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COSTAS

La costa noruega no se parece a ninguna otra: agreste, sin apenas árboles, llena de islas, de islotes, de faros, de casas rojas de madera, de cabannas, de barcos de todas las tallas...

También hay cementerios. Todos los cementerios de la costa recuerdan a los marineros muertos.

Hoy he visitado uno de ellos. En Stokøya, uno de los puntos más occidentales de la costa de esta región de Trøndelag, donde estoy.

En los cementerios noruegos no hay fotos. Creo que es así en general en los de religión luterana, pero no estoy segura. Sólo lápidas con nombres, fechas y con alguna frase. Y muchas flores de colores sobre la tierra. Las tumbas aquí son tumbas, y no colmenas en las que el cuerpo no vuelve a la tierra, sino a un agujero de cemento.

Aquí los cementerios tampoco se llaman cementerios, se llaman "jardines de la iglesia", kirkegård. El filósofo danés Soren Kierkegaard se apellidaba así, "cementerio". Y están alrededor de las iglesias.

El que he visto hoy estaba entre una iglesia blanca y el mar. Entre las lápidas, una con una fotografía, la de Robin, que me ha mirado desde su sonrisa de ninno de ocho annos, muerto quién sabe cómo y por qué. Su cara amable, simpática, sana y feliz no presagiaba que poco después fuera a irse debajo de la tierra, delante del mar junto al que vivió, y tal vez junto al que un día de 2003 murió.

Se llamaba Robin y sonreía. No sé nada más de él, pero su mirada y su sonrisa se me ha quedado dentro.

 

22/07/2009 20:44 ana alcolea Enlace permanente. sin tema


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