Istanbul II
Llevo más de media hora escribiendo el comentario de hoy y cuando lo he ido a publicar se ha desconectado Internet por su cuenta. El caso es que no le he guardado en ningún sitio y toda la energía de mis neuronas se han gastado en lo que había escrito.
A veces pasan esas cosas.
Hablaba del Palacio de Totkapi, del libro de Wiesenthal en el que habla de sus paseos por las estancias prohibidas, de mi visita rodeada de turistas, que no viajeros, de que me habría encantado deambular por cada rincón sin tener a mi alrededor gentes con cámaras fotográficas,camisetas de tirantes y pantalones cortos. También hablaba del harén y de las cartas de una lady inglesa del siglo XVIII que decía que las mujeres turcas eran las más libres del mundo porque llevaban un velo que les permitía ir por la calle sin ser molestadas. Y de la película protagonizada por Maximilian Schell y por Melina Mercouri en la que quieren robar la daga de las tres esmeraldas. Y de que he visto esa daga, y un diamante del tamanno de un huevo (de gallina pequenna), y un trono de oro cuajado de piedras preciosas, y unos candelabros más altos que yo también de oro y lleno de diamantes.
Y pienso que el sultán, que apenas salía del palacio para que su aureola de persona casi divina permaneciera, coleccionaba mujeres y joyas como los turistas coleccionan fotos, museos y palacios. Como los cromos. Porque en algo hay que estar entretenido en la vida. Jaulas de oro para algunos. De papel para otros.
Cromos, al fin y al cabo, para todos.
De eso había escrito.
A veces pasan esas cosas.
Hablaba del Palacio de Totkapi, del libro de Wiesenthal en el que habla de sus paseos por las estancias prohibidas, de mi visita rodeada de turistas, que no viajeros, de que me habría encantado deambular por cada rincón sin tener a mi alrededor gentes con cámaras fotográficas,camisetas de tirantes y pantalones cortos. También hablaba del harén y de las cartas de una lady inglesa del siglo XVIII que decía que las mujeres turcas eran las más libres del mundo porque llevaban un velo que les permitía ir por la calle sin ser molestadas. Y de la película protagonizada por Maximilian Schell y por Melina Mercouri en la que quieren robar la daga de las tres esmeraldas. Y de que he visto esa daga, y un diamante del tamanno de un huevo (de gallina pequenna), y un trono de oro cuajado de piedras preciosas, y unos candelabros más altos que yo también de oro y lleno de diamantes.
Y pienso que el sultán, que apenas salía del palacio para que su aureola de persona casi divina permaneciera, coleccionaba mujeres y joyas como los turistas coleccionan fotos, museos y palacios. Como los cromos. Porque en algo hay que estar entretenido en la vida. Jaulas de oro para algunos. De papel para otros.
Cromos, al fin y al cabo, para todos.
De eso había escrito.
03/08/2005 20:15 Enlace permanente. sin tema




