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MEDALLONES

Ayer fue un día de medallones.

El medallón perdido cumplió su undécima edición en siete años. Me da muchas alegrías esta criatura, escrita de profundis. Cuando la escribía, después de una tragedia familiar llena de dolor y de lágrimas, no sospechaba todos sus efectos colaterales. Si alguien me lo hubiera dicho entonces, no lo hubiera creído. Aun ahora, me cuesta creerlo cuando me paro a pensarlo.

A veces, una se para y piensa.

Pero el día de ayer me deparó otra sorpresa en forma de medallón: Z. me regaló un colgante en forma de granada con un círculo de eternidad. Un símbolo armenio, de donde viene Z. y el precioso medallón, ahora colgado de mi cuello. Un medallón armenio acompañado de mermelada de rosas, hecha por su abuela.

En El medallón perdido aparece el jarabe de rosas, según una receta italiana de mi madrina: los mismos ingredientes y la misma técnica llegan de Armenia y se juntan ahora en mi frigorífico y sobre mi pecho.

Me fascina la mezcla de objetos, de lugares lejanos, regalos de personas desconocidas entre sí, y unidas de repente en el ámbito de una tercera persona. El otro día me ocurrió con una taza y una tetera llegadas de Japón hasta mí, como regalos de personas muy especiales para mí y  _ue, por fin, tuve juntas en mi mesa.

Y ahora, la mermelada de rosas y el medallón: Armenia, Italia, África... en mi casa de Zaragoza.

La vida nos hace regalos mágicos muchas veces.

Me siento muy privilegiada con ellos.

 

05/09/2008 23:08 ana alcolea Enlace permanente. sin tema


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