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ROCÍO

Hace varios años fui a una boda en Sevilla. Ella era una de las invitadas.

Después de la comida que casi fue cena, alguien le pidió que cantara. Pasó a mi lado para entrar en el círculo de sillas que se había formado y donde se tocaban palmas y se bailaba. No había guitarras en ese momento, ni violines, ni trompetas. Sólo su voz. No hacía falta nada más.

Se arrancó por bulerías enfundada en su traje de chaqueta de ceremonia diurna. Le cantó a la novia. Y al novio. A capella. Los demás la escuchamos. Nos emocionamos.

Tuve esa suerte, la escuché cantar a menos de dos metros, sentada en una silla que compartí en ese momento con otro de los invitados, buen amigo de ella.

   - Nunca la había oído en directo -le dije.

   - No hay otra como ella -me contestó -Es una maravilla.

Me puso los pelos de punta aquella bulería cantada a capella por la Jurado.

Han pasado varios años y los novios ya se han divorciado.

Pero queda aquella voz, sus gestos, el movimiento de sus manos.

Fue un pedazo de arte en el tiempo.

Una fortuna haberlo compartido.

01/06/2006 22:21 ana alcolea Enlace permanente. sin tema


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