé un par de veces.

Lo nuestro se acabó antes de empezar.

No obstante, la esperaré antes de buscarle sustituta.

A veces vuelven.

¡Ha vuelto! La acabo de encontrar. Qué fiel.

 

NOTA: ¿Alguien puede echarle una mano a Ricardo, comentario 2 de ayer, con su blog? Gracias.

BIZCOCHOS

Hay mañanas de domingo que huelen a bizcocho haciéndose en el horno.

El de hoy es de chocolate y piel de mandarina.

 

CONCIERTOS

No vi el Concierto de Año Nuevo desde Viena. Estaba en la cabaña, lejos del mundanal ruido y no tenemos tele. La hubo hace tiempo, pero un día alguien la robó: entraron por la ventana, se llevaron una botella de whisky y la televisión. Lo de la botella lo sentí, no por el contenido sino por el continente, que era una pieza antigua. De lo de la tele me alegré. Además, los ladrones fueron discretos y cuidadosos: cerraron la ventana lo mejor que pudieron cuando se marcharon.

Lo que sigue habiendo es una radio. Así que a las doce y cuarto del día 1 la puse, y allí estaba la Filarmónica de Viena arrancando los primeros compases. Esta vez dirigió Maris Jansons, que ha sido director de la Filarmónica de Oslo durante muchos tiempo. Hace unos años, sufrió un infarto a punto de terminar el cuarto acto de LA BOHEME, en pleno teatro de la ópera. Se sintió mal, quiso continuar, y su pundonor a punto estuvo de costarle la vida: se desplomó poco antes que Mimí.

Cuando era pequeña, deseaba que llegara el Año Nuevo para ver en la tele aquel concierto, con aquellas flores de la Riviera italiana que siguen decorando la sala del Musikverein (creo que no se escribe así), con aquellas bailarinas maravillosas de vestidos de gasa que saltaban y se quedaban suspendidas en el aire al ritmo del Danubio azul. Al principio, las veía en blanco y negro y grises; luego sus trajes se convirtieron en organzas tan azules como el río o tan rosas como el cielo invernal. Aquellos fueron mis primeros contactos con la música clásica, y cada vez que se acababa el concierto, se me encogía el corazón de pensar que tenía que esperar todo un año hasta la próxima vez. Allí vi por primera vez la cara de Karajan, de Maazel, o de Ricardo Mutti, que fue el primero en sustituir  el clásico uniforme: melena negra rayada por la mitad, eligió  una levita marrón, de aire proustiano, dijo la voz del presentador.

Cuando mi padre compró el primer tocadiscos, adquirió con él muchos discos de vinilo, pequeños y grandes. Recuerdo dos de los grandes: Uno contenía las Danzas del PRINCIPE IGOR de Borodin, y lo puse tantas veces que me aprendí la melodía de memoria, hasta me inventé una coreografía que bailaba sobre la alfombra del salón. El otro era de  valses de Strauss, en la portada,  una bailarina de ojos maquillados de rimmel y línea azul como su capa que hacía soñar; yo quería ser como ella.

 

MUÑECAS

Hay muñecas libres y otras a las que atan.

Hay muñecas de porcelana, de plástico, de madera. Pero también de carne. Y de hueso.

Hay muñecas que no saben que son muñecas.

"Hice piruetas para caerte en gracias, porque era eso lo que se esperaba de mí", le dice Nora a Torvald.

Ella sí que supo que era una muñeca, y se fue.

Leeré CASA DE MUÑECAS de Henrik Ibsen con mis alumnos. En 1879 su estreno fue una revolución. Y un escándalo.

Y hoy lo sigue siendo.

Más de cien años. No aprendemos nada. En la memoria genética no se queda casi nada.

Acaso, el recuerdo de las cavernas.

No me refiero a las de Platón, claro.

AGENDAS


Vuelve a caer la niebla sobre Zaragoza cuando bajo al centro a comprarme una agenda. Todavía nadie me ha regalado una este año, la que tengo de escritorio no la puedo llevar en el bolso porque ya me empieza a doler la espalda. El gimnasio lo tengo olvidado y se nota. Me hacía urgente falta así que me he adelantado.

Siempre me he preguntado por qué algunas agendas llevan una regla, generalmente transparente, incorporada. No sé, creo que a mí no me hace ninguna falta en mi vida cotidiana. Cualquier otra cosa sería más útil para el uso diario: una goma de borrar, un bloque de hojitas adhesivas amarillas, un salvaeslip, una toallita desmaquillante, qué se yo; pero una regla... Esta mía de hoy tiene quince centímetros. Tal vez la pongan para comprobar las dimensiones crecidas o decrecidas de eso en lo que estáis pensando. De hecho, esta agenda que he comprado me ha parecido diseñada pensando en los congéneres de sexo masculino. No sé por qué, pero he tenido esa asociación de ideas. Y desde luego que la regla no la han puesto para medir el tamaño de los Montes Urales en el mapa que también incorpora en una de sus últimas páginas. Eso sí, las tapas tienen un tacto estupendo: son todo suavidad.

En fin, corramos un tupido velo.

Aunque sea de niebla.

NOVELA

Ayer después de varios meses, conseguí retomar mi novela: escribí cuatro folios.

Habrá que cambiar casi todo, pulir, retocar, tal vez borrar, pero al menos he roto con el pánico a la hoja en blanco: la hoja virtual blanca.

Cuando cogí mi cuaderno de la estantería del pasillo, miraba el ordenador en el rincón que me esperaba con la pantalla abierta como para engullirme. Me daba pudor, miedo, pánico, sí, sentarme y empezar de nuevo con la historia de Angélica. Revisar mis apuntes, los libros que estoy consultando para la parte de trasfondo histórico, las ideas anotadas sobre páginas de verdad. Trasvasarlas, convertirlas en frases coherentes, en personajes, en paisajes, en callejuelas laberínticas... Todo eso pasaba por mi mente mientras me acercaba al ordenador, con el cuaderno de tapas color burdeos junto al pecho, como si buscara su protección antes de caer en ese abismo universal que es una novela cuando se está creando.

Vértigo, mucho vértigo. Antes, durante  y después.

El de ayer era el de "durante".

Menos mal.

CONTEMPORÁNEOS

Dorio de Gádex en LUCES DE BOHEMIA decía aquella contundente frase de "Yo no leo a mis contemporáneos". Dorio de Gádex era un bohemio noctívago cuya presencia en la obra de Valle Inclán tanto contrasta con el preso al que se va a aplicar la ley de fugas.

Yo sí leo a mis contemporáneos: ayer pasé la tarde leyendo relatos de mis alumnos,  coetáneos  casi dos generaciones más jóvenes. Les propuse dos actividades para las vacaciones: un cuento de navidad que recogiera algún tópico presente en las LEYENDAS de Bécquer, y un relato de corte naturalista, con determinismo biólogico y esas cosas, a la manera de Zola. No todos lo han entregado a tiempo: las vacaciones no invitan a todos a la meditación y a la reflexión literaria. Pero ayer disfruté y me emocioné mientras leía lo que han escrito Andrea, Carla, Clara, Esther, Jorge, Justyna, Marian, Nacho, Teresa y Zina. Cuentos de navidad en los que se cumplen deseos casi imposibles, relatos de príncipes dormidos, de mujeres alcohólicas, de niños enfermos de pobreza.

Cuentos hechos de palabras que son vida. Chicos de quince años (son de 4º de ESO) que manejan el lenguaje con gusto, con placer, y que saben cómo transmitirlo. Pura literatura.

Hoy les he pedido permiso para hablar de ellos en este blog, me lo han dado. Otro día les pediré que dejen sus textos también aquí, en estas páginas virtuales, mentirosas y verdaderas, ficticias y reales.

Como la vida, que también es puro cuento.

Gracias, chicos, puro placer estar en vuestra clase.

FLORES

Se me acaba de borrar todo lo que acababa de escribir...

Hablaba de flores, de que en el aeropuerto de Amsterdam hay una tienda por la que tienes que pasar vayas a donde vayas y vengas de donde vengas. Es una explosión de colores perfumados: rosas, tulipanes, anémonas, amarilis. He comprado rosas para mi prima Marga que vive en Madrid, y bulbos de tulipanes y de amarilis para mí. Para mi casa.

¿Mi casa? Llega un momento en que una no sabe ya cuál es su casa. Ni cuál es su ordenador. En este, que es el "mío", ahora me cuesta trabajo poner los acentos de manera normal; además tiene la -ñ-.

Una vez regalé 100 rosas, fue a mi abuela el día que cumplió 100 años. Eran de color champán. Mi abuela se lo contaba después a todo el mundo. Aquel fue un día feliz y en la casa hubo tantas flores como en la floristería del aeropuerto de Amsterdam. Muchas de aquellas rosas de champán las sequé y todavía están en la casa del pueblo. Hubo un tiempo en que secaba todas las rosas que llegaban a mis manos. Ya no.

Hay un tiempo para cada cosa: ahora toca escribir con la -ñ-, plantar los bulbos de los tulipanes en un macetero porque no tengo jardín, escuchar a Jussi Bjorling cantar con Robert Merril el dúo de LOS PESCADORES DE PERLAS.

Y mañana tocará hablar del complemento directo y de las proposiciones subordinadas adjetivas sustantivadas. ¡Pobres alumnos! Creo que les hablaré de Henrik Ibsen, que para eso este año se celebra su centenario, y de su CASA DE MUÑECAS, que sigue siendo la obra de teatro más representada en todo el mundo.

Sí, una obra de teatro se parece más a una floristería que la sintaxis: tiene color, olor, sabor, tacto y palabras.

Muchas palabras. De las de verdad.

Como las de las flores.

CATEDRALES

Hoy en día, no es Nidaros el lugar más visitado de Trondheim, sino IKEA.

La vieja e imponente catedral conmemora a San Olav, el rey que extendió el cristianismo a toda Noruega y murió en el campo de batalla. Trondheim fue el más importante centro de peregrinación medieval en el norte de Europa, como Canterbury en Inglaterra, y Compostela en la Península Ibérica. Ha sufrido varios incendios y se ha seguido trabajando en ella hasta hace pocos años, cuando el escultor catedralicio, Kristofer Leirdal, terminó la escultura de San Miguel que corona una de las torres. Kristofer acaba de cumplir sus 90 años y su rostro sigue siendo magnífico. Sus manos siguen trabajando las piedras y creando formas cada día. Su mujer, Aina Thiis, ceramista, con sus más de 80 años, sigue utilizando la bicicleta para moverse por esta ciudad de calzadas heladas. Toda la familia Leirdal vive para el arte desde hace decenios, y el perfil de esta ciudad les debe parte de su identidad.

Pero la mayoría de los visitantes de la ciudad no vienen para ver la magnificiencia de la catedral, sino que vienen a comprar muebles a IKEA. Si Nidaros es la catedral mayor del norte Escandinavia, la tienda de IKEA en Trondheim es última de todo el norte de Noruega: no hay más IKEA al norte de este fiordo hasta el Cabo Norte, islas LOFOTEN incluidas. Así que todo el mundo viene a comprar aquí, a este barrio de Strindheim, a doscientos metros en linea recta de esta casa.

La nueva catedral de Trondheim, erigida a esa moderna divinidad llamada Consumo.

LA CABAÑA II

Oscurece pronto en el invierno casi ártico de Trollheimen. Éste es el nombre de la cordillera en la que está la cabaña. Trollheimen significa "el hogar de los trolls", y es un nombr relativamente moderno: tiene menos de dos siglos. Cuando una pasea, o esquía (que aquí arriba viene a ser lo mismo) por las montañas, se da cuenta de por qué la mitología escandinava ha creado a estos seres inquietos. A veces se oyen ruidos que parece que están detrás de ti, te giras y no hay nada ni nadie. Es el sonido de tus esquíes sobre la nieve, o tu propia respiración.

Loa árboles también mueren, y los viejos troncos retorcidos y secos a veces forman figuras caprichosas: a lo lejos parecen seres agachados, o con los brazos levantados... Trolls. Los trolls no se dejan ver y la luz les molesta. Son bastante tontos, pero pueden tener mala uva. Como los humanos, ni más ni menos. Tienen gran nariz y su cuerpo es leñoso. Pueden asustar y asustarse.

La naturaleza aquí se siente muy viva, y estos extraños seres que la pueblan se dejan sentir cerca en el bosque. En verano es Huldra la que se presiente, sobre todo junto al río cuando me lavo los dientes por la noche y baja la niebla. Huldra es una mujer bellísima, rubísima y tiene el cabello muy largo. Los hombres salen detrás de ella cuando la ven, pero si se acercan demasiado, ven que del final de su espalda nace un gran rabo, como el de un animal. Entonces ya es tarde: cuando un hombre llega tan cerca de ella que ve su cola, ya nunca podrá abandonar el bosque y estará perdido para siempre. Yo me imagino a Huldra al otro lado del río, pero creo que nunca la perseguiré. El viento mueve las hojas y las ramas y me parece verla entre los árboles con su seductora sonrisa.

Pero ahora es invierno y Huldra duerme bajo la nieve. Sigue reinando el silencio. No me lavo los dientes en el río: salgo de la cabaña y me los lavo con la nieve que hay junto a la puerta. Me gusta morder la nieve que  cruje antes de derretirse en mi boca. Mientras lo hago, miro la colina de enfrente, a ver si se asoma algún reno, algún troll, o Huldra recién levantada de su largo sueño.

LA CABAÑA II

Hay más huellas de esquíes en el camino, y coches en el aparcamiento: cinco además del nuestro. Eso quiere decir que el valle está superpoblado: puede haber diez o doce personas más festejando el año nuevo en esta zona de las montañas. Es la primera vez que pasa esto. Cada vez más y más gente huye de la ciudad para pasar esa noche  en la soledad de las cabañas. En silencio. Sin la obligación de tener que estar estupendo, alegre, animado, vestido con lentejuelas y trasnochar más que los demás.

Enseguida oscurece: se tarda un par de horas en calentar la casa, mientras hay que buscar actividades: los hombres limpian la entrada de la nieve acumulada, abren la contraventana de la pared occidental, la más protegida del viento, abren el hielo para coger agua para beber. Yo me dedico a esquiar alrededor, mirar los pinos, los abetos, observar las huellas cercanas: un reno ha pasado cerca hace poco rato, su rastro es reciente, y una liebre ha recorrido todo el territorio no hace mucho. Sus inconfundibles huellas están por todos los sitios.

La nochevieja en Noruega no se celebra con uvas. Una o dos veces he subido uvas a la cabaña: la última vez que lo hice se congelaron en ese par de horas que transcurre desde que llegas, entras, las dejas sobre la mesa, y la estufa hace su trabajo. Toda la comida que hay en la fresquera (un armario ventilado de la cocina) está cogelada. Lleva un tiempo derretir el contenido de una de ellas, para alimentarnos un poco antes de la cena de Nochevieja: comeremos carne de reno en salsa silvestre, hecha con queso marrón, frutas de bosque, nata, caldo de carne, y enebro que acabo de coger de la planta que hay junto a la puerta (quedaban cinco bolitas negras, maduras, no heladas, que le han dado a la salsa ese sabor especial del bosque casi ártico). 

A las doce no se comen uvas, ni lentejas, ni nada parecido. Se disparan fuegos artificiales. Hemos comprado diez cohetes que vamos lanzando a la noche cada hora desde las siete de la tarde. En el cielo se confunden las estrellas de verdad con las que nacen gracias a la pólvora. Se ve el resplandor que surge de los pueblos que hay al otro lado de las colinas. Y los fuegos que vienen de una cabaña vecina. Luego vuelve el silencio.

Por la mañana el día se despierta despejado y hay una luz dorada que cubre la nieve y parece calentarla. Doy un paseo por el río. Está helado y cubierto de nieve. Por algunos sitios hay que tener cuidado porque está abierto: no ha hecho demasiado frío durante los últimos días. Me gusta esquiar sobre el río. Es estrecho y los abetos de alrededor están llenos de nieve. Veo una liebre blanca que enseguida se esconde: el río está lleno de sus huellas.

 Me paro y escucho el agua  debajo de mis pies, de mis esquíes. Me gusta oirla correr, vivir, viajar debajo del hielo y de la nieve. No se la ve pero está ahí.

Es una presencia de vida "corriente" debajo del silencio blanco.

El único sonido.

El agua, y los latidos de mi corazón  cuando me quedo muy quieta, es lo único que oigo.

La vida.

LA CABAÑA

Muchos noruegos tienen cabañas en las montañas, pero pocos las utilizan durante este tiempo invernal. Nosostros sí. Para acceder hasta ella hay que subir esquiando más de un kilómetro con las mochilas a la espalda. El camino está cerrado y el coche se queda abajo. La primera vez que vine, allá por 1991, me pareció inalcanzable. No estaba acostumbrada a subir cuestas, y mucho menos a esquiarlas: nunca me había puesto unos esquíes, salvo una vez en Astún: esquíes prestados durante media hora de pesadilla, rodeada de gente que volaba, que ni te miraba y que se chocaba contigo. Un horror.

Aquí eso no pasa, al menos no en los alrededores de la cabaña: en Pascua sí sube gente y te encuentras constantemente con personas que van más deprisa; lo que a mí me cuesta una hora ellos lo hacen en 20 minutos. Me estou refiriendo a esquí de travesía y de fondo, no de alpino. El caso es que en estas fechas, normalmente no hay más huellas que las nuestras. Todos los cambios de año que hemos pasado aquí hemos tenido la única compañía de la nieve: no hay nadie más en los alrededores a 20 ó 25 grados bajo cero. Me gusta esa sensación de soledad, de silencio.

Tampoco hay apenas pájaros. Están en Gallocanta, en las marismas de Santoña o en otros humedales del sur. A los demás animales apenas se les ve: se sabe que están porque todas las mañanas hay huellas nuevas: de roedores, de zorros, de liebres (las que más abundan, y que han cambiado su color pardo por el blanco ártico), renos, ciervos... El río está helado: a veces, cerca ya de la primavera, se le oye discurrir bajo el hielo y la nieve; pero ahora las capas de uno y de otra serán demasiado duras para oírlo. Tampoco hay hojas en los abedules, así que el viento pasa sin apenas rozamiento vertical y no se produce tanto sonido.

Es el reino del silencio blanco.

Para llegar al agua del río, hay que trabajar duro. Y como esa actividad sigue siendo cosa de hombres, a mí no me toca nunca: me encanta ser mujer.  J. coge la pala y empieza a quitar nieve. Luego un pico para golpear el hielo. Una y otra vez. En algunas ocasiones, más de media hora hasta que se agrieta suficientemente para hacer el agujero. Este tiene que ser suficientemente ancho para que no se cierre durante los días (2 ó 3) que vamos a estar en la cabaña. Así tenemos agua para beber y para mezclar con el whisky: a mí lo del escocés me da igual, porque no me gusta, lo del agua es otro cantar:fresca, el té, el gløgg, que es una bebida invernal especiada deliciosa...  Para la higiene personal, la nieve derretida es estupenda, y más fácil de conseguir. Sales medio metro del porche, coges un cubo, lo llenas de nieve, la pones en una cacerola, la derrites, la calientas, la echas en el depósito de la ducha, y ya tienes agua calentita para ducharte. Al otro lado de la ventana, las montañas blancas y la nieve casi a dos metros de altura en ese lado, el más sombrío, de la cabaña.

Lo de la ducha es moderno: hace menos de dos años que disfrutamos de ese lujo. Cuando se construyó la cabaña, el ideal era el de la vida primitiva, y la ducha no entraba dentro de los moldes. No hay postes eléctricos: romperían el bosque. Por eso la corriente viene de una placa solar que hay en la pared occidental: en este tiempo hay poca luz y se recoge poca energía, por eso hay que encender muchas velas; los noruegos son amantes de las velas y las ponen hasta en el desayuno.

El váter con taza normal también tiene dos años, hasta entonces, un cubo grande, con tapa, eso sí. En invierno" todo" se congelaba enseguida: el cuarto no está dentro de la vivienda sino al lado, así que no le llega el calor de la chimenea. Había que pensarse seriamente lo de ir al cuarto de baño, y no era cuestión de esperar leyendo una revista ilustrada. Ahora está aislado y además, cuando estás sentada no tienes debajo "nada" más que lo que tenemos en todos los sanitarios normales.

Y después de estos escatológicos comentarios casi ilustrados, lo dejamos por hoy, y por varios días: mañana, si no hay novedad, me escapo a las montañas para Nyttårsaften, o sea, para Nochevieja.

FELIZ AÑO A TODOS

GODT NYTT ÅR

BONNE ANNÉE

AUGURI PER IL NOUVO ANNO

HAPPY NEW YEAR

 

SUELOS

En las calles del centro de la ciudad hay calefacción. No en el exterior sino bajo tierra: por debajo de las aceras circulan tubos eléctricos que no dejan que se forme hielo en la superficie. Por eso se puede caminar bien por las calles del centro.

Lo curioso es que no es algo que dependa del gobierno local sino de los particulares: cada uno es responsable del trozo de acera que le corresponde: así que las zonas donde hay bancos, restaurantes, hoteles, y negocios varios están tan limpias que se puede hasta correr. Las demás no tanto.

Los barrios residenciales son potestad de cada propietario: hay que echar grava en los caminitos que van de cada casa a las calles principales. Cuando sube la temperatura y llueve, la grava pasa a mejor vida, el agua se hiela y vuelta a empezar. No es caso de estos días de altas presiones. Pero hay que ir caminando por los caminitos de grava que pueden ser tan estrechos como 20 o 30 centímetros: depende de la generosidad de cada inquilino. Hay zonas en la ciudad en las que hay cinco metros limpios, o con grava, o con calefacción interior, y los siguientes son modelo pista de patinaje. Así que no vale lo de ir mirando al horizonte mientras andas, o a la torre de la imponente y bellísima catedral. Hay que mirar el suelo para no caerse.

Y aun así. Yo me he caído muchas, innumerables veces, en esta ciudad. Una de ellas, en la calle donde J. vivía antes: es la más empinada de toda Trondheim, tanto que hay una especie de ascensor para bicicletas. Bueno, pues para cruzar desde la casa hasta la acera había que pasar sobre la calzada helada que tiene una cuesta de, y no exagero, al menos 75 grados. Me resbalé y me caí, y me fui deslizando por la calzada unos cuantos metros. Casi era mejor que andar, solo que el culo se me helaba. Me levanté con dificultades, porque me volvía a caer una y otra vez. Sudaba de vergüenza y de esfuerzo. Al final lo conseguí: llegué a la acera limpia de hielo (tiene tubos por debajo, aunque yo la conocí sin ellos...) casi reptando. Desde aquel día cambié de ruta para mis paseos.

Por eso en este tiempo donde mejor se está es en las montañas: sales de la casa con los esquíes puestos y si te caes te hundes un poco en la nieve y ya está. Te levantas como puedes y a seguir.

 Pero esto os lo contaré otro día. 

Ahora seguiré bebiendo mi té caliente.

LIBROS

Como hace mucho frío fuera, paso horas leyendo. Como olvidé mis gafas, leo con las lentillas y se me cansan los ojos. Ayer encargué unas nuevas: menos mal que estaban con las ofertas postnavidennas...

Leo el libro de Daniel por el que se pasea un profesor de la Facultad de Zaragoza a cuyas clases acudía yo de oyente para disfrutar. Leo los ensayos de Proust sobre literatura y belleza. Leo JARDINES DE KENSIGNTON de Rodrigo Fresán, que me ha recomendado Samuel y que recrea al personaje de Peter Pan, a su propio autor y al ninno que lo inspiró. Leo sobre Caterina Cornaro, sobre el Café Florian, sobre Bellini y sobre disenno escandinavo.

En medio del silencio helado y blanco. Cito a Fresán en JARDINES... "Un libro y yo y ese particular e inimitable silencio que llena una habitación cuando hay alguien leyendo en ella. Un silencio diferente; porque nada tiene que ver el complejo silencio que uno produce al leer con el simple silencio que uno hace cuando, nada más, hace silencio."

Sólo llevo cincuenta páginas y casi todo lo leído subrayado.

El cielo está azul, hay 16 grados negativos, quietos y silenciosos. En mis manos un té caliente. Los fumadores salen a fumar a la terraza helada, como anoche Hans, por propia iniciativa; no fue Ana, la cruel, la que lo mandó al fresco. Si fuera fumadora, seguro que lo dejaría: ponte los zapatos, el goretex, sal a la calle, enciende el cigarrillo, dale tres o cuatro caladas, el humo que se condensa y cae al suelo en forma de estrellas blancas, las manos azules, los labios también.

Creo que estoy exagerando un poco. Seguro.

NAVIDAD NORDICA III

Quince grados bajo cero marca ahora mismo el termómetro de la terraza. Son las cuatro de la tarde, está oscuro y hay estrellas que caminan más rápido que en el sur.

Las calles heladas tienen gravilla gris y se puede andar en casi toda la ciudad con pocos problemas. En la plaza mayor, junto a la estatua de Olav Tryggvason, uno de los héroes medievales, han echado agua para construir una pista de hielo natural.  Esta mannana estaba llena de ninnos que estrenaban los patines que les dejaron bajo el árbol de Navidad. Me acuerdo de cuando íbamos a patinar en Zaragoza, había una pista en lo que ahora es Galerías Primero de la calle 5 de marzo. Antes había sido frontón, y después llegó a ser salón de baile: una vez bailé allí esas canciones italianas que tanto me gustaban. Hace de eso más de 20 annos. Y del patinaje... hace unos 30 annos. Nos llevaban del colegio y alquilábamos los patines. Como yo era miedica y patosa no me separaba de la barandilla, así que nunca aprendí.

Ahora me toca intentar andar sin deslizarme, resbalarme, caerme y romperme un hueso en estas tierras del norte. ?Quién me lo iba a decir a mí? De momento, sólo me he roto una muela. Creo que una que ya llevaba restaurada. Ha sido comiendo un trozo de queso. Noto el hueco y aún no me lo puedo creer. Se puede ser torpe, pero tanto...

Y como también soy torpe para la electrónica, pues resulta que estoy haciendo fotos con la cámara digital nueva y no soy capaz de meterlas en este blog. Veo en la página de Víctor la que ha hecho Javier en el canal: tan blanco, tan helado. Bueno, pues esto está parecido: más helado, eso sí, que hoy había partes del fiordo con capa de hielo. Y eso ya es para matrícula de honor.

Como lo de mi muela y el queso.

NAVIDAD NORDICA III

Subió la temperatura durante los días de Navidad y eso es lo peor que puede pasar: llueve, se deshace parte de la nieve, por la noche vuelve a helar (por supuesto), y al día siguiente todo se ha convertido en una gran pista blancagris de patinaje. Así está hoy. El cielo en estos momentos está azul y rosa: altas presiones que significan temperaturas gélidas. Hay diez grados bajo cero, temperatura agradable para pasear y respirar por tiempos si no fuera por el pavimento helado. Creo que hoy no saldré de casa.

Anoche estuvimos cenando en casa de Sigrun, una pintora amiga de la familia. Su casa es deliciosa: allí se mezclan sus iconos, sus tapices, sus cuadros coloristas, con su viejo munneco infantil, con una caja de música de su abuela tipo organillo que también escondía una hermosa melodía, con antiguos muebles pintados a mano, con piedras, algunas trabajadas por ella, otras no. Me ensenna una que esculpió en Espanna: resulta ser un alabastro del Bajo Aragón, muy puro. Me gusta tocarlo. Comemos un cordero ahumado y salado exquisito, acompannado de puré de patata y nabo, de salchichas, y de mostaza. Es otro de los platos típicos de la navidad escandinava. De postre un arroz con nata, cubierto de salsa templada de fresas que ella misma recogió este verano, congeló y preparó: rojo sobre blanco en una cocina pintada de rojo y de negro, como la decoración de la mesa. Una fiesta de color.

El camino a casa me tocaba conducirlo a mí: para esto no bebí. Pero no me atrevo. Hay demasiado hielo y está muy difícil. Sólo conduzco en Noruega y en noches en las que la única que no bebe soy yo. Pero desde la nochebuena del anno pasado me da miedo: se me fue el coche, choqué contra la nieve y no pasó nada, pero me asusté; en el coche íbamos los cuatro supervivientes de la familia más directa. Anoche me quedé en el asiento de atrás, con los guantes de lana en mis manos frías.

Fue mejor así.

NAVIDAD NORDICA II

El día de Nochebuena los noruegos siguen al pie de la letra sus tradiciones. Los espannoles nos pensamos que somos tradicionales, pero no. Hemos adaptado con prisas lo que nos han mandado y hemos perdido algunas cosas.

Aquí, tal día como ayer, lo primero que se hace es preparar la comida cena que tendrá lugar hacia las cinco de la tarde. Luego uno se viste con la mejor ropa festiva: los hombres con camisa blanca, corbata, traje oscuro y abrigo negro. El resto del anno van con ropas prácticas invernales, pero este día no: todos tienen un equipaje de este tipo para Navidad y para los funerales. Luego, los religiosos van a misa. Ayer había una inmensa fila para entrar en la catedral de Nidaros, la más grande, histórica y hermosa de toda Noruega, donde se corona a los reyes y se casan las princesas. Tienen, además, un coro masculino magnífico que canta a las cuatro de la tarde del 24 de diciembre: y puede que sea el único día que se les puede escuchar gratis. Pasamos ayer por allí justo en el momento en que entraban los fieles. El cementerio del centro rodea la catedral y ahí están las tumbas de los antepasados de J. (vaya, me ha salido una frase como tomada de la LUCIA DE LAMMERMOOR, último acto), así que dejamos la corona de musgos y las velas junto bajo las lápidas. Ya estaba oscuro y el suelo crujiente.

Después de comer cenar con ella, volvimos a casa en el coche. Eran las siete y media de la tarde: no había nadie en las calles. Nadie, sólo una persona, para no mentir, y no era escandinavo, el color lo delataba. Los noruegos este día lo pasan en familia. Todos. Los bares están cerrados, los restaurantes también. No sé si habrá algún hotel de guardia. Las enfermeras de la casa donde vive ella van vestidas de fiesta: de negro y perlas. En las calles de una ciudad de 120.000 habitantes y un equipo de fútbol en la Champions sólo se movían 6 coches incluido el nuestro y tres taxis. La ciudad desierta. Todas las luces navidennas encendidas, eso sí.

A esas horas en que en Zaragoza todos estamos en el corte inglés ultimando compras, los noruegos están cantando junto al árbol viejas canciones de navidad, abriendo los regalos, bien vestidos, y comiendo los mazapanes y las tartas hechas en casa.

 Igual que en FANNY Y ALEXANDER. En familia.

Para bien y para mal, claro.