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AL ESTE DEL CANAL, blog de ANA ALCOLEA

PARÉNTESIS

Estoy en casa en un paréntesis extrahospitalario.

Escucho a Rolando Villazón, canta en este momento "Tombe degli avi miei", de Lucia de Lammemoor.

Pienso: mi vida sería muy diferente sin Verdi, sin Puccini, sin Donizetti.

Muy diferente. Sin esos desconocidos gracias a los cuales respiro un aire diferente, cuajado de las melodías por ellos compuestas.

Creadas hace años, cuando ellos no sospechaban  mi existencia, lejos en el tiempo y en el espacio.

Un día pasé por la casa donde murió Donizetti,en Bérgamo, esa ciudad tan cercana gracias a la Ryanair.

Y él nunca supo de mi audición, ahora mismo, del aria final de su Edgardo.

La vida tiene estas cosas mágicas.

También.

Menos mal.

CAMAS II

Hay camas que se mueven por diferentes motivos.

Casi siempre por motivos extraodinarios.

Estupendos o no.

Marcelle Auclair le contaba a Federico García Lorca que  Ignacio Sánchez Mejías  movía la cama con su dolor. Se agarraba a los barrotes para mitigar su sufrimiento, y el lecho iba y venía.

Federico no quiso verlo en aquellos momentos previos a la muerte. "Que no quiero verla", escribiría.

Las palabras de Marcelle Auclair inspiraron algunos de los versos del "Llanto".

Todo esto lo escribió Rafael Martínez Nadal en su libro sobre Federico.

Todo esto y mucho más.

Pero sobre camas, esto.

CAMAS

Hay camas que suben y bajan. Otras que no.

Las que suben y bajan pueden ser de dos maneras: manuales, con manivela. O electrónicas, con un mando como el de la tele, que acciona las subidas y las bajadas.

Hay camas que chirrían porque encima pasan cosas estupendas.

Cada vez chirrían menos porque los muelles van desapareciendo de las camas.

Otras chirrían porque encima han pasado cosas terribles, y parece que se duelen de tener que soportar quejidos nada placenteros.

Y otras cosas.

Son camas blancas, con ruedas, con protectores metálicos.

Una vez escribí un relato sobre una de ellas, dormí en una cama en una casa privada. La cama tenía ruedas y me inventé una historia sobre un soldado durante la guerra.

Hay camas que dan mucho de sí.

PASILLOS

Hay días en los que los pasillos son más largos de lo normal.

Algunos son grises, blancos, verdes.

Pero son muy largos.

Muy largos.

Gracias por vuestras palabras de ánimo.

Recomendación del día: disfrutadlo.

BLOG

Tal vez esté ausente de este blog durante unos días.

Razones familiares hospitalarias.

Mientras tanto, recordad los blogs amigos, enlazados ahí al lado.

Besicos.

LECTURAS

LECTURAS

Estación de El Pireo,

Grecia.

 

 

Llueve por la mañana. Ahora hay sol.

Cojo el paraguas y llueve tanto como para mojarme los pantalones.

Con el autobús paso junto a un jardín donde pasan los días y las noches un grupo de vagabundos. Los "sincasa". Así se llamaba antes un grupo de ropa de diseño "Homeless". Afortunadamente han cambiado el nombre. Nunca entré a sus tiendas: no se puede llamar "homeless" una cadena de ropas con sede en la calle Serrano de Madrid. O cerca de El corte inglés en Zaragoza. Los "sincasa" del jardín duermen sentados bajo un paraguas, y tienen ropas colgadas entre los árboles. Antes veían pasar los trenes: el jardín está junto a la antigua estación. Ahora no. Hay obras y tardarán trenes en pasar por esa superficie. Pero pasan por debajo. Tal vez la vibración de la tierra les recuerde mejores momentos. O tal vez no.

Asisto como jurado a un concurso de lectura en voz alta. Los chicos pasan nervios pero lo hacen muy bien. Leen a Machado, a Neruda, a Zorrilla, a Fernández Florez... a otros autores. Hay un grupo especialmente bueno: una dicción impecable, unas voces envidiables. Una selección de textos espléndida: Blas de Otero, Dámaso Alonso... Es muy difícil siempre elegir en un concurso con niños como participantes.

Cojo el bus de vuelta a casa. Adolescentes con música a tope, abuelas afortunadamente un poco sordas no la oyen. El 23 sube como una exhalación por la Avenida de San José. Llevo un libro sobre Aragón en mi bolsa, pesa mucho y no me entero del viaje. En mi bolso, poemas de Ángel  González y mi cuaderno, regalo de Luisa, con sus lunas y sus poemas, y mis anotaciones. Privadas. Muy privadas.

Me despojo de mis calcetines. Las plantas de mis pies están marrones. El zapato mojado las ha teñido.

Me pregunto por el color de los pies del hombre bajo el paraguas, en el jardín, junto a la estación.

Lleva días mojándose.

Y sin ver ningún tren.

 

Recomendación del día: Manuel Vilas presenta esta tarde, a las 8 en la Librería Cálamo de Zaragoza su libro de poemas Calor, VI Premio de Poesía Fray Luis de León. Con Resurrección obtuvo el Premio Jaime Gil de Biedma.

TELÉFONOS

TELÉFONOS

Myrull, lana de los pantanos,

en Joldahl, Trollheimen,

Noruega.

Ahí también pueden llegar.

 

 

Estoy harta de la señorita Carla, de la señorita Eva, de la señorita Marta.

Y del señor Eduardo, del señor Juan Manuel, del señor...

Todos llaman por teléfono con número oculto, al móvil y al fijo, a las 9 de la mañana cuando estoy en el autobús o en clase, a las 3 de la tarde cuando estoy comiento. A las 4 cuando intento dormir unos minutos. A las 9.30 de la noche cuando ceno, o escribo o estoy fuera con otras personas.

Llaman de Vodafone, de Tele dos, de Movistar, de Ya.com. Se meten en tu oreja, dentro o fuera de casa.

Prentenden venderte algo, a pesar de tu negativa.

Tienen voces amables e intentan, además, serlo.

Pero yo no. Les pido: "Por favor, borren ustedes mi nombre de la lista. No me llamen más. No me interesa. No me molesten".

En cambio, las llamadas más esperadas, o más deseadas, o más necesarias.

 Ésas se hacen esperar. O desear. Y  a aguantarse tocan.

Estoy harta.

Será la astenia primaveral.

AUTOBUSES

AUTOBUSES

Junto a los  Jardines de la Princesa

y la Kutubia, un autobús desde otro autobús.

En Marrakech.

 

 

Cojo el autobús para ir al instituto. Hay atasco dentro y fuera.

Los autobuses son fosas comunes: todos apretados en carne y alma, o todos apretados en hueso sin alma.

Como no puedo leer, miro dentro y fuera de la ventana.

En el autobús de las 9 viaja siempre un hombre que habla solo o con el de al lado. El que le toca hoy al lado es un hombre afable que le da conversación. Cuando se baja, habla con una abuela que lleva a un niño de la mano. El niño tiene una mochila de Disney y dos claveles en la mano. Presumo que va a colegio de monjas y que las flores son para María, por el mes de mayo.

La chica de atrás lleva música en el móvil y no le importa hacérnosla escuchar a todos. Otras veces es el conductor el que nos obliga a escuchar su música favorita a los sufrientes usuarios.

Llueve y los agentes organizan el tráfico. O no. Cuando llueve, más gente coge el coche en esta ciudad y no hay quien llegue a tiempo a ningún sitio. Un caos mojado.

En el semáforo, un hombre se parece a Alfredo Kraus y no lleva paraguas. Otro hombre va vestido con vieja ropa de camuflaje, gorra incluida. No es militar pero quiere parecerlo.

Hay paraguas de diseño, otros con el logotipo del Banco de Santander, otros plegables que vibran cuando la chica que se parece a mi sobrina pero no es camina.

La chica de mi lado masca chiclé con la boca abierta. El chico que está de pie a su lado es de los de antes: de los que gustaban de apretarse contra las caderas de las señoritas en el autobús. Lleva auriculares y también se oye su música desde mi donde intento no caerme.

Bajo del autobús: en la parada me espera el cartel que anuncia la nueva película de Indiana Jones. El photoshop hace que no haya envejecido: no hay apenas líneas de expresión en su rostro. Tras él, la calavera de cristal que da título a la nueva entrega.

Paso de la fosa común sobre ruedas a la fosa donde las calaveras, al menos, son de cristal, y las busca Indiana Jones.

Sigue lloviendo. Cuando llueve los muertos se revuelven en sus tumbas por la humedad. Al menos eso pasaba en Pedro Páramo, de Juan Rulfo, donde los muertos hablaban.

 

AGUA

AGUA

Fuente del Jardín de Majorelle,

en Marrakech.

 

 

El agua ha sido un tópico literario desde tiempo inmemorial. Formaba parte hasta de ese locus amoenus bucólico y pastoril del que mis alumnos de Bachillerato se examinarán mañana.

Los ríos que aparecían en la literatura eran de dos maneras: frescos y cristalinos, maravillosos, de los que surgían ninfas, invariablemente, rubias, de ojos y piel claras. Y sin líneas de expresión. Por supuesto.

O bien eran ríos de aguas oscuras, como el Leteo: al cruzarlo después de morir, uno se olvidaba ya de todo lo que había vivido. Aparecía, por ejemplo, en el soneto más hermoso de Quevedo: "nadar sabe mi llama la agua fría, y perder el respeto a ley severa".

O eran ríos que iban "a parar a la mar, que es el morir...", símbolos de la vida, de las vidas, en Jorge Manrique, tan elegíaco él. Y tan caballero.

Cuando yo era adolescente, allá por los años 70, el agua ya era motivo de disputa. También aparecía en letras de canciones, no sé si muy literarias o no. No entraré en eso. Yo las cantaba con mi guitarra, porque entonces nos daba por la canción que nos parecía de protesta. Y tanto cantábamos contra el trasvase del Ebro en letras del dúo aragonés"La Bullonera", como "Vientos del pueblo" de Miguel Hernández, como "El preso número 9" de Joan Baez. Me irrita especialmente recordar esta última: la letra es una terrible defensa de un asesino que ha matado a su mujer y al amante de ésta. Se cantaba entonces como símbolo de progresía. Los que tenéis mi edad, lo recordaréis perfectamente. Cada vez que me acuerdo de que yo la aprendí a cantar y a tocar con los profes más "progres" que tuve, me pongo de mala leche. Decía algo así como: "Los maté, sí, señor. Y si vuelvo a nacer, yo los vuelvo a matar. Padre, no me arrepiento, ni me da miedo la eternidad; yo sé que allá en el cielo, el juez supremo me ha de juzgar".

Qué asco. Y qué vergüenza.

Y lo del agua sigue igual. En mi perdida adolescencia se cantaba y se hablaba de trasvase.

Y se sigue hablando de trasvase.

Han pasado más de treinta años y seguimos con los mismos temas.

Menos mal que ya no cantamos sobre el trasvase.

Y que ahora los asesinos de mujeres son asesinos de mujeres, no héroes que justifican su actuación en una canción progre.

Porque, repito, aquella canción era consideraba muy progre. Lo más.

UN LUNES MÁS

UN LUNES MÁS

 

No es La Giralda, 

fue su modelo. 

Minarete de La Kutubia,

en Marrakech. 

 

 

He ido al instituto como cada mañana laborable.

La mayoría de los alumnos estaban tristes.

A veces, la alegría de una ciudad entera depende de la punta del pie de alguien. O de las manos de otro alguien.

Ya sé. Suena a reflexión erótica: a veces la alegría de alguien también depende de las manos de otro alguien, o de la punta del pie del mismo otro alguien.

Pero no. No me refería a eso: los chicos estaban tristes por el 2-2 de anoche en La Romareda. Los chicos y las chicas. Por el 2-2 y por los exámenes de esta semana.

Algunos rostros mostraban desolación, tristeza infinita.

Vengo a casa. Paso por "El corte inglés" y compro una sartén en la planta número 5. En la planta número 1 compro una crema reafirmante para el contorno de ojos. La dependienta me dice: "Eso no son arrugas. Son líneas de expresión. No tienes arrugas". Me voy muy contenta con mis cremas y correctores de ojeras.

No son arrugas. Son líneas de expresión.

No obstante, Adolfo Domínguez dijo hace tiempo eso de "La arruga es bella". Aforismo estupendo para no planchar y para admitir el paso de los años surcadores de rostros en forma de arrugas-pirata.

Vuelvo a casa y casi piso una hilera de hormigas junto al canal. Me gustan las hormigas. Me recuerdan tiempos idos de infancia en los Pinares de Venecia. (Se llaman así los pinares de mi barrio: explicación para los no maños. Debe de ser por el canal). Mañanas de domingo paseando, y haciendo casitas con las hojas secas de los pinos, las piñas, los piñones y dejando pasar a las hormigas por los pasadizos.

Desde entonces les tengo cierta simpatía.

CUMPLEAÑOS

CUMPLEAÑOS

Un pedacito de Torrero para decirte FELICIDADES, CARMEN.

Los árboles son los del canal y el cole está casi a la altura desde donde está hecha la foto.

Pasa un buen día ahí.

Desde Torrero, en Zaragoza, a Florida.

Con un gran abrazo y mi cariño.

 

DOMINGO

DOMINGO

Azulejos en las Tumbas Saadianas

de las reinas.

En Marrakech.

Flores, colores.

 Necesidad de belleza también más allá de la vida.

 

 

Día del Sol o del Señor, según las culturas y, por ende, de las lenguas.

Escucho en la radio hablar de las flores. Alguien cita a Meternnich, premio nobel belga.

Según él, nuestro concepto de la belleza sería muy diferente si no existieran las flores.

Probablemente tenga razón.

Si no existieran las flores, ni alguien hubiera inventado la música, la pintura.

Y sobre todo si alguien no hubiera empezado a mirar el mundo con otros ojos.

La belleza está en la mirada.

Radica en ser buscada.

Y la podemos encontrar en casi todo.

Sólo basta desearla.

La belleza es el deseo de belleza.

 

Recomendación del día: en YOUTUBE: las versiones del "Nessun dorma" de Turandot, interpretadas por:

  •  Jussi Bjorling, el gran tenor sueco. Es una versión melancólica, lenta, delicada. Probablemente la mejor de todos los tiempos. Cuando ensayaba en su cabaña de la costa sueca, se acercaba gente en yates para escucharlo desde el mar.
  • Franco Correlli, el gran tenor italiano. Es una versión más pasional, con imágenes un tanto ingenuas. Corelli tenía una voz maravillosa, y un físico muy atractivo. Le llamaban "el de los muslos bellos".

 

SÁBADO

SÁBADO

Otro sábado con lluvia.

En Atenas.

 

Día para ver cómo, por fin, llueve en Zaragoza. Agua sobre agua en el canal.

Día para escuchar el agua en la lavadora: ya van dos.

Día para tocar la ropa mojada y tenderla. Huele a jabón de Marsella y me gusta aspirarlo mientras coloco las ropas en el tendedor.

Día para limpiar el polvo con una bayeta de color violeta por un lado y amarillo por el otro. La compré minutos antes de ver al New York City Ballet, la llevaba en el bolso mientras veía y escuchaba el CASCANUECES. Así, cuando limpio el polvo me acuerdo de Tchaikovski y de los bailarines.

Día, para entre limpieza de cocina y baño, leo BABELIA. Hoy hay varios artículos sobre MUERTE EN VENECIA, la ópera de Benjamin Britten. Se estrena esta noche en el Liceo. La primera vez en España. Las fotos en EL PAÍS son bellísimas, como deben ser para ilustrar esa ópera. La novela de Thomas Mann habla de la belleza inalcanzable, ya imposible, del paso del tiempo, cuando uno ha probado la belleza ya no resta sino morir, se dice en uno de los artículos.

Como en la película de Visconti, con la música de Malher. Y como en esta ópera de Britten, mucho más difícil de escuchar, musicalmente. Hoy también será un día para escucharla en casa, con la lluvia de fondo.

Y para releer algún fragmento de la novela de Mann.

Y pensar en  momentos de belleza absoluta.

Eso sí, después de darle un repaso a la loza del cuarto de baño, de tender la ropa, de pasar el aspirador, de ordenar los papeles de Hacienda, de limpiar los cristales de las mesas, de sacar y ordenar los platos del lavavajillas: voilà mis trabajos menos preferidos.

Menos mal... También hay Mann, Malher, Visconti, Britten.

Y Verdi y Puccini...

Para un sábado.

CARICIAS

CARICIAS

Los jardines de La Menara, en Marrakech.

El sol de la tarde sobre el agua, sobre la piel.

Sin viento.

 

 

Del viento del sur, desde el Atlas.

De las monedas en las manos de los niños y de los mendigos ciegos en la Plaza Djaam al Fna.

De la tetera ardiente plateada mientras al otro lado del Café France se sienta Juan Goytisolo.

De las hojas de menta en el té.

Del té en la boca y luego en la garganta.

Del carmín hecho de arcillas y barros sobre los labios.

De la silla del Café France donde me siento al día siguiente y pienso si tal vez era la misma elegida por el escritor. Me siento en ella y deseo: "a ver si se me pega algo".

Del sol en mi piel, sobre una crema de protección de factor 90 en mi rostro, 60 en el escote y 30 en los brazos.

De las miradas, de los colores, de los aromas, de las voces, de los sabores, sobre mi cuerpo y sobre mi alma.

 

 Recomendación del día: esta tarde, a las ocho, LOS MÚSICOS DE SU ALTEZA con su director, Luis Antonio González, ofrecerán un concierto en la Iglesia de San Cayetano, en Zaragoza. Son maravillosos. Recuperan música antigua y la interpretan con rigor. Y con arte. No os lo perdáis. Será un regalo.

SABORES

SABORES

La señora Fátima preparando el té a la menta

en una casa bereber, en el Valle de Ourika,

en el Atlas.

En una de esas excursiones organizadas.

Tomé té y compré collares.

 

 

Sabores.

De naranjas recién exprimidas en la Plaza Djaal al Fna.

Del cus-cus con sus exóticas especias mientras veo a los bañistas de la piscina del hotel.

De las brochetas de pollo con salsas misteriosas mientras veo el minarete de la Koutoubia. De noche, iluminado.

De las hierbas, pétalos rojos y pepitas con sabor a  anís para refrescar la boca después de la cena. 

Del té a la menta servido en una tetera plateada. Con mucha azúcar, tal vez demasiada. A mí el té me gusta sin endulzar.

De los bollitos vendidos por niños de grandes ojos. No los compro, sólo les dejo las monedas y contemplo mis ojos en sus ojos. No hay tanta diferencia, pienso. Yo también fui una niña de ojos grandes.

Pero nunca pedí monedas con mi mirada y una cesta de bollitos en mis manos.

Hay sabores imposibles de olvidar. A pesar de no haberlos probado.

Hay sabores imposibles de olvidar. Por haberlos probado.

Hay miradas imposibles de olvidar.

Como los bollitos.

Como sus "grandes ojos fijos".

 

 

Recomendación del día: en YOUTUBE: Edith Piaf y Je ne regrette rien o La vie en rosa.

Mejor ambas, Hay varias versiones. Para temblar.

 

Vengo ahora del IES LUCAS MALLADA, en Huesca. Delicioso compartir parte de esta mañana con los alumnos y los profesores del centro. Es uno de esos lugares donde siempre me siento muy bien, con mi Carlota y esta vez también con mis gaviotas. Me regalaron "pajaritas" dulces, con chocolate. Muy ricas. Las "Pajaritas" son símbolo de Huesca, al profesor Ramón Acín le gustaba hacerlas de papel, y diseñó una pareja para la alameda.

Eso fue antes de ser fusilado durante la Guerra.

 

COLORES

COLORES

Colores en el Jardín de Majorelle,

en Marrakech. 

El jardín fue diseñado por él, y décadas después

rediseñado por Ives Saint-Laurent,

el mismo de los vestidos y los perfumes.

Y de las barras de labios.

 

 

Escribe Claudio Magris en El infinito viajar:

"Los colores son un alfabeto del mundo; no sólo el mar, el prado o el fuego, sino también los sentimientos, las palabras, las situaciones e incluso las ideas tienen sus colores".

Pasear por Marrakech también es pasear por un alfabeto de colores: los de las especias rojas para el cus-cus, verdes para la ensalada, los de las piedras volcánicas teñidas de colores imposibles convertidos en collares, los de las babuchas de seda, o raso, los de las chilabas, también de seda, raso, algodón, salpicadas de oro y plata.

Los colores de las buganvillas: mi madre siempre deseó tener una, pero el clima de estas tierras de Aragón no es propicio para algunos colores. Los colores de los olivos, verdes, grises, plateados. Las campanillas blancas, violetas, los geranios, los jazmines.

Las naranjas en los árboles o en los puestos de la plaza. O ya convertidas en zumo.

Los colores de las gentes: blancos, muy blancos, rojos turistas del norte con demasiadas horas en la piscina del hotel sin protección, tostados otros desde siempre, negros, hombres azules del desierto: sus ropas teñidas de un azul como el azulete de nuestras abuelas, impregnan su piel oscura, por eso los llaman los hombres azules.

La plata de las teteras. El verde de la menta en las teteras, o en el vaso. Depende del café donde te lo tomes.

El ocre de los minaretes, más dorado cuando el sol se va retirando.

Y el rojo de toda la ciudad, el color del adobe. Toda la ciudad es roja. La llaman "la Perla Roja del Sur": el rojo protege del calor. El sol es muy intenso: las casas no podrían ser blancas como en Andalucía. La luz cegaría a los habitantes, y a los viajeros. Incluso a los turistas.

En Marrakech hay muchos ciegos. Canetti  habla de ellos.

Yo también los vi.

 

Una recomendación ajena al post: en YOUTUBE, buscad "BARBARA, Ma plus belle histoire d´amour". En la traducción, eso sí, cambiad el "usted" por "ustedes", al menos al final: la canción está dedicada al público, no a una persona en particular. "Vous", en francés, ya sabéis. La canción es bellísima, y ver interpretarla a Barbara, un lujo, una belleza. Es una de mis canciones favoritas. La conocí gracias a mi amiga MariJo.

OLORES

OLORES

Algunas veces el olor está escondido

dentro de un color.

Como en las naranjas de los patios

del Palacio de Bahia, en Marrakech.

 

A las voces se unen los olores de la ciudad.

Todos tenemos un olor. O varios. Y las ciudades también.

Caminar por las estrechas callejuelas de Marrakech es caminar por un mercado de olores: el almizcle de las farmacias bereberes, la harissa, el curry, se mezclan con la gasolina en forma de humo de las motos que serpentean en el laberinto, y con los perfumes de las mujeres.

En la Plaza, el humo de las carnes asadas se codea con el té de gingseng, canela y cardamomo que no me deja dormir, y con el té verde a la menta que sí me deja dormir.

Las motos se dan la mano con las calesas, y el olor de la orina de los caballos se pasea con el de los tubos de escape. El caminante no debe sortearlos. Ellos lo hacen con pericia.

De los árboles y las flores de los cientos de jardines y patios emanan aromas, desconocidos algunos, viejos conocidos otros. No distingo ni azahares ni gardenias, pero sí jazmines, rosas, y ese perfume de un árbol que mi madre llamaba "del paraíso", y que me recuerda la primera vez que bailé, hace ya muchos años, en otro jardín, en otro lugar.

Hay olores que sólo se huelen. Y otros que también se ven. Los de Marrakech se huelen y se ven.

Y te impregnas de ellos, como de toda la ciudad.

Y te los traes a casa.

Al armario, por ejemplo, que ahora huele a almizcle.

VOCES

VOCES

Atardece en Marrakech

Las voces de Marrakech  es un libro de Elias Canetti. Forma parte de su obra autobiográfica y recoge sus impresiones de la Perla Roja del Sur, sobrenombre de la ciudad marroquí.

Pasear por la plaza de Djaam al Fna es volver a las páginas de Canetti.

Leer a Canetti es volver a las callejas del zoco y a la plaza de Marrakech.

Las letanías de los ciegos, los mendigos, los acróbatas, los danzantes, las flautas de los encantadores de serpientes, los cuentacuentos. Las risas de los espectadores. Las llamadas de atención al público, local, viajero, turista. Las llamadas a la oración desde los altavoces de las mezquitas, ora una, luego otra, mezcladas unas y otras.

Voces que no entiendo, como Canetti, pero que  forman una música única, irrepetible en cualquier otro lugar del mundo. Y como él, agradezco no entenderlas, para que formen parte de esa música sin letras, de esa babel en la que el sonido tiene sentido por sí mismo, sin necesidad de llegar a su significado. El triunfo de lo material, del significante (que habría dicho Saussure), sobre el significado.

El anciano contador de historias, con su rostro lleno de arrugas y sonrisas en sus ojos mientras cuenta. Su sonrisa contagia a los que lo entienden y a los que no. No importa lo que cuenta. Su voz es una cantinela que te atrae y que quieres seguir escuchando en cada arruga.

 Quedas atrapada en su voz como las serpientes en la melodía de los encantadores.

El encantamiento, el hechizo de las voces.

MAYO

MAYO

Una casa rota en Sarajevo

(Bosnia-Herzegovina)

No se rompió sola.

Casi nada se rompe solo.

 

Cuando estaba en el colegio de monjas donde pasé mi primera infancia, durante el mes de mayo las niñas debíamos llevar flores y cantarle a la virgen.

Decíamos algo así como "Con flores a María, con flores a porfía..." Yo no entendía el significado de "porfía", pero lo cantaba igual.

Entonces era así: decíamos palabras cuyo significado desconocíamos. Aprendíamos de memoria historias cuya realidad también desconocíamos.

La virgen estaba metida en un fanal, era minúscula, y el altar de plata repujada. O al menos así me parecía a mí.

El colegio se iba a hundir y lo tiraron. Esa fue una de las mejores noticias de mi primera infancia.

No por la virgen, ni el fanal. Por otras razones.

Siempre me pregunté a dónde habría ido a parar el altar de plata repujada.

Pero no se lo dije a nadie.

A veces decimos cosas y otras nos callamos.

A veces no entendemos palabras y otras veces escondemos sus significados.

Otras veces la posición de un adjetivo puede llevar a alguien a la hoguera: como le pasó a Miguel Servet y su tozudez.

Los adjetivos pueden ser muy peligrosos.

Ya veis.

 Y por cierto, buen puente a todos.

PRIMAVERA

PRIMAVERA

No es primavera. Es verano en

Joldalen, Trollheimen (Noruega)

 

Primavera.

Flores. Campos verdes.

Mucho polen. Picor de paladar. Algún estornudo.

Crema autobronceadora. Manchas en la piel: siempre es difícil la uniformidad.

Jalea real. Se me olvida casi todas las mañanas. Cuando me acuerdo ya es tarde y debo correr para coger el autobús.

Primavera.

Tiene colores, trae calorcito, perfumes varios.

Altera la sangre. O la desaltera.

A mí me trae  sueño. Mucho sueño.