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DON JUAN VIII

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No es la estatua de Doña Inés.

Junto al río, en Praga, tal vez piensa en Casanova,

y no en Don Juan.

 

 

Acabo de llegar a mi casa después de la experiencia teatral. Luces en el escenario. Oscuridad en el patio de butacas. Lleno pero no se ve nada.

Y los lectores, leyendo.

Vamos Cristina, Charo y yo: Cristina interpreta a Brígida en el segundo acto, está estupenda, Charo es la abadesa al inicio del tercer acto, solemne, dice el verso de manera espléndida. Y yo, soy Lucía, la criada de doña Ana. Me lo he pasado muy bien con el personaje, breve pero muy simpático. He llevado mi vestido corto y negro con mariposas rojas. Si hubiera sido la abadesa habría debido cambiar de atuendo.

Mi don Juan, Santiago Gascón, también profe, escritor y compañero en  presentaciones de libros en Zaragoza. Me encuentro con Alba, esa criatura preciosa y buena actriz, con sus compañeros del Teatro de la Estación. Los chicos hacen unos donjuanes estupendos, dicen muy bien el verso. Ella es Ciutti. Y Cristina hija es Centellas. Siempre nos apuntamos más mujeres a estos menesteres. También hay miembros de la política, varones: nuestro viceconsejero y un guapo concejal. Magdalena Lasala lee la famosa réplica de doña Inés: "¡Callad, por Dios, oh, don Juan!", una doña Inés prudente y serena, como debe ser. Mi profesora durante cuatro años, y ahora colega en otro instituto de la ciudad, Gloria Villuendas, interpreta a Brígida en el acto cuarto. Me gusta mucho coincidir con ella en estas cosas. Y en otras.

Una experiencia estupenda, a pesar del pánico escénico antes de empezar a hablar. Cuando, junto a las bambalinas, sientes la posibilidad de salir corriendo. Entonces te encomiendas a los espíritus familiares, y el pánico se desvanece, como las sombras vanas de la segunda parte.

Juan Antonio, no sé si habrá grabaciones. Estaba la tele local y periodistas de la ciudad, y Luis Serrano hizo fotos. Dani, gracias por tus buenos deseos teatrales.

En fin, no he sido doña Inés, pero me parece a mí... Lucía se lo debía de pasar mucho mejor. La pobre doña Inés, garza enjaulada, mansa paloma, ángel de amor... no lo pasa nada bien: años y años en el convento, se enamora con una carta encendida, durante 5 minutos un señor le declara su amor. Luego el mismo señor coge y mata a su padre y  a otro señor, y encima se va y la deja sola. La pobre se muere de sentimiento.

No me extraña.

 

 

02/11/2008 00:03 ana alcolea Enlace permanente. sin tema


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