ABBA
Cuando ABBA ganó el Festival de Eurovisión casi nadie tenía televisión en color. En mi calle sólo la familia más "pudiente" tenía uno. A la mañana siguiente todos nos habíamos quedado con aquella música pegadiza de "Waterloo", pero nos habíamos tenido que conformar con ver los trajes del cuarteto sueco en blanco y negro.
Fue entonces cuando la dueña del bar de mi calle nos contó que ella también lo había visto a color, y que la rubia Agneta llevaba un combinado en azules, con rasos y telas brillantes, y que el conjunto de la menos rubia Frida era en tonos ocres, naranjas y marrones. Las faldas que ahora están de moda tienen mucho que agradecer a aquella falda de diferentes texturas de la cantante de ABBA. Los que no teníamos tele en color nos tuvimos que esperar a las revistas de papel couché para ver aquellos vestidos estrambóticos, rompedores, llenos de alegría y de color.
Algunos, los que querían y no podían. Bueno, en el fondo, todos queríamos y no podíamos, pero algunos intentaban querer más que otros. Bueno, quería decir que algunas familias ponían sobre su pantalla televisiva una especie de filtro de color: era una película de algo parecido al papel de celofán, transparente, de colores. Al mirar la tele, se veían colores a rayas horizontales: daba igual que a las caras les tocara la franja azul, y a los pantalones del presentador el color naranja. El caso era que la tele tuviera color.
En mi casa nunca hubo de aquello. Seguimos viendo la televisión en blanco y negro hasta otra Eurovisión. Los primeros trajes de color que recuerdo fueron los de un grupo alemán que cantó una canción sobre Gengis Khan. No sé si ganaron o no. Me acuerdo de sus ropas, que eran pura fiesta, y de la melodía, casi tan pegadiza como la de WATERLOO.
Hace ya años que no he vuelto a ver Eurovisión.
Desde hace un tiempo dan ganas de vomitar.
Los de Eurovisión, quiero decir.




