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24

El 24 de septiembre es una fiesta que solíamos celebrar en casa. Mi abuela se llamaba Mercedes. Le pusieron ese nombre por la reina Mercedes, la de los romances y cantares, la que murió a los 18 años sin descendencia, la primera esposa de Alfonso XII, la bella damita sevillana que trocó claveles por nardos en sus mejillas, como cantaba doña Concha Piquer.

A mi madre también le pusieron Mercedes. Nació un año antes de que estallara la guerra, y mi abuela la envolvía en mantitas para bajarla al "caño" cuando se oían las sirenas que anunciaban los bombardeos. Mi abuela siempre decía que si mi madre hubiera nacido un poco después, o si hubiera tenido otra hija, le habría puesto el nombre de Paz. Y sus ojos se humedecían cuando recordaba aquellos pensamientos. Y sus ojos no se humedecían fácilmente.

A mí también me tocaba el nombre familiar. Pero el destino quiso que mi madre eligiera como mi madrina a una amiga italiana que no se llamaba, no se llama, Mercedes, sino Anna. Por eso mi primer nombre es Ana, aunque el segundo es Mercedes, como mandaba la tradición de la estirpe femenina. Aún tengo un tercer nombre, alguno de vosotros lo conocéis. Otros no.

Antes celebrábamos este día en mi casa.

Ya no.

 

24/09/2008 12:22 ana alcolea Enlace permanente. sin tema


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