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LUZ DE VÍSPERAS

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Casas modernistas en el barrio hebreo

de Praga.

 

 

Escucho la ópera LAKMÉ sentada en el sofá. Llueve y hace frío al otro lado de las ventanas.

Leo las primeras páginas de LUZ DE VÍSPERAS, la recién publicada  y largamente deseada novela de Mauricio Wiesenthal.

Las leo despacio, absorta. Paseo por sus palabras como de la mano de un mago.

Las palabras me llevan a Praga, al barrio judío, a las colinas de Malà Strana, a las calles recién paseadas. La realidad y la ficción se me confunden, y ya no sé si paseé más de verdad la ciudad hace tres semanas o si lo estoy haciendo ahora, cuando mis ojos me introducen dentro del papel, y como Alicia al otro lado del espejo, vivo una vida paralela, fundida ya la realidad y la ficción. La realidad y el deseo, al fin y al cabo.

Sigo leyendo. Enseguida las palabras de Mauricio me llevan hasta Venecia, donde las góngolas se convierten en brillantes y negros zapatos de charol deslizándose sobre la laguna. A esa Venecia donde  Carlota y  Regina podrían pasear junto al Gran Canal.

Y ahí estoy en estos momentos, mientras llueve sobre el canal, bajo mi ventana.

Leyendo despacio, para alargar el hechizo de la lectura, el hechizo de la "luz de vísperas".

Un hechizo, un regalo lleno de sorpresas. Desde la primera página.

Un regalo, sí. Esta novela es un regalo. Gracias por cada página, Mauricio.

Y por la dedicatoria.

 

02/11/2008 19:21 ana alcolea Enlace permanente. sin tema


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