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AL ESTE DEL CANAL, blog de ANA ALCOLEA

UNA HISTORIA MÍNIMA DE JAVIER TOMEO

Una HISTORIA MÍNIMA de JAVIER TOMEO  es siempre una historia MÁXIMA.

 

Como soy un desastre en muchos sentidos, no encuentro la edición en castellano original. La he prestado a alguien, pero como nunca me apunto a quién dejo mis libros, pues no sé quién la tiene. Estará en buenas manos, seguro... En cualquier caso, tengo la versión en aragonés, traducida por Luis Hortas.

      

Voy a hacer una traducción de la traducción.

Dios y Tomeo me perdonen.

 Pero es que quiero compartir con vosotros una de esas maravillosas historias que nos ha dejado Javier Tomeo. Como escribí el otro día, fue mi primer padrino. Él presentó mi primera novela cuando no me conocía nadie en ningún lado. Y nunca se lo pude ni se lo podré agradecer lo bastante.

 

 

Bueno, habéis tenido suerte. Me acaba de llamar mi amiga Susana, que, por supuesto, sí tiene el libro, y me lo ha dictado por teléfono. Así que vais a leer el texto de verdad, el que escribió nuestro querido y recién fallecido JAVIER TOMEO. El texto es una joya literaria, breve, esencial, tremendo.

El juego de la ficción y de la realidad en el estado más puro. Una escasa página para escribir tanto. Y de tanto.

De todo. Del todo.

Descanse en paz Javier Tomeo, al que le damos las gracias por tantas cosas.

 Ahí va la HISTORIA MÍNIMA XXIV:  

HISTORIA XXIV

Aldea y páramo. Sol de ocaso. Padre e hijo están sentados en la linde del camino que conduce al cementerio. Sobre la tierra húmeda, los gusanos avanzan gracias a las contracciones de una capa muscular subcutánea.

HIJO: Padre.

PADRE: Dime.

HIJO (Alargando el brazo y señalando el horizonte): Mira aquel molino.

PADRE: ¿Dónde ves tú un molino?

HIJO: Allí.

PADRE: Aquello no es un molino, hijo.

HIJO: ¿Qué es, entonces?

PADRE: Un gigante.

HIJO: ¿Un gigante?

PADRE: No hay duda. Fíjate bien. Ahora está quieto, oteando el paisaje. Pero dentro de un momento se pondrá  a caminar y a cada zancada avanzará una legua.

HIJO (Tras un intervalo de silencio): Padre.

PADRE: Dime.

HIJO (Con voz compungida): Yo no veo que sea un gigante.

PADRE: Pues lo es.

HIJO: ¿Un gigante con puertas y ventanas? ¿Un gigante con tejas y aspas?

PADRE: Un gigante.

HIJO (Tras una pausa): Padre.

PADRE: Dime.

HIJO: Yo solo veo un molino.

PADRE: ¿Cómo? ¿Un molino?

HIJO: Sí, un molino. El mismo de siempre.

PADRE (Con voz grave): Tomás.

HIJO: ¿Qué?

PADRE (Volviendo lentamente la cabeza y mirando en derechura a los ojos del hijo): Me preocupas.

Silencio. Padre e hijo permanecen inmóviles sin cambiar ya más palabras. Llega por fin la noche y la luna se enciende.

 

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