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AL ESTE DEL CANAL, blog de ANA ALCOLEA

LIBROS

Anoche quería seguir leyendo el libro de Gonzalo Moure, pero debía dormir para estar fresca durante la mañana laboral de hoy. Lo cerré y lo dejé en la mesilla. Apagué la luz, me quité las gafas, e intenté dormir. Me costó trabajo y voluntad, a pesar de la labor de la química. El sueño se resistía a llegar. Encendí  de nuevo la luz. Era casi la una de la mañana (no sé por qué de la mañana cuando aún es noche cerrada), abrí el libro y seguí leyendo.

Me parecía escuchar las palabras en la voz del autor y me dejé mecer por ellas.

Ahí va otro fragmento de literatura y de vida, de ficciones y de realidades.

De esa materia de la que esta hecho cada día, "the stuff [each day] is made of".

Los días.

Y los sueños, ["the dreams]":

"Me gusta escribir porque es hacer magia con las palabras. Magia solo para mí, magia para sentir la vida, para ver, para oír, para oler, para percibir el tacto de otra piel en la yema de los dedos. Magia para estremecerme de nuevo con el roce de un pico en el cuello."

 

 

 

 

BOSQUES

Llego ahora a mi casa desde el Meliá Zaragoza. Allí se ha presentado el libro ganador con el III Premio Anaya de Literatura Infantil y Juvenil.

El título, En un bosque de hoja caduca.

El autor, Gonzalo Moure.

Habla de la infancia revivida en el recuerdo. De la literatura presente en el cotidiano contar cuentos de la madre del escritor, y de la abuela de la protagonista.

El libro empieza así:

"A veces me cuesta recordar lo que sentía cuando era niña; lo que pensaba, hasta lo que veía. Y necesito hacerlo porque no puedo ser quien soy si no consigo rescatar de mi memoria todas aquellas sensaciones. Son momentos de desconcierto porque no lo logro. Pero, otras veces, creo que estoy cerca; otras veces, como ahora, me asomo a la niñez de nuevo y entonces los aromas del bosque llegan hasta mí puros, vigorosos, casi ingenuos."

Un libro para leer este fin de semana tan "literario".

GALLOS

Sigue habiendo gallos en la ciudad.

De los que cantan.

Ayer vine del médico a pie por el Barrio de la Paz. Hay parcelas como la que fue de mi abuela y que yo no recuerdo. Aquí se llama así, parcelas, a las casas de una planta. La de mi abuela también estaba en la ciudad, y tenía corral. Allí se criaban conejos, gallinas y pollos. Los pollos eran comidos sólo en los días más festivos: Navidad y el Pilar. También había un gallo que se lanzaba hacia mí cuando era pequeña y alguien le retorció el pescuezo para evitar que me sacara un ojo. Tampoco me acuerdo de él.

Ni de la perra. Se llamaba Linda y había sido de mi abuelo. Dicen que un día, celosa, me tiró a un rosal y las espinas me dejaron hecha una pena. Yo tenía poco más de un año y la perra fue regalada después de aquello. Tampoco la guardo en mi memoria.

Años más tarde, un pastor alemán cruzado con pastor belga me mordió. Me reventó el labio. De su cara junto a la mía nunca me podré olvidar.

Ayer escuché un gallo a mediodía en La Paz, y me acordé sin acordarme de la parcela en la que viví mis primeros años.

PASCUA

En el norte más allá del norte no celebran la Semana Santa, propiamente dicha, sino que la Pascua es una fiesta de la luz, de la primavera: el color amarillo es un símbolo más de ello.

Durante toda la semana, la nieve ha abandonado la ciudad mientras yo estuve en las montañas. En Trollheimen todavía queda, y mucha. Cambia cada día, cada hora. Las montañas son así: los vientos varían repentinamente y el azul aparece y desaparece con mucha facilidad.

Hace dos días estuvimos en Dovre, la gran cadena montañosa que divide el país en dos. Durante la Edad Media, era el paso a veces dramático entre Cristianía y lal catedral de Nidaros. Los caminos pedregosos cubiertos de líquenes en verano están ahora tapados por una capa de nieve a veces tan fina que resulta traicionera. La luz es tan blanca como el cielo y apenas se ven los volúmenes en el suelo. Todo el horizonte es blanco y me acuerdo de Nansen y de Amundsen.

No vemos los bisontes que habitan estos pagos desde hace años. Su cuerpo se confunde siempre con las grandes rocas oscuras. Tal vez estén ahí, muy quietos.

El mar blanco a más de mil metros de altitud.

ANIVERSARIOS

Hoy J. cumple años.

Hoy el IES "Ramón y Cajal" celebra su décimo aniversario, y lo hace con una conferencia de Víctor Juan Borroy.

Cumplir años y aniversarios es una constatación física del inexorable paso del tiempo. Para bien y para menos bien. Nos seguimos empeñando en celebrarlo: regalos y tartas.

Un poco de color y de azúcar para edulcorar las arrugas.

Un poco de champán para bañarlas en burbujas bebibles sin "spa".

Zaragoza amaneció con nubes.

Aunque sin niebla.

SEVILLA

Hay hombres seductores. Y mujeres. Y ciudades.

A mí Sevilla me seduce. Ya sé que es muy tópico esto que digo pero me da igual. Es así.

La primera vez fui con mis compañeros de la Facultad. Creo que todavía no había aprendido a mirar y a sentir como ahora.

La segunda vez volví con mi madre. Fuimos a una boda llena de color y de brillantes ajenos. Mis zapatos han conservado durante mucho tiempo albero del sarao. Más tiempo de lo que duraron juntos los novios. Lo pasamos bien. Al día siguiente paseamos por Triana, por la Macarena, de punta a punta. Luego nos dimos un paseo en  coche de caballos: la Universidad, antigua fábrica de tabacos donde Carmen cantaba su habanera (siempre he deseado cantarla encima de una mesa con una falda con muchos volantes; es uno de mis deseos incumplidos); el Parque de María Luisa, con flores de un otoño que aún no lo era, con Bécquer y sus alegorías; la plaza de la Catedral, con sus naranjos.

Sevilla huele a azahares. También es un tópico. Y también me da igual. Me gusta respirarlos: me parece que se meten dentro de mí. Me gusta sentarme casi de noche en uno de los bancos de la plaza, debajo de un narajo con las flores abiertas, mirar hacia arriba, aspirarlo, y ver la torre de la Giralda recortada en un cielo que poco a poco va dejando de ser azul.

Me gusta. Sí.

UNIVERSOS

Acabo de comprar uno de esos libros irresistibles en esa librería también irresistible que es ANTÍGONA, de Zaragoza.

Es un librito minúsculo con fragmentos de Novalis, el poeta romántico alemán.

Copio uno de ellos:

"Soñamos viajes a través del Universo: pero ¿no está el Universo dentro de nosotros? No conocemos las profundidades de nuetro espíritu. Hacia dentro va el camino misterioso. En ninguna parte sino dentro de nosotros, está la eternidad con sus mundos, el pasado y el porvenir".

Pues eso, dentro de nosotros.

A veces entre la niebla.

Incluso.

NEBLINA

Hay muchos tipos de niebla, de neblina. Esa que solemos tener en los inviernos de Zaragoza, o incluso en las mañanas primaverales sevillanas junto al Guadalquivir.

Pero también hay "neblina corporal", que no quiere decir que uno vaya echando humo por doquier, sino que es una especie de loción que una se da por las mañanas después de la ducha. No es una crema hidratante, sino un agua ligera, apenas aceitosa que se impregna y confunde con la piel y la deja suave y bienoliente.

Me la ha traído mi amiga Helen de Inglaterra, su perfume se llama "Summer Hill", y "neblina corporal" es nuestra traducción de "body mist".

Un placer sentirse envuelta por la niebla.

O por la neblina.

O...

DÍAS

Hay días en que te pasan cosas que nunca antes te habían pasado, o que sí te han pasado y te gusta repetir:

Por ejemplo, hay días en que te reencuentras con alguien a quien no habías visto desde hacía casi veinte años.

O días en que te visita esa amiga a la que conociste el mismo año y el mismo mes en que empezaste a dar clase.

Días en que te tomas una tónica en la estacíon con alguien a quien conociste el mismo mes y el mismo año que a la amiga que te visita.

Días en que estás en una Feria del Libro Infantil rodeada de niños por todas partes menos por una.

Días en que comes con esa persona a la que conociste en un congreso.

Días en que, por fin, te gusta estar al lado de dos perros, y acariciarles el hocico y el lomo, y sentir que les gusta.

Días en que saludas a ese editor cuyo trabajo te gusta mucho, y con el que intentaste publicar y no lo conseguiste.

Días en que pierdes un tren.

Y días en que te das cuenta de que has perdido, definitivamente, más de un tren.

Tendrá que ser así.

¿O no?

VISI D´ARTE

Esta tarde he escuchado una versión de Pilar Lorengar en esta aria de Tosca. No sé de qué año y con qué director, porque el conferenciante no nos ha dado ese tipo de datos.

Nunca la había oído a ella en esta aria. La tengo interpretada por Callas y por Tebaldi, y un día la escuché en directo a Katia Ricciarelli, un día de julio de 1990 en que dio un magnífico concierto en el Coliseo de Zaragoza. No había más de treinta personas.

Inaudito. Increíble. Vergonzoso.

Pilar Lorengar apenas cantó en su ciudad. Aquí casi nadie la consideró como lo que fue: una de las mejores sopranos mozartianas de todos los tiempos.

Este año se cumple el décimo aniversario de su muerte, y parece que se le va a hacer un busto conmemorativo, un homenaje en su ciudad.

Por fin. Inaudito. Increíble. Vergonzoso.

Y es que Zaragoza puede comportarse peor que Medea con algunos de sus hijos.

FERIAS

Me paseo por la Feria del Libro Viejo y Antiguo de Zaragoza: no más de una docena de casetas en la Plaza de Aragón antes de entrar en el Paseo de Independencia, jalonado de versos. Me paro y los voy leyendo, allá arriba bajo los arcos. Observo a la gente que pasea a mi alrededor: caminan de prisa, hablan en voz alta, miran las botas y los bolsos de los demás paseantes, el color de las mechas del pelo, quien lleva o no, bolsas de marca en las manos. Pocos leen poesía en la calle.

Ni en casa.

Me encuentro con Pepe Melero y con Miguel Mena, hablamos de libros y de blogs. Me pregunto si entre las páginas de esta feria habrá alguno de esos tesoros que Pepe siempre encuentra.

Cambio de caseta y encuentro un libro de Fernando Pessoa, lo cojo: es un compendio de ensayos de literatura y arte. Vale ocho euros. Lo abro, veo que está subrayado. Lo compro.

Acabo de descubrir dentro de él un teléfono del pasado, de otra ciudad, tiene siete dígitos, varios nombres, un recado, una felicitación navideña italiana, y en la primera hoja de cortesía, el primer comprador ha escrito a mano lo que supuso para él, o ella, este su primer encuentro con Fernando Pessoa.

Me gusta leer libros que ya han sido leídos por otros: me parece que los leo dos veces, o tres. Leo el libro del autor, el de cada uno de los lectores que han dejado su lectura, un cachito de su vida,  en forma de subrayado o anotación o glosa, y el mío.

Escribo aquí uno de los subrayados del que tuvo antes en sus manos este volumen que ahora está en este escritorio de Zaragoza:

"Los dioses griegos representan la fijación abstracta del objetivismo que concreta. No podemos vivir sin ideas abstractas porque sin ellas no podemos pensar. [...]Como las ideas abstractas nos sirven para conducirnos entre las cosas, los dioses nos sirven también para conducirnos entre los hombres. Los dioses son por tanto reales e irreales al mismo tiempo. Son irreales porque no son realidades, pero son reales porque son abstracciones concretadas".

Casi nada para un domingo por la mañana.

FARMACIAS

FARMACIAS

Trollhetta y Rindhatten,

mi farmacia. 

 

Decía el escritor noruego Oystein Dahle: "la naturaleza es mi farmacia".

Trollhetta y Rindhatten son esas dos montañas nevadas. Desde las colinas que mejor conozco suponen la puerta de entrada a Trollheimen, "la casa de los trolls", en noruego. Se trata de una de las cordilleras más espectaculares del país, al norte de Dovre, que ha sido siempre el puerto de paso desde el sur hacia Trondheim, donde estaba y está la catedral de Nidaros, uno de los centros de peregrinación desde la Edad Media, junto con Compostela y Canterbury.

A mí me gusta subir hasta las colinas desde las que está hecha esta foto. Andando en verano, esquiando en invierno, y pararme a contemplar las montañas que a mí, que vengo del llano y de las tierras secas, me parecen majuestuosas: más cuanta más nieve las cubre. Hay veces en que una no puede pararse a mirarlas: la temperatura de quince grados bajo cero, (y hasta veinticinco) no permite paradas contemplativas. Somos agua, y ahí arriba se siente más que en ningún sitio: todo se congela después de pocos minutos de inactividad.

En puro invierno no hay pájaros, los árboles no tienen hojas y el viento pasa por las ramas de los abedules sin sonar, el río está helado. Reina el silencio.

Pero me gusta pararme y escuchar, tan solo, los latidos de mi corazón, ahí dentro.

Es mi farmacia.

LUGARES

LUGARES

 

 Tulipanes rosas, ya se ve.

Cada vez me convenzo más de que mi estado natural es estar dentro de un tren o en un aeropuerto. Esta frase puede parecer pretenciosamente cosmopolita, y hasta gilipollas. Pero no.

Mi amigo R. dice que los aeropuertos son algo así como lugares inexistentes. Y yo también lo creo: estás en medio de ninguna parte. Entre un avión y otro. En un país cuyo suelo no llegas a pisar merced a eso que llaman "fingers", y que te sacan de la nave para colocarte directamente en la terminal.

Y así te quedas un par de horas, o tres, o cuatro, rodeada de desconocidos (¡menos mal!), de lenguas: algunas las entiendes, otras las identificas, otras ni siquiera. Te paseas por las tiendas supuestamente libres de impuestos y te compras una crema, o dos: con los años te vas comprando más cremas antiarrugas; o un perfume: con los años vas comprando menos porque ya no te queda ni madre a la que llevarle aroma embotellado ni suegra a la que regalarle "J´adore" de Dior.

Y lo que te compras son unas flores que no tienen olor: unos tulipanes rosas que se inclinan en este momento ante las palabras a la vez sinceras y mentirosas de B.F. Pinkerton.

 

HEDDA GABLER

El sábado vi una producción de Hedda Gabler, de Henrik Ibsen, en el Trondelag Teater de Trondheim. Este es el año Ibsen, menos sonoro que el año Mozart, pero también. No sé si por estos lares se está preparando algún montaje del dramaturgo noruego, pero en su país natal sí.

El caso es que un escritor universal, por eso mismo, no tiene patria, y aunque el señor Henrik nació allá en el norte, vivió en Italia, donde escribió gran parte de sus dramas más importantes, y sobre todo en Alemania: en Noruega sus obras no se entendían y eran motivo de escándalo.

Aunque escándalo también crearon en Alemania: Ibsen tuvo que cambiar el final de su Casa de muñecas en el país de Novalis, con una arrepentida Nora que no se iba de casa.

Hedda Gabler quizás no sea su obra más conocida en España, pero es una de las más intensas. Mediocridades, mentiras que ayudan a sobrevivir, suicidios porque uno no acaba de soportarse a sí mismo. Ni un gramo de azúcar para edulcorar.

El montaje del Trondelag Teater es limpio, visual, en negros, blancos y rojos. La interpretación espléndida, la dicción de los actores tan clara que hasta yo fui capaz de seguir el texto.

Leo en el programa de mano que August Strindberg se sintió identificado con el personaje de Eilert Lovborg, el escritor, antiguo amante de Hedda, que pierde su manuscrito durante una noche de borrachera. En realidad se lo ha dejado al marido de Hedda. El libro es magnífico. Hedda lo guarda y cuando Eilert va a su casa desesperado, ella no le cuenta que lo tiene, y le da una pistola para que cometa un último acto de "belleza". El texto de Strindberg está en sueco así que no acabo de entender el porqué de verse retratado en este personaje. Parece que él contó en privado a algunas personas cierto episodio muy íntimo que Ibsen debió de conocer. Es curioso lo que pasa con las lenguas escandinavas: el danés escrito se puede entender fácilmente desde el noruego, en cambio, el danés oral no es tan fácil; con el sueco ocurre lo contrario: se comprende mejor cuando se oye que cuando se lee.

El caso es que Ibsen también en Hedda Gabler tomó a un conocido como modelo sin pedirle permiso. Lo mismo había hecho con Laura Kieler para el personaje de Nora.

Y es que todo lo que se le cuenta a un escritor puede aparecer dentro de un libro.

O a un amigo de un escritor.

Así que mucho cuidado...

PRIMAVERA

Dicen que llegó ayer a media tarde. Hoy es su primer día entero.

A mí la primavera, la verdad... Me gustan sus colores verdes y la explosión de flores, pero me produce astenia, ese cansancio generalizado, ayudado por las alergias que tapan la nariz y fomentan los picores palatales.

EL ciclo de la resurrección, de la vuelta a la vida. Todo eso que está muy bien para estudiar los mitos y el inconsciente colectivo: Jung, von Franz, Eliade...

Para la vista y el oído también: los pájaros cantores...

Pero para el resto de los sentidos... es la leche.

ESPECTÁCULOS

ESPECTÁCULOS

 Estrellas de nieve

Los hay teatrales y naturales.

Una noche vi una aurora boreal: el cielo todo se llenó de luces blancas y amarillas que parecían danzar al son de una música hecha solamente de silencios. Fue un viernes santo, en la cabaña, en las montañas.

Pensé que era el mayor espectáculo que podía regalarnos la naturaleza.

Otra noche, esta vez estival, vi las lenguas de fuego que escupe el volcán Stromboli cada pocos minutos. Desde el mar, la lava roja ascendente iluminando el cielo oscuro. Pequeñas estrellas fugaces en un firmamento nuevo. Algunas se apagan en el aire. Otras caen a las laderas de la isla-volcán. Pocas se desvanecen en las aguas marinas.

También pensé que era el mayor espectáculo que podía regalarnos la naturaleza.

Algunos días, el sol convierte la nieve en un mar de estrellas de agua. De diamantes que se deshacen entre mis manos. Brillantes que guardan en sus facetas todos los colores y que parecen mirar hacia el fuego que les da existencia ante mis ojos, y que después los derretirá.

O simplemente, vendrá la noche y las sombras cubrirán el manto blanco y nada brillará.

Cada minúscula estrella de nieve también me parece el mayor espectáculo que puede regalarnos la naturaleza.

 

NOTA: Bienvenidos, F.L., y Manuel V. a este blog.

ARMARIOS

Entrar en el armario de otra persona es una suerte de sacrilegio.

Entrar en el armario de un muerto es la profanación más completa.

Si además llevas en tus manos bolsas negras, unas para guardar en el desván, otras para tirar a la basura, te empieza a doler el estómago. Y la sonrisa ya no se dibuja en tus labios aunque te los pintes con una barra de  Christian Dior recién comprada en un aeropuerto internacional de lo más pijo.

Hay armarios de pie y armarios en los que se tumba a los cadáveres. Me cuentan que en IKEA, en las tiendas de Suecia, no en las de aquí, ni en las de ahí, venden ataúdes sistema propio: o sea por piezas, como todo en la cadena sueca. Te llevas las tablas y te lo haces tú mismo. Te venden también los tornillos y las bisagras, en el mismo lote. Sale mucho más barato que el que se compra en la funeraria.

Como Don Manuel en la novela de Unamuno. Él se lo hizo con el "nogal matriarcal". En Suecia no hay nogales, así que los harán con pinos, o con abedules. No sé. O importarán los nogales de algún otro continente.

En fin...

Nunca mejor dicho.

Lo del ... fin...

FUNERALES

Llego a casa desde el cementerio. Aquí los funerales son distintos que ahí.

Ahí, te mueres, te velan un día, a lo sumo día y medio. Depende exactamente de la hora que el médico certifica que te has muerto. Un cura que no te conoce mira tu nombre en la lista numerada que tiene delante. Después de un muerto va otro, y así toda la mañana.

Aquí todo se toma con más calma, hasta los funerales. El muerto ha de esperar una semana o una semana menos un día, como Elia. Hay tiempo suficiente para prepararlo todo: qué músicas sonarán, quién tocará, quién hablará y de qué. Todo organizado, y cada asistente recibe un programa de mano.

Jørgen ha hablado de su madre, de la amistad, del amor, de los miedos infantiles y de los miedos agónicos: las mismas imágenes, distintas pesadillas. Muchos años entre unas y otras. Ha leído tres "petier", columnas de Eli, sus reflexiones sobre la vida, publicadas en "Adressavisen" hace ya algunos años. Ha sido un funeral hermoso, y a la par sereno y emotivo. Ha sido un regalo de Jørgen a Eli y a todos los que estábamos presentes.

Para terminar, el "Vals triste" de Sibelius. Con él llegaron mis lágrimas.

La casa está ahora aún más llena de flores: rosas, tulipanes, azucenas, lirios, lilium, más rosas, más tulipanes...

Copio el final de un texto de Eli que se ha leído en su funeral:

"Vennene våre,

blomstene langs den veien vi går i livet.

Når solen skinner på oss, da åpner de seg sammen med oss,

og tårene våre er regnet de ikke lukker seg for". (Elja Skaalmo)

"Nuestros amigos,

flores a lo largo del camino que recorremos en la vida.

Cuando el sol brilla a nuestro lado, se abren al mismo tiempo que nosotros,

y las lágrimas nuestras son gotas de lluvia que no consiguen cerrarlas" (Elja Skaalmo)

Hoy es un día de ausencias: Eli se ha ido en su ataúd blanco cubierto de tulipanes. Hoy también se ha marchado la madre de Javier Torres. Desde aquí le mandamos también nuestro cariño.

Es nuestra columna vertebral la que se desvanece cuando la que parte es la madre.

Ellas también siempre fueron flores que permanecieron abiertas.

Y seguirán permaneciendo.

11 DE MARZO

Ya sé que hoy es 12, pero ayer fue 11.

Pasé por Atocha , igual que hace dos años el día de antes y el día de después. En la zona de Cercanías, flores sobre las vías: hasta allí debía haber llegado uno de los trenes que no llegó. Ahora las flores son pisadas por las ruedas de los que sí que están llegando.

Me subo al tren. Hoy poca gente sonríe y habla en la estación. Llego a Barajas. Mi vuelo está cancelado por problemas técnicos. Como he llegado pronto, me meten en el anterior y problema solucionado. Me pregunto que habría ocurrido si hubiera llegado media hora más tarde. Llego puntual al aeropuerto de Amsterdam

Me tomo dos larguísimos tés de jazmín en el Gran Café del aeropuerto. Antes he comprado tres lápices de labios, que están más baratos que en España. También compruebo que el bolígrafo Montblanc que mi padre me ha regalado por mi cumpleaños cuesta aquí bastante menos. Tengo tres horas para mi té y para un pastel de manzana con pasas y canela. A mi lado, holandeses a la derecha, suecos a la izquierda. Los camareros, altos, muy atractivos, cuerpo de gimnasio, piel oscura, prototipo de los nuevos europeos. El otro día leí que la raza rubia desaparecerá dentro de pocos decenios. Las mujeres pálidas sólo serán las abuelas, las vírgenes de Bellini y las venus de Boticcelli.

Hay tormenta de nieve en Amsterdam y el vuelo se retrasa. EL efecto de mi "orfidal" se está pasando con tanto té y temo que me tenga que tomar otro. Lucho contra la tentación y aguanto sin él: al fin y al cabo, en el bolsillo también surte efecto. El avión recorre las pistas  durante un buen rato: me doy cuenta de que el aeropuerto de Amsterdam probablemente tiene más superficie que Teruel. Despegamos con viento y con nieve.

Noruega sigue blanca: el manto de nieve cubre parte de la verdad.

En casa hay flores.

No serán pisadas por ningún tren, pero también han llegado desde las ausencias.

Hay quince grados bajo cero y el sol convierte la nieve en una capa de diminutas estrellas.

TEATRO

Se estrena esta noche la ORESTIADA en el Teatro Principal de Zaragoza.

Es una de esas tragedias de principio a fin. El montaje vio la luz en Mérida, dirige Mario Gas, que también interpreta junto con Vicky Peña, Constantino Romero y Emilio Gutiérrez Caba.

Tuve la suerte de asistir a un curso de interpretación de verso clásico en Alcalá, en la escuela de Alicia Sánchez. El maestro era Emilio G. Caba.  El texto con el que trabajamos, Don Juan Tenorio.

Un gozo escuchar su voz, mirar sus manos, sus ojos, mientras dice el verso mejor que nadie. Un placer haber disfrutado de su magisterio. El Don Juan con él es mejor que el que concibió Zorrilla.

Hay actores que llenan el escenario antes de abrir la boca. Muy pocos.

Emilio es uno de ellos.